Coral R. Fouz, sobrina de uno de los tres gallegos asesinados por ETA: «Visité a un jefe etarra para dar con mi tío y sus amigos, pero me mintió»
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Asegura que «ni Otegi ni otros etarras muestran ni un ápice de humanidad»
14 feb 2026 . Actualizado a las 21:05 h.El 24 de marzo del 1973, Humberto Fouz, Fernando Quiroga y Jorge García, tres veinteañeros gallegos que vivían en Irún, fueron secuestrados por un comando de ETA. Los torturaron de forma salvaje y cuando se percataron de que no eran policías —ni una amenaza para la operación
Ogro, la preparación del atentado de Carrero Blanco— los hicieron desaparecer. El caso se archivó dos años después, cuando Coral Rodríguez Fouz, ahijada de Humberto, tenía poco más de cinco años. Pero ella nunca ha querido que quede en el olvido. Lleva cinco décadas buscando la vía de cerrar el caso con justicia.
Llegó a reunirse con un jefe de ETA para pedirle que le dijese dónde estaban los cuerpos: «Me dejaron pasar al despacho y directamente le pregunté. No me miró a los ojos, yo estaba muy nerviosa y no recuerdo exactamente las palabras, pero me dijo que no lo sabía, porque él estaba en ese momento en la cárcel, y después comprobé que era mentira; yo creo que es una de las pocas personas que siguen vivas que realmente lo sabe, pero quiso escurrir el bulto, me mintió», cuenta en A Coruña esta médica que fue senadora por el Partido Socialista. Fue tan duro dar este paso que nunca pudo verse cara a cara con otros etarras, pero escribió a las cárceles a todos los implicados en la desaparición y pidió muchas reuniones a Arnaldo Otegi. Todas en vano. «Ni Otegi ni otros etarras muestran ni un ápice de humanidad, saben donde está mi tío o saben quién lo sabe, pero callan», lamenta.
El pasado domingo, murió uno de ellos: era José Manuel Pagoaga Gallastegi, Peixoto. Y para Coral, las palabras de Otegi sobre Peixoto son una afrenta todavía más dolorosa que el silencio: «No se puede distinguir entre las víctimas; parece que la defensa de las víctimas del terrorismo es de la derecha, y la defensa de las del franquismo pertenece a la izquierda, concretamente de la izquierda nacionalista —censura indignada—. No tiene ninguna coherencia ni ninguna lógica. Considero que, igual que hay que buscar los restos de mi tío y de sus dos amigos, hay que buscar los restos en las cunetas de los desaparecidos del franquismo».
Víctimas y bandos
Coral sabe mucho de heridas familiares que no dejan de doler, ya que lleva 52 años sin encontrar justicia para su tío Humberto. «Era una persona muy dulce, cariñosa e inteligente. Viajó por muchos países de Europa, porque sabía un montón de idiomas. Todavía conservamos sus novelas y el libro de ruso que estaba estudiando», rememora.
ETA se equivocó cuando secuestró a su tío y a dos amigos, que habían estado en Galicia una semana antes, y simplemente habían cruzado a Francia para ver la película El último tango en París. Coral exige que se trate a todos los muertos con el mismo respeto: «Hay quienes distinguen entre víctimas en función de si son de los suyos o no, dependiendo de si comulgan con sus ideas o no. Creo que no es ético tener diferentes varas de medir. Desde Sortu defienden el derecho de las víctimas del franquismo a buscar por las cunetas españolas los restos de sus familiares desaparecidos, pero niegan ese mismo derecho a las víctimas del terrorismo etarra».
En este sentido, carga contra la ultraderecha nacionalista española, que defiende que las víctimas del franquismo son cosa de un pasado que no hay que remover, mientras se vuelcan con las víctimas del terrorismo, «aunque no con todas, porque entre estas establecen categorías», lamenta.
Por ello, Coral concluye que los patriotas de la izquierda aberzale y los de la ultraderecha española son indistinguibles: «Cambia el nombre de la patria y el color de la bandera, pero unos y otros defienden, como ha hecho Otegi ante la muerte del etarra Peixoto, que la patria está por encima de todo, de las personas. Unos y otros provocan repugnancia y miedo».