Geert Wilders, el ultraderechista que domina la política neerlandesa sin gobernarla

Claudia Zapater BRUSELAS / E. LA VOZ

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Geert Wilders, durante su campaña en la localidad de Volendam.
Geert Wilders, durante su campaña en la localidad de Volendam. Piroschka Van De Wouw | REUTERS

Su figura, mezcla de icono populista y emblema de resistencia política, es una muestra de que dominar el discurso también es una forma de poder

29 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Vive rodeado de escoltas, se mueve en vehículos blindados y trabaja en un despacho con ventanas polarizadas en un ala aislada del Parlamento neerlandés. Geert Wilders, fundador y líder del Partido de la Libertad (PVV), lleva casi veinte años bajo protección policial. Su figura, mezcla de icono populista y emblema de resistencia política, domina desde hace años el debate público en los Países Bajos.

El dirigente ultraderechista encarna una paradoja: es el político más influyente de su país, pero nunca ha logrado gobernarlo. Hoy vuelve a presentarse ante las urnas como favorito, tras provocar el pasado junio la caída del Gobierno que ayudó a formar menos de un año antes.

Wilders comenzó su andadura política como redactor de discursos y asistente político en el Partido Popular neerlandés (VVD), la formación de centroderecha de Mark Rutte, hoy secretario general de la OTAN. Aunque carece de título universitario, consiguió destacar y ascendió hasta convertirse en diputado. En el año 2003 chocó con el carácter moderado de su partido al llamar a una «yihad liberal» y proponer la suspensión temporal de los derechos fundamentales.

Un año después, Wilders se opuso a la adhesión de Turquía a la Unión Europea, lo que supuso su ruptura definitiva con el VVD. Desde entonces, ha convertido la confrontación ideológica y el discurso antiislam en la base de su carrera política. 

El partido de un solo hombre

En el 2006, el líder ultraderechista registró el Partido de la Libertad con dos miembros: él mismo y la Fundación Grupo Wilders, una entidad compuesta únicamente por él. El PVV no celebra congresos, no cuenta con sección juvenil ni con estructuras que permitan la renovación o la participación externa. Aun así, en las elecciones de noviembre del 2023 se convirtió en la primera fuerza parlamentaria con 37 escaños. Tras meses de negociaciones, Wilders no logró consolidar el apoyo de sus socios conservadores y terminó cediendo el liderazgo a un independiente. Fue Dick Schoof, un funcionario con trayectoria técnica y pasado socialdemócrata, quien encabezó el Ejecutivo.

Pero el Gobierno de Schoof apenas duró un año. El pasado mes de mayo, Wilders le retiró su apoyo tras el rechazo de sus aliados a un plan de diez puntos que incluía cerrar las fronteras y deportar refugiados sirios. Desde entonces, ha endurecido su discurso, pidiendo expulsar a hombres ucranianos, usar al Ejército contra «terroristas callejeros», prohibir la educación islámica y erradicar la «propaganda de género» y el «adoctrinamiento climático».

El panorama político de los Países Bajos sigue profundamente dividido, lo que hace imprescindible la formación de coaliciones. Al menos dieciséis partidos tendrán representación parlamentaria, por lo que se auguran meses de intensas negociaciones para constituir un nuevo ejecutivo. Todo apunta a que, en esta ocasión, el político neerlandés tampoco alcanzará sus aspiraciones de ser primer ministro, pero su influencia demuestra que dominar el discurso también es una forma de poder.