Wael Dahdouh, el periodista gazatí que perdió a su familia bajo fuego israelí: «El genocidio se paró. La guerra sigue»
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Israel mató a su esposa, dos hijos y un nieto de 18 meses, pero él siguió informando. Ahora se recupera en Catar de las heridas que le causaron las bombas
30 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.El periodista gazatí Wael Dahdouh se ha convertido en todo un referente del periodismo internacional. El 25 de octubre del 2023, se enteró mientras realizaba un directo que un misil israelí había impactado contra la casa de su familia. Entre la docena de víctimas, su esposa, Amina, dos de sus hijos y su nieto de 18 meses. Como jefe de redacción de la cadena Al Yazira en Gaza, decidió seguir informando hasta que, hace unos meses, él mismo fue víctima de las bombas. Ahora, aún se recupera de las heridas en Catar.
—¿Cuál es la situación actual en Gaza?
—El genocidio se ha suspendido de forma temporal, pero la guerra continúa en todas sus vertientes: el asesinato, tenemos centenares de mártires y heridos; la guerra a través de la comida y el agua, ya que Israel no ha cumplido el compromiso de permitir la entrada de ayuda humanitaria recogido en el acuerdo [de Trump]. Y eso incluye la entrada de material médico y medicinas: solo se puede atender a un 7 % de las necesidades médicas. Han continuado las demoliciones de casas, y los bombardeos con aviones o drones. La invasión terrestre no terminó, e Israel ocupa el 53 % del territorio de Gaza.
—¿Cómo es la vida diaria de los gazatíes más allá de los ataques?
—Muy difícil. El 90 % de las viviendas fueron destruidas total o parcialmente y ya no se pueden utilizar. Ya llegó el invierno en la Franja de Gaza y mucha gente no dispone de tiendas, a pesar de que es un derecho. Y los que tienen tienda, esta se ha inundado [por las lluvias recientes]. El suministro de agua y electricidad continúa cortado. La poca agua disponible está contaminada y no se puede beber. Tampoco las comunicaciones funcionan, como la cobertura de internet. Conseguir las necesidades básicas para sobrevivir se acompaña de sangre, dolor, peligros y humillaciones.
—Y una guerra muy específica que ha librado Israel ha sido contra los periodistas...
—Sí, y continúa. Desde la firma del acuerdo, hemos perdido a un compañero, asesinado junto a su familia en un ataque contra su hogar familiar. Por otra parte, hasta ahora no han podido entrar periodistas extranjeros en la Franja para que puedan ser también testimonio de lo que sucede. Israel lleva a cabo una guerra contra los periodistas, quiere matar a la verdad y al mensajero.
—Con toda la atención centrada en Gaza, nos hemos olvidado a menudo de Cisjordania. ¿Cuál es la situación allí?
—Muy peligrosa, se ha llegado a unos niveles de represión sin precedentes. La cifra de mártires no para de aumentar a manos del ejército israelí. Además, se ha troceado el territorio con más de 1.100 puestos de control y puertas de acero que aíslan ciudades y pueblos entre ellos. Cualquier tipo de desplazamiento se ha vuelto muy difícil y peligroso. Un trayecto que normalmente podía durar quince minutos, ahora se puede alargar durante todo un día. Mientras tanto, cada vez se constituyen nuevos asentamientos de colonos que arrebatan la tierra a los propietarios palestinos y atacan a sus pueblos. Miles de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares y convertirse en desplazadas, sobre todo en el norte de Cisjordania. La situación también es difícil en Jerusalén: para poder rezar en la mezquita de Al Aqsa se requieren muchos trámites y controles de seguridad. Y a menudo prohíben incluso la entrada.
—Más allá de reconstruir Gaza, ¿hasta qué punto es importante que los responsables israelíes lleguen a rendir cuentas legalmente por sus acciones?
—Es muy importante porque han sido dos años de genocidio y hemos pagado un precio muy alto en términos de sangre y de vidas. Los responsables de todo esto deben sentarse en el banquillo de los acusados y ser castigados para evitar que vuelvan a hacerlo, y así disuadir a otros líderes políticos tentados de hacer lo mismo en otros lugares del mundo. La humanidad no quiere que este tipo de crímenes se repitan. Y para ello, es necesario que todo tipo de organizaciones e instituciones se comprometan a conseguir este objetivo. Sería todo un alivio para las víctimas y una garantía de seguridad para el resto del mundo.