Un tratado de paz hace dos siglos decretaba la amnistía por el pasado colonial
30 nov 2025 . Actualizado a las 13:46 h.El Gobierno reconoció a finales de octubre que hubo «dolor e injusticia hacia los pueblos originarios» durante la conquista de América a finales del siglo XV y principios del XVI. Estas palabras, pronunciadas por el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, suponen el primer propósito de perdón de un Ejecutivo español por su pasado colonial en América. «Esa es parte de nuestra historia compartida, no podemos negarla ni olvidarla», subrayó el jefe de la diplomacia española en la inauguración de la exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena en la sede del instituto Cervantes en Madrid.
«El perdón engrandece a los gobiernos y a los pueblos. No es humillante, al contrario, reconocer la historia, reconocer los agravios, pedir perdón o lamentar», destacó la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, que agradeció al gesto, pero pidió al Gobierno que dé un paso más e incluya explícitamente unas disculpas o una petición de perdón. El Ejecutivo del país lleva años en la búsqueda de un mea culpa de España. Un empeño que ha tensado las relaciones diplomáticas.
En el 2019, el anterior presidente, Andrés Manuel López Obrador, pidió por carta a Felipe VI y al papa Francisco un «relato de agravios». Aprovechó la efeméride de los 500 años de la batalla de Centla, en la que las tropas de Hernán Cortés vencieron a los indígenas mayas y chontales. Según una encuesta de SIMO México realizada ese año, el 55 % de los interrogados consideraron innecesaria la petición del presidente del país. El monarca español no contestó a la misiva. Sí lo hizo Exteriores. Su entonces titular, Josep Borrell, dijo que el Gobierno no pediría «extemporáneas disculpas». «Del mismo modo que no vamos a pedir a la República francesa que presente disculpas por lo que hicieron los soldados de Napoleón cuando invadieron España», añadió.
En septiembre del 2024, las tiranteces entre ambos países vivieron un nuevo capítulo. Claudia Sheinbaum iba a ser investida presidenta y Felipe VI no estaba invitado a la ceremonia por no responder a la carta de López Obrador. Pedro Sánchez, que sí estaba invitado, rechazó acudir: «Nos parece absolutamente inaceptable el que se excluya a nuestro jefe del Estado. Uno que ha participado en todas las tomas de posesión».
Poco más de un año después, Albares cambia el tono de su predecesor y, en un discurso medido al milímetro, reconoce injusticias. El papa Francisco, al que también interpeló López Obrador con otra carta, reconoció equivocaciones de la Iglesia en el 2021: «Es preciso [...] reconocer los errores cometidos en el pasado, que han sido muy dolorosos», le escribió a Rogelio Cabrera, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano.
Felipe VI, al que los dos últimos presidentes del país americano exigen que pida disculpas, es el jefe de Estado de una monarquía parlamentaria, por lo que no está legitimado para pronunciar la asunción de culpas. El monarca no contestó a la misiva de López Obrador. Algunos expertos ven aquí un error diplomático, aunque el destinatario idóneo fuera el presidente del Gobierno.
Un perdón tibio
Juan Carlos I en 1990. Existe un precedente tibio en el que la monarquía española reconoció agravios a los pueblos que habitaban lo que hoy es México siglos atrás. En 1990, los reyes Juan Carlos I y Sofía visitaron Oaxaca para participar en un festival de la cultura indígena mexicana, el Guelaguetza. Allí, en un encuentro con varias de los principales etnias indígenas del país, el entonces rey reivindicó la labor de la Corona, aunque puntualizó: «Claro que la prudencia y la ecuanimidad de los monarcas fue, a menudo, lamentablemente desoída por ambiciosos encomenderos y venales funcionarios que, por la fuerza, impusieron su sinrazón». Juan Carlos I ensalzó la figura del sacerdote dominico Bartolomé de las Casas —habló de «su ardiente defensa de la población nativa americana»—, el religioso que con su escrito Brevísima relación de la destrucción de las Indias denunció los abusos de los españoles a los indígenas. Su labor ayudó a que Carlos I de España promoviera las llamadas Leyes Nuevas, que otorgaban más derechos a los nativos mesoamericanos.
Amnistía total
Tratado de paz. Un siglo y medio antes, México y España firmaron el tratado de Santa María-Calatrava. Un documento capital en la historia del país americano, que sellaba la paz definitiva entre ambos Estados. Los firmantes: la República de México y la tatarabuela de Juan Carlos, Isabel II. El primer artículo constataba como España «reconoce como nación libre, soberana e independiente» a México. El segundo, por otro lado, establecía que «habrá un olvido total de lo pasado, y una amnistía general y completa para todos los mexicanos y españoles, sin excepción alguna». El tratado y su amnistía son independientes de una declaración de perdón, pero acredita que tanto mexicanos como españoles apostaron hace casi dos siglos por mirar hacia delante.
Enrique Moradiellos, doctor en Historia: «Considerar 500 años después que aquel proceso sigue vivo como motivo de agravio es un sinsentido histórico y político»
La conquista
227 a uno. Varios historiadores e hispanistas inciden también en el contexto de la conquista de México, a principios del siglo XVI. Federico Navarrete, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó a Efe que el ejército que propició la caída de México-Tenochtitlan el 13 de agosto de 1521 estaba compuesto por un 99 % de indígenas y un 1 % de españoles. «Es imposible tener cifras exactas, pero se pueden hacer estimaciones» y la proporción más equilibrada es de 1.000 españoles por 100.000 indígenas. Navarrete citó al reputado historiador británico Matthew Restall, que eleva el cálculo en 221 indígenas por cada español.
Hernán Cortés aprovechó las disputas entre etnias, y el odio que muchas de ellas sentían por los mexicas, para tejer alianzas —el apoyo de los tlaxcaltecas fue esencial— e imponerse. Es por ello por lo que existe una corriente entre historiadores que estima que muchos agravios los cometieron no solo los españoles, sino algunos de sus aliados nativos. El catedrático Fernando del Rey, galardonado con el Premio Nacional de Historia del 2020, consideró absurda la petición del Gobierno de México, en declaraciones a Europa Press: «¿Tendrían que pedir los políticos actuales perdón por los crímenes aberrantes de los aztecas con otras minorías étnicas?».
500 años después
«Un sinsentido histórico y político». Enrique Moradiellos, miembro de la Real Academia de la Historia, planteó que «considerar 500 años después que aquel proceso sigue vivo como motivo de agravio es un sinsentido histórico y político». «Aquellos 200.000 españoles que, a lo largo de un siglo pudieron llegar a América entre los finales del siglo XV, XVI y XVII, no más, y que se difundieron, conquistaron, colonizaron, aculturaron, se implantaron, se hicieron tan criollos y tan americanos que aquel que nos pide o pide a todos el perdón es hijo de uno de ellos, no de aquellos que nos quedamos en la Península», argumentó.