Cadena perpetua para la mujer que mató con setas venenosas a los padres y la tía de su exmarido
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La australiana Erin Patterson, de 50 años, tendrá que cumplir su condena por un período mínimo de 33 años de prisión sin posibilidad de libertad condicional
08 sep 2025 . Actualizado a las 17:51 h.La australiana Erin Patterson ha sido condenada a cadena perpetua por asesinar a los padres y la tía de su exmarido mediante la ingesta de setas venenosas y a otros 25 años de prisión por haber intentado asimismo deshacerse de su tío con este mismo método durante una comida familiar a la que también estaba invitado su exesposo, que no acudió. La sentencia obliga a la mujer de 50 años a cumplir su condena por un período mínimo de 33 años de prisión sin posibilidad de libertad condicional.
El juez del Tribunal Supremo de Victoria, Christopher William Beale, afirmó que el jurado «no se creyó la vaga historia sobre una compra en una tienda asiática» relatada por la acusada, que calificó como «una mentira». También subrayó que, aunque la posibilidad de rehabilitación es un elemento a tener siempre en cuenta, en el caso de Patterson su relevancia queda relegada «a un segundo plano» por la extrema gravedad de los crímenes cometidos y al hecho de que hubiera «una premeditación sustancial».
La cadena perpetua se daba ya por hecha. Faltaba saber si el juzgado atendería la petición de la defensa de establecer un plazo mínimo para que pudiera optar a salir de prisión en la vejez. Se fijó finalmente en 33 años. El juez advirtió de que, además de la gravedad de los hechos, influye también en su decisión la notoriedad del caso, por la intensa cobertura mediática, así como los proyectos editoriales y audiovisuales —libros, documentales y series de televisión— que hay ya en marcha. «Es probable que siga siendo una prisionera notoria durante muchos años y, como tal, puede representar un riesgo significativo frente a otras reclusas», le señaló el magistrado para justificar las dificultades que prevé para su plena integración en la población carcelaria común. Ha avanzado, por ello, que la mujer, que ha estado separada del resto de prisioneras en los últimos 15 meses, existe «existe una gran probabilidad de que, para su protección, continúe en régimen de aislamiento durante los próximos años».
Tras la sentencia, Patterson, que no mostró gran emoción durante la misma, fue escoltada fuera de la sala del tribunal y trasladada de nuevo al centro penitenciario femenino Dame Phyllis Frost, donde deberá cumplir su condena.
Un banquete letal
Los hechos sucedieron el 29 de julio del 2023, cuando la condenada organizó una cena a la que asistieron sus exsuegros, Don y Gail Patterson, ambos de 70 años; la hermana de Gail, Heather Wilkinson, de 66, y el esposo de esta, Ian Wilkinson. También el exesposo de la anfitriona, Simon Peterson, con el que tiene dos hijos en común, estaba invitado, pero no llegó a acudir.
La organizadora preparó uno de los platos que hacía su madre en ocasiones especiales: el solomillo Wellington, consistente en una tira de buey cubierta por setas y hojaldre, acompañado de puré de patatas y judías. Preparó la carne, usó varias especies de hongos que tenía en su despensa y, cuando terminó de preparar su plato estrella, sirvió las raciones individuales a sus comensales. Charlaron durante unas horas y, tras el encuentro, se despidió de los asistentes a la cena y limpió la cocina.
Los efectos fueron devastadores. Tras encontrarse gravemente enfermos después del banquete, los cuatro invitados acudieron al hospital. Los padres de su exmarido y su tía fallecieron y solo uno sobrevivió, Ian Wilkinson, tras meses en el hospital y un trasplante de hígado. Como único testigo con vida de la cena, declaró que la mujer había comido durante la cena en un plato de color tostado, diferente a los del resto de comensales, que eran grises. También sostuvo que Erin se negó en todo momento a que sus invitados la ayudaran a emplatar la comida y se mostró reacia a mostrarles su despensa.
El informe toxicológico confirmó que la mujer había empleado uno de los hongos más letales, amanita phalloides, como ingrediente del solomillo.
En un primer momento, negó los hechos, asegurando que había utilizado setas deshidratadas adquiridas en una tienda de alimentación asiática, aunque posteriormente apuntó a que en su despensa podía haber también otros tipos de hongos. «Ahora que lo pienso, quizás tenía también algunos que había recolectado yo», explicó sobre esas setas, que ella identificó como «especies salvajes» que había recogido en los alrededores de una de su vivienda en el 2020 y que ella misma había secado con un deshidratador de alimentos para mezclarlos con los comprados en la tienda. Quería «incluir más sabores» en sus comidas, se justificó.
La condenada confesó que, durante esa cena, había comido poco. «Quizás un cuarto, o un tercio, algo así», confirmó, escudándose en que se pasó la mayor parte de la comida hablando del supuesto cáncer de ovarios que le habían detectado, que resultó ser falso. Asegura que se lo inventó intentar congraciarse con su familia política, siete años después de su separación de su marido, para que así la ayudasen con sus niños mientras ella se sometía a una cirugía de baipás gástrico.
El único superviviente de la cena, Ian Wilkinson, que hasta este momento permaneció al margen de los medios de comunicación, se pronunció al término del juicio, agradeciendo a la Policía del estado de Victoria su «investigación profesional, eficiente y eficaz». «Han sacado a la luz la verdad sobre lo que ocurrió con la muerte de tres buenas personas», ha afirmado. Y ha agradecido a los servicios sanitarios que atendieron a él y a su esposa en el hospital.