Isabel Solaz, lesionada de gravedad por la dana: «Me han operado, me han puesto cinco tornillos y una placa»

Carlos Peralta
Carlos Peralta LA VOZ EN VALENCIA

ACTUALIDAD

De izquierda a derecha, Isabel Torres y su madre, Isabel Solaz, en el corral asolado por las riadas y perteneciente a la segunda.
De izquierda a derecha, Isabel Torres y su madre, Isabel Solaz, en el corral asolado por las riadas y perteneciente a la segunda. C. P.

Los sucesivos choques de un coche llevado por la corriente provocaron que un muro se les cayera encima a su pareja y a ella. Juan Miguel se llevó la peor parte: sufrió la rotura en ocho costillas

26 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Juan Miguel tenía ocho costillas rotas. Después de aquello ha pasado meses con un corsé y todavía tiene dificultades para hacer cosas tan cotidianas como vestirse o ducharse. Pero la noche del 29 de octubre sacó fuerzas de quién sabe dónde para sacar del fango a su pareja, Isabel Solaz. «Fíjate lo que es la adrenalina. El médico le decía: ‘¿Pero cómo la has sacado si tú estás roto?'», cuenta la mujer rescatada, natural de Masanasa, en la entrada de lo que, durante sus 58 años de vida, ha sido su hogar. Hoy, casi un año después de las fatídicas riadas, la vivienda sigue inhabitable.

Las fuertes riadas sorprendieron a Juan Miguel e Isabel en plena siesta. Escucharon gritos y, al acercarse a la puerta de su bajo, vieron cómo entraba agua por la ventana. En cuestión de minutos su casa se convirtió en una piscina de un metro de profundidad. La puerta estaba más que bloqueada; estaban atrapados. Sin más remedio, salieron al corral y se refugiaron en la zona más alta que encontraron.

Pero no las tenían todas consigo. Un coche, a merced de la corriente de la barrancada, golpeaba una y otra vez contra la esquina del muro de su corral con tan mala suerte que este cedió por completo. «A mí pareja se le rompieron ocho costillas y la columna y a mí el brazo. Me han operado, me han puesto cinco tornillos y una placa. No lo tengo al 100 %, no puedo subir bien el brazo del todo», cuenta Isabel.

Según la Consejería de Sanidad, los servicios de urgencias atendieron a 2.641 personas de las zonas afectadas por la dana. Un 11 % de las mismas requirieron de un ingreso hospitalario.

Un panel de uralita, que hacía las veces de tejado, pasó a ser entonces una barca improvisada. Al poco que vieron la oportunidad, y al bajar algo el nivel del agua, pasaron la noche en lo alto del lavadero del corral. «Yo le decía todo el rato a mi pareja: ‘No te duermas. ¡Aguanta, no te duermas!'».

Ya casi de madrugada, el agua les dio un respiro. La casa de su hija, Isabel Torres, está a pocos pasos. Pero entre el caos provocado en Masanasa por la dana y las lesiones severas, se les hizo un mundo. Isabel Solaz tardó una hora en levantarse del suelo y, poco después, ocurrió el épico rescate de Juan Miguel. Ya en las proximidades, su yerno les vio y les subió a su vivienda, en un primer piso.

El chico que les rescató es, además de la pareja de su hija, el artífice de que la casa vaya recuperando su esplendor. Él y su hermano, dos gotas de agua, madrugan de lo lindo. A las siete de la mañana ya están manos a la obra para evitar la pereza de trabajar después de comer.

El 30 de octubre, Isabel hija logró entrar a la vivienda. Su madre esperaba a una ambulancia que llegó a las nueve de la tarde, casi un día después de lesionarse de gravedad. «Era todo un caos. Encima no teníamos muro en el corral y todo lo que sacábamos lo volvían a meter después los camiones», lamenta Isabel Torres.

La casa la compró la abuela. Lo que más lamenta Solaz es que, aunque pueda reconstruirlo todo con paciencia y dinero , no podrá recuperar los recuerdos de su madre. «Ni un cuadro, nada de nada. Eso es lo que más me duele. Si ve cómo ha quedado todo esto, se muere», asegura.

Ha pasado un año y, eso sí, la familia mantiene la ilusión intacta de que la casa vuelva a ser un hogar. «Solo nos queda tirar para adelante. Esta es mi casa y claro que quiero volver», dice Solaz, convencida de que sí aguantó aquella noche infernal, conseguirá recuperar su vida.