Cuando el márketing y las expectativas convierten las fiestas en una fuente de ansiedad

OFRECIDO POR CLÍNICAS POA

Luces, ofertas y una promesa constante de felicidad. La Navidad llega cargada de expectativas, pero para muchos, la época más maravillosa del año esconde una carga silenciosa. Desde Clínicas POA nos explican qué ocurre en nuestra mente cuando usamos la tarjeta de crédito como anestesia emocional y el consumo empieza a afectar de lleno a nuestra salud mental.

¿Por qué el consumismo puede afectar a nuestra salud mental?

Vivimos en una sociedad que nos vende la falsa ecuación de que «tener» es igual a «ser». El consumismo afecta a la salud mental porque nos introduce en una carrera sin meta: la satisfacción de la compra es efímera, dura lo que tarda en desaparecer la dopamina. El problema real no es comprar, sino recurrir a la compra para tapar el malestar. Cuando el consumo se utiliza como anestesia emocional, deja de ser inocente. Si validamos nuestra autoestima a golpe de tarjeta, nos volvemos esclavos de un ciclo que genera insatisfacción crónica y estrés.

¿Qué tipo de perfil de paciente suele llegar a vosotros por problemas relacionados con el consumo y las compras compulsivas?

Solemos pensar en un perfil frívolo, pero la realidad es mucho más compleja y dolorosa. Cuando alguien acude a nosotras buscando un psicólogo en Gijón, vemos que detrás hay personas con una gran sensibilidad y una fuerte sensación de soledad o vacío interior. No hay una edad única. Vemos desde jóvenes que buscan identidad a través de las marcas, hasta adultos con carreras exitosas que usan las compras para regalarse el afecto o el descanso que no se permiten de otra forma. En el fondo, no buscan objetos, buscan calma y reconocimiento.

Consumismo y salud mental

Desde tu experiencia en Clínicas POA, ¿qué emociones suelen acompañar a quienes compran más de lo que realmente necesitan?

Es un péndulo emocional agotador. Primero aparece una ilusión anticipatoria, la promesa de que ese objeto cambiará el estado de ánimo. Durante la compra, hay un pico de euforia y descontrol. Pero lo que observamos las psicólogas del equipo es lo que ocurre al llegar a casa: la resaca emocional. Aparece la culpa, la vergüenza por «haber fallado otra vez» y la tristeza al ver que el malestar interno sigue intacto, aunque ahora esté rodeado de bolsas.

PEXELS

¿En qué momento consideras que una conducta de compra pasa de ser normal a convertirse en algo patológico?

La línea roja no la marca la cantidad de dinero gastado, sino la función que cumple esa compra y la pérdida de libertad. Se vuelve patológico cuando ya no compras porque quieres, sino porque sientes que necesitas hacerlo para regular una emoción negativa (ansiedad, tristeza, aburrimiento). Si la compra interfiere en tu vida —generando deudas o mentiras— y sientes una irritabilidad incontrolable al intentar frenar, es el momento de pedir ayuda profesional.

Presión social y económica de la época navideña

En Navidad todo gira en torno a regalos y expectativas. ¿Cómo influyen estas fechas en nuestros niveles de estrés?

La Navidad actúa como una lupa emocional. Nos venden una imagen de familias perfectas y abundancia que, para muchas personas, choca frontalmente con su realidad. Esta discrepancia genera la «tiranía de la felicidad». Sentimos la obligación de estar alegres y de demostrar afecto a través del gasto. El estrés no viene solo del dinero, sino de la performance: tener que cumplir con el ritual social y sostener una sonrisa aunque por dentro estemos agotadas.

¿Qué tipo de síntomas o problemas de salud mental crees que se agravan especialmente en estas fechas?

En estas fechas notamos en la clínica un repunte claro de la ansiedad y el insomnio. Pero hay un síntoma muy característico: la irritabilidad. Esa sensación de estar a punto de estallar por la sobrecarga mental. También vemos cómo se agravan los cuadros depresivos por la comparación social, y por supuesto, las conductas adictivas. Quien tiene problemas con el juego o las compras encuentra en la Navidad la tormenta perfecta de justificaciones sociales para recaer.

Las campañas de márketing estimulan nuestras emociones. ¿Cuánto influyen estos estímulos?

Muchísimo, porque no apelan a la razón, sino a nuestro cerebro más primitivo. Juegan con el miedo a quedarse fuera y con la urgencia. Las campañas no te venden un perfume, te venden amor; no te venden un juguete, te venden ser una buena madre o padre. Desvincular esa promesa emocional del producto físico es muy difícil sin un buen entrenamiento mental. Nos hacen sentir que si no consumimos, no estamos participando del «espíritu colectivo».

Finanzas familiares y salud mental

En un contexto de crisis económica, ¿es frecuente que familias acudan a consulta por ansiedad financiera?

Sí, y es un tema tabú. El dinero es símbolo de seguridad. Cuando la economía familiar se tambalea, no solo vemos preocupación por las facturas, vemos un impacto directo en la autoestima y un aumento de la conflictividad en la pareja. La incertidumbre financiera actúa como un corrosivo para la salud mental, manteniendo al cerebro en alerta constante e impidiendo el descanso.

¿Qué consejos darías desde el gabinete para gestionar la presión financiera sin perjudicar la salud mental?

Lo primero es redefinir el significado de «regalar». Aconsejo hacer un presupuesto cerrado antes de salir para evitar decisiones impulsivas en caliente. Y cambiar el foco: proponer experiencias compartidas o detalles simbólicos. La familia recordará la presencia y el tiempo compartido, no el precio de la etiqueta. Hay que normalizar decir «este año vamos a hacerlo diferente» como un acto de amor propio y familiar.

Equipo de clínicas POA.
Equipo de clínicas POA.

¿Cómo identificar señales de alarma de un posible problema de compra compulsiva?

Hay señales sutiles pero claras: esconder las bolsas, mentir sobre el precio o tener prendas con la etiqueta puesta meses después. A nivel emocional, es significativo notar un cambio brusco de irritabilidad a euforia en torno al acto de comprar, o recurrir sistemáticamente a las compras tras un mal día. En esos casos, recomendamos abrir una conversación empática, sin juicios.

Otras emociones difíciles de estas fechas

Las ausencias y pérdidas recientes también pesan. ¿Cómo afectan al estado emocional?

La Navidad tiene una cara B: el síndrome de la silla vacía. Las luces hacen que el silencio de los que ya no están se escuche más fuerte. Es normal sentir una mezcla de nostalgia y dolor. Forzar la alegría solo aumenta el sufrimiento. Validar que es lícito estar triste en Navidad es sanador; a veces el mejor regalo de salud mental es permitirse no asistir a un evento que sabemos que nos hará daño.

Desde Clínicas POA, ¿cómo ayudáis a quienes sienten que pierden el control con las compras o sus emociones?

No trabajamos solo para frenar la conducta, sino para entender qué herida está intentando tapar. El objetivo de hacer terapia en Gijón con nosotras es ofrecer un espacio seguro donde quitarse la máscara de «todo va bien». Ayudamos al paciente a recuperar el control de su voluntad, a tolerar la frustración y a reconectarse con sus valores reales para vivir una Navidad —y una vida— más auténtica y menos dependiente de lo material.