Una nueva investigación propone que, en vez de un océano líquido, bajo la superficie del satélite hay una masa viscosa
22 dic 2025 . Actualizado a las 08:27 h.Una nueva mirada a datos de hace más de una década indica que Titán, la luna más grande de Saturno, podría no contar con un vasto océano bajo su superficie helada como se creía hasta ahora. Fueron los apuntes de la misión Cassini de la NASA, que comenzó en 1997 y se prolongó a lo largo de veinte años, los que abrieron la posibilidad de que Titán albergase tras su cobertura superficial una gran masa de agua. Los investigadores observaron que, mientras orbitaba de forma elíptica alrededor de Saturno, la luna se estiraba y se aplastaba dependiendo de su posición con respecto al planeta. Por eso, en el 2008 argumentaron que la luna poseía un enorme océano bajo la superficie para permitir una deformación tan significativa.
Sin embargo, cuando modelaron la luna con el océano, los científicos vieron que los resultados no coincidían con las propiedades propias de esos ecosistemas. «En lugar de un océano abierto, como el que tenemos en la Tierra, probablemente nos encontremos ante algo más parecido al hielo marino del Ártico o a los acuíferos, lo que tendría implicaciones para el tipo de vida que podríamos llegar a encontrar», señala Baptiste Journaux, investigador espacial de la Universidad estadounidense de Washington, en unas declaraciones que recoge Efe. Journaux es uno de los autores del artículo, publicado la semana pasada en la revista especializada Nature.
El grado de deformación que habían observado los investigadores depende de la estructura interior de Titán. «Podría haber sido compatible con un gran océano bajo la superficie. Ahora sabemos que no es del todo así», añade.
En el nuevo estudio, los investigadores introducen un nuevo nivel de sutileza, que es el tiempo. El cambio de forma de Titán se retrasa unas quince horas con respecto al pico de la atracción gravitatoria de Saturno. La medición de ese retraso reveló a los científicos cuánta energía se necesita para cambiar la forma del satélite Titán, lo que les llevó a concluir que su interior es viscoso y no líquido, algo parecido a la aguanieve. «Fue la prueba irrefutable que indicaba que el interior de Titán es diferente de lo que se deducía de análisis anteriores», afirma otro de los autores, Flavio Petricca, investigador de NASA.