¿Por qué Hamás ha aceptado tan fácilmente el plan de Trump?

Miguel-Anxo Murado
Miguel-Anxo Murado EL MUNDO ENTRE LÍNEAS

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El humo se eleva sobre la plaza Al Saraya tras un ataque aéreo israelí este lunes sobre  la ciudad de Gaza.
El humo se eleva sobre la plaza Al Saraya tras un ataque aéreo israelí este lunes sobre la ciudad de Gaza. MOHAMMED SABER | EFE

07 oct 2025 . Actualizado a las 12:41 h.

La rapidez con la que Hamás ha aceptado el plan de paz de Donald Trump para Gaza ha cogido por sorpresa a muchos, especialmente a los activistas propalestinos de Occidente y a la extrema derecha israelí, aunque sea por razones distintas. Para quienes conocen el estado de la organización, en cambio, no es tan llamativo. De los cerca de 70.000 palestinos muertos en estos dos años de feroz campaña militar israelí, unos 20.000 serían combatientes (la primera cifra es de Hamás y la segunda de Israel, pero ambas son verosímiles). La organización islamista ha conseguido reclutar ya otros tantos, pero no hay comparación posible. Los milicianos que han muerto estaban organizados en brigadas disciplinadas y cuidadosamente entrenadas a lo largo de años, dotadas con material militar sofisticado procedente en su mayor parte de Irán. Los nuevos carecen de ese entrenamiento y ese material.

Por otra parte, los rehenes han dejado de ser útiles para Hamás. Ya fuese su intención utilizarlos para provocar la invasión de Gaza y así poder enfrentarse directamente al Ejército israelí, ya fuese frenar esa invasión (ambas hipótesis son viables), el caso es que lo primero ya ha sucedido y lo segundo no sucederá. El intercambio de presos por rehenes que promete el plan de Trump es la última oportunidad que se le presenta a Hamás de rentabilizarlos para sus intereses.

Pero, al margen de la debilidad militar y estratégica, la disposición de Hamás a aceptar un plan que a los defensores de la causa palestina les suena a claudicación quizá apunta a algo más profundo. Es evidente que en la práctica el plan supone el fin del régimen de Hamás en Gaza, pero es posible que esto a ellos no les importe tanto como cabría esperar. A diferencia de la OLP, Hamás no dio voluntariamente el paso de organización armada a ente de gobierno, fue más bien un accidente del destino. La organización nunca se ha sentido cómoda con esa responsabilidad, que tan solo le interesó en la medida en que le proporcionaba una base para continuar sus atentados y sus lanzamientos de cohetes contra Israel. El resultado es que, en casi dos décadas, Hamás no ha logrado mejorar la vida de los gazatíes ni hacer avanzar la causa palestina. Es importante siempre tener en cuenta que la gran preocupación de Hamás, como en su día la de la OLP, es la «normalización»: que transcurran los años mientras Israel se afianza en su proyecto de confiscación de tierras en Cisjordania (que es donde realmente se juega el destino de Palestina). En 1982 la OLP decidió romper uno de estos «puntos muertos» retando al Ejército israelí con ataques transfronterizos para que se enfrentara a sus milicias directamente en el Líbano. El 7 de octubre del 2023, Hamás hizo lo mismo, si bien de una manera mucho más brutal y con resultados todavía más devastadores para los propios civiles palestinos. Hamás sabía que el ataque tendría las consecuencias que ha tenido y no es inverosímil que lo concibiese como una terrible traca final antes de abandonar el poder y volver a convertirse en una organización clandestina enfocada a los atentados.

Es por todo esto que, en lo inmediato, el plan de Trump tiene muchas posibilidades de funcionar. El intercambio de prisioneros plantea algunas dificultades. Por ejemplo, algunos de los rehenes están en manos de organizaciones distintas a Hamás, como la Yihad Islámica. Pero Hamás se encargará de obligarles a entregarlos. Aunque continúen las escaramuzas, a Netanyahu le interesará minimizarlas para cerrar este capítulo ante su opinión pública. Incluso es dudoso que las milicias de Hamás se disuelvan de momento, entre otras cosas porque serán necesarias para mantener el orden. Sobre todo, si tarda en crearse esa administración tecnocrática de la Franja que promete la iniciativa de Trump. Ese es el aspecto menos detallado, y a larga el más importante, del plan de paz. Y es ahí donde el pesimismo sí está justificado. Pero ese pesimismo también es prematuro, porque queda mucho por aclarar hasta llegar ahí.