Illa paga la retórica separatista en un curso de verano en el sur de Francia

Francisco Espiñeira Fandiño
Francisco Espiñeira LA SEMANA POLÍTICA

ACTUALIDAD

Puigdemont, durante una conferencia en el sur de Francia en unas jornadas pagadas por la Generalitat de Illa.
Puigdemont, durante una conferencia en el sur de Francia en unas jornadas pagadas por la Generalitat de Illa. Glòria Sánchez | EUROPAPRESS

Los guiños a los independentistas no bastan para rebajar sus amenazas

24 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

El perfil de Salvador Illa hace que haya pasado casi desapercibido el penúltimo despilfarro de la Generalitat catalana mientras ataca las rebajas de impuestos de otras comunidades y reclama el privilegio de romper la caja común con una financiación singular en la que prime el principio de ordinalidad para dejar a los más pobres con menos recursos. El peaje, 271.000 euros por una semana de charlas en una supuesta universidad de verano en el sur de Francia —Cataluña Norte en la retórica separatista—, no ha servido para aportar nada nuevo al futuro de los catalanes y sí para darles un altavoz pagado con el dinero de todos a los más ultras del independentismo para seguir atacando a España.

Por la localidad de Prada apenas ha habido unas decenas de personas. Pero no han faltado, pagados con dinero público aportado por el PSC de Illa, Carles Puigdemont, que aprovechó para recordarle al propio presidente catalán y a Pedro Sánchez la larga lista de asuntos pendientes con él; Oriol Junqueras, que siguió una línea de discurso similar a la de su antiguo aliado para pedir más dinero; Quim Torra, con su enésimo ataque rozando la xenofobia a España; y el presidente del Parlamento catalán, Josep Rull, entregado al plan de conseguir un perfil propio por si algún día Puigdemont se cansa del exilio y decide dejar la política.

Además de los 271.000 euros de la fiesta, el PSOE salió el martes a confirmar que en septiembre se acelerará la condonación de la deuda pactada hace meses con Esquerra, uno de los reproches de Junqueras, que tampoco ahorró críticas a María Jesús Montero, a la que señaló como un obstáculo para negociar los nuevos Presupuestos por su condición de candidata en Andalucía.

En paralelo, Junts, cuyos siete diputados son clave para cualquier movimiento político en el Congreso, lanzó una serie de entrevistas a Jordi Turull, el guardián de Carles Puigdemont Pirineos abajo. Sus palabras sonaron a lo de siempre, a órdago. «Si Sánchez no cumple, habrá un cambio estructural en nuestras relaciones», dijo poniendo el foco en la oficialidad del catalán en la UE, que no depende del presidente socialista, y la creación de la Hacienda catalana.

Sin interlocución

Contactos con el PP. La amenaza empieza a ser como la del cuento del lobo. Nadie le da credibilidad. En el entorno de Miguel Tellado, el número 2 de Alberto Núñez Feijoo, no se oculta la existencia de algunas vías de contacto con Junts para asuntos puntuales en el Congreso, para disgusto del sector más radical de los populares, el que comanda Cayetana Álvarez de Toledo, ahora recuperada por la dirección del PP, con el portavoz en Cataluña Alejandro Fernández. «Tarde o temprano se darán cuenta de que el PSOE y Sánchez, además de mentirles, les llevará a la ruina política como han hecho con otros aliados», sugieren entre los más cercanos al jefe de la oposición.

Con todo, la amenaza de la moción de censura sigue siendo ilusoria. «Si hay adelanto electoral, será porque la corrupción entra aún más adentro del corazón del PSOE y del propio sanchismo o porque puedan ver una ventana de oportunidad. ¿Los incendios? Ahí han vuelto a quedar retratados con el que quiera algo que lo pida», añaden las mismas fuentes.

Vuelta al trabajo

Una semana complicada. Aunque Sánchez tiene intención de seguir en La Mareta algunas horas más, los partidos políticos ya han comenzado a desperezarse. El PP ha activado el Senado y está semana hará pasar por su estrado para que justifiquen su papel en los incendios a los ministros Margarita Robles, Sara Aagesen, Fernando Grande-Marlaska y Luis Planas. Sí, Luis Planas, ese titular de Agricultura al que no se le ha visto en ningún incendio, pese a afectar de lleno a su departamento, y al que nadie le pregunta dónde estaba de vacaciones mientras España se quema.