La Voz vuelve un año después a Masanasa: «Gracias a Dios, mi tía ha vuelto a su casa»

Carlos Peralta
Carlos Peralta LA VOZ EN VALENCIA

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CARLOS PERALTA

A principios de noviembre del 2024 esta calle estaba anegada de fango y escombros. Un año después, muchas viviendas siguen inutilizables yotras deberán der derribadas. Muchos vecinos han recuperado sus viviendas y tratan de pasar página

31 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

A la calle Joanot Martorell de Masanasa muchos llegaron por puro azar. A Jaime Martínez, director de la escuela de fútbol del equipo del pueblo, le habían dado una dirección. En esa casa un miembro del club necesitaba ayuda. Pero nadie contestó, así que Jaime y sus compañeros pillaron sus palas y entraron a ayudar en la primera casa que vieron a la vista.

Aquella vivienda era de Amparo, la tía de Manuel Valentín. Apenas quedaban tabiques en pie y todas las estancias eran ahora un cúmulo de fango y destrozos. «Pues això, xiquet. No tenemos más remedio que seguir. Gracias a Dios, mi tía ha vuelto a vivir en su casa», cuenta un año después. Aún queda mucho trabajo en la zona de los corrales. Esa que, a principios de noviembre, era una barricada enorme de escombros. Las parcelas de uno u otro vecino eran indistinguibles. Hoy, las paredes se van levantando poco a poco.

A la izquierda está el corral de Aurelia Ramírez y Juan Francisco Almarche. Su hija, Verónica, iba y venía todos los días desde Valencia para traerles lo que buenamente podía cargar. No era precisamente fácil abrirse camino entre el asfalto lleno de lodo y los coches siniestrados. Cuando llegó por primera vez, no estaba su padre en casa. «Al buen señor no se le ocurrió otra cosa que intentar llegar a casa a las tres de la mañana. Se quedó atascado, como a tres edificios de aquí, con barro hasta la cintura», cuenta Aurelia. Le rescataron, por segunda vez ese día, unos vecinos. Allí se quedó, a salvo totalmente y sin el ánimo de correr más riesgos, durante tres días.

Hace justo un año, el recibidor de esta casa lo ocupaba un 600E azul, precioso aún con barro hasta el espejo central. «Es un regalo que le hizo mi padre a mi madre hace muchos años. Lo tenemos desde siempre», cuenta Vero, que también perdió un Mercedes recién estrenado. Los días posteriores a la dana el vehículo clásico fue retirado a la entrada al corral. Hoy, en el recibidor lucen las maquetas de los aviones de Francisco.

Un derribo forzoso

Una parcela más a la izquierda, no hay planes a medio plazo. La casa de la madre de Maruja Torres no es habitable; necesita de un derribo. Después la familia venderá la parcela. Maruja vivió casi toda su vida en la Joanot Martorell. Por lo que quedaba de su vivienda entraron todas las maquinarias que arreglaron las casas de estos números pares de la calle. Ha pasado un año, pero ella sigue sintiéndose igual de afortunada al pensar en la dana. Ha vivido para contarlo. «Ves desaparecer tu casa y te quedas descolocada, pero hay que mirar a los que han perdido mucho más».

Juan Francisco Almarche posa junto a una de sus maquetas de aviones en su vivienda en Masanasa.
Juan Francisco Almarche posa junto a una de sus maquetas de aviones en su vivienda en Masanasa. C. P.

No es la única casa sin remedio. Por la calle se suceden los avisos de empresas eléctricas que informan del corte de suministro. La mayoría de puertas y fachadas están rotas, algunas aún tienen barro. «El pueblo da mucha lástima. Vas calle por calle y no paras de ver casas que no están reparadas. Esto no se olvidará nunca. Volver a la normalidad nos costará un poquito», reconoce Manuel. Así, paso a paso, volvió el Viejo Marinero, el bar de la calle, a servir brascadas y chivitos —dos bocadillos clásicos—. Francisco restauró su maquinaria para tallar sus aviones. Maruja recupera siempre, siempre; el ánimo al ver los escritos de su madre, que se salvaron del agua. La vida, poco a poco, es más vida en Masanasa.