El trumpismo espolea la influencia de la religión en la política de EE.UU.

ACTUALIDAD · Exclusivo suscriptores

CAROLINE BREHMAN | EFE

El nacionalismo cristiano se expande pese a la primera enmienda

29 sep 2025 . Actualizado a las 14:24 h.

El funeral del activista conservador Charlie Kirk ha desatado estas últimas semanas en Estados Unidos un fervor cristiano y una avalancha de contenido religioso en redes sociales, con el presidente Donald Trump refiriéndose a la necesidad de un «despertar espiritual» en el país. «He hablado más de Jesucristo en las pasadas dos semanas que en toda mi carrera en la vida pública», admitía también el vicepresidente, JD Vance, asegurando que normalmente solía sentirse incómodo hablando de sus creencias.

Muchos analistas van más allá, y consideran que el funeral de Kirk, asesinado a tiros el pasado 10 de septiembre, no fue el inicio de ese despertar religioso, sino su confirmación y, de paso, la certificación de que el vínculo entre política y la religión ha crecido exponencialmente en la última década en el país, espoleado por el movimiento Make america great again (Maga) de Trump.

Esa interacción no es, eso sí, algo ajeno a la cultura política estadounidense, paradójicamente una nación pionera, a través de la primera enmienda a su Constitución, en establecer como ley la libertad de credo.

Aunque el vínculo se debilitó durante el siglo XX —salvo en la presidencia de Ronald Reagan de los 80—, siempre ha sido muy fuerte y además se ha expresado en diversos ámbitos de la política, no solo en la esfera del hombre rural blanco, sino también con el movimiento por los derechos civiles del reverendo Martin Luther King y con Malcolm X, defensor de los derechos de los afroamericanos a través del islam suní como contraposición al «cristianismo blanco».

Por esa época, a mediados de los 60, comenzaron a proliferar los telepredicadores evangélicos como Pat Robertson y su Christian Broadcasting Network. Abogaban por una mayor implicación de la religión en la política —Robertson llegó a competir en las primarias republicanas, perdiendo contra Mitt Romney en el 2012— y han acabado siendo referencia para quienes propugnan lo que ha sido denominado ahora como el nacionalismo cristiano, es decir, la unión entre religión y política.

Quienes han estudiado ese auge coinciden en relatar que el punto más bajo en la moral de quienes defienden una mayor defensa de las ideas religiosas en EE.UU., un país donde el 40 % de la población se define como protestante, fue en el 2015, después de que el demócrata Barack Obama ganase por segunda vez la presidencia.

La aparición de Trump en escena fue como un bálsamo. El magnate planteó un altavoz mutuo y cuando alcanzó la presidencia se rodeó de pastores evangélicos en muchos de sus actos. El primer mandato del republicano dejó como herencia una mayoría conservadora en el Tribunal Supremo, tras el nombramiento de tres jueces, muy celebrada por las congregaciones que lo apoyan y que durará décadas.

El «cinturón de la Biblia»

Sus efectos se plasmaron en el 2022, cuando los magistrados fallaron que el aborto no era un derecho constitucional —lo fue durante casi medio siglo— y dejaron a los estados la posibilidad de legislar en contra, como ha sucedido en la práctica totalidad del «cinturón de la Biblia» formado por nueve estados del sur del país fervientemente religiosos.

Sobre el nacionalismo cristiano, un término hasta hace muy poco prácticamente tabú en el país, se han pronunciado a favor trumpistas tan destacados como la congresista Marjorie Taylor Green. «No hay nada malo en ello», señaló. Y apuntó que además acabará con la «inmoralidad sexual».

Se están además expandiendo entre la población quienes abogan por el denominado «Mandato de las siete montañas» para Estados Unidos. Esta es una ideología evangélica que reclama que la iglesia domine siete sectores claves del Estado, como la familia, la religión, la educación, los medios, artes y entretenimiento, los negocios y el Gobierno