Cuidado con la geoingeniería polar

La Voz MADRID / EUROPA PRESS

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Una nueva evaluación concluye que las propuestas que se están considerando podrían hacer más mal que bien

14 sep 2025 . Actualizado a las 09:23 h.

Es poco probable que las ideas de geoingeniería beneficien a las regiones polares y, además, podrían perjudicar los ecosistemas, las comunidades, las relaciones internacionales y la posibilidad de alcanzar las cero emisiones netas para el 2050. Es la conclusión de una nueva evaluación, publicada este mes en la revista Frontiers in Science, que analizó cinco de las propuestas más desarrolladas que se están considerando actualmente para su aplicación en la Antártida y el Ártico.

Las regiones polares albergan comunidades y ecosistemas frágiles, así como el 90 % del hielo mundial. Para abordar los impactos del cambio climático, se han propuesto varios enfoques tecnológicos de geoingeniería, cuya instalación y mantenimiento costarían miles de millones, pero reducirían la presión sobre los responsables políticos y las industrias con uso intensivo de carbono. Estos son los proyectos sugeridos:

Inyecciones de aerosoles estratosféricos (SAI): liberación a la atmósfera de partículas que reflejan la luz solar, como aerosoles de sulfato, para reducir el efecto de calentamiento solar.

Cortinas o muros marinos: estructuras flexibles y flotantes ancladas al lecho marino para evitar que el agua caliente llegue a las plataformas de hielo y las derrita.

Gestión del hielo marino: bombeo de agua de mar sobre el hielo marino para espesarlo artificialmente o dispersión de microesferas de vidrio sobre el hielo marino para aumentar su reflectividad.

Extracción de agua basal: bombeo de agua subglacial desde debajo de los glaciares para ralentizar el flujo de las capas de hielo y reducir la pérdida de hielo.

Y fertilización oceánica: adición de nutrientes como el hierro a los océanos polares para estimular la proliferación de fitoplancton, criaturas microscópicas que atraen carbono a las profundidades oceánicas al morir.

«Estas ideas suelen tener buenas intenciones, pero son erróneas —valoró el autor principal de la evaluación, el profesor Martin Siegert, de la Universidad de Exeter (Reino Unido)—. Implementar cualquiera de ellas probablemente perjudicaría a las regiones polares y al planeta. Hay que abordar la causa en lugar de los síntomas para poder restaurar la salud del clima».