Nasry Asfura, un tecnócrata populista a la sombra del narco

Pablo Medina MADRID / LA VOZ

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Nasry Asfura, durante un acto electoral en Honduras
Nasry Asfura, durante un acto electoral en Honduras Gustavo Amador | EFE

El candidato del Partido Nacional será el sucesor de Xiomara Castro a partir del 27 de enero tras imponerse en su tercer intento presidencial con el 40,26 % de los votos

25 dic 2025 . Actualizado a las 20:38 h.

«Estoy recorriendo Honduras en mi propio carro, manejando, no volando en helicóptero. Conozco el estado de las carreteras. Nadie me va a venir a contar cuentos: lo que digo lo he vivido y lo que prometo lo voy a cumplir». Nasry Asfura (Tegucigalpa, 1958) no es de los políticos de la vieja guardia, sino un síntoma de su tiempo. A sus 67 años, entendió que el populismo, fuese de izquierdas o de derechas, triunfaba en las elecciones. Y tras unos comicios caóticos, se lleva el gato al agua. Y con el apoyo internacional más poderoso posible.

De ascendencia palestina, comenzó sus andanzas en el mundo de la construcción y se adentró en la Administración Pública en los años 90 como asistente y miembro administrativo en la alcaldía de Tegucigalpa y luego como regidor municipal. De ahí, hacia arriba. En el 2009 se estrena como diputado y hasta 2011 dirige el Fondo Hondureño de Inversión Social. En el 2014, se hizo con la alcaldía de Tegucigalpa, que sostendría hasta la fecha.

En este último período, Asfura —al que apodan ‘Papi a la orden’ por una anécdota con un taxista que se convertiría en eslogan de campaña para la alcaldía del Distrito Central en el 2005— aprendió un modelo de gestión muy propio de la política municipal: enfocarse en la infraestructura. Como alcalde de Distrito Central, en el 2013 invirtió en asfalto, puentes, desagües y en amplias reformas de infraestructura.

Su programa, al que llama Visión 5 Estrellas, se basa en la creación de empleo, descentralización de recursos, seguridad, inversión, salud y educación. En suma, «poner a andar» Honduras, como aseguró en campaña. Pero también se ha propuesto compromisos como digitalizar el país, atraer inversión privada y extranjera y reforzar las relaciones con Estados Unidos en lugar de potencias como China.

Un plan con estadios muy similares al que propuso Javier Milei cuando ganó la presidencia argentina. Un golpe encima de la mesa. Sin embargo, su figura no está exenta de polémicas.

En el 2020 la Unidad Fiscal Especial Contra Redes de Corrupción (UFERCO) le acusó, por un presunto desvío de 29,4 millones de lempiras durante su etapa como alcalde de Distrito Central, de abuso de autoridad, fraude, malversación de caudales públicos, falsificación de documentos y lavado de dinero, pero el proceso judicial se paralizó.

Un año después, el nombre de Asfura apareció en los Papeles de Pandora como presunto accionista de la sociedad offshore Karlane Overseas, dedicada al negocio del suelo en Tegucigalpa. Si bien no tuvo consecuencias, se fraguó una sombra de corrupción a su alrededor que se ampliaría con la condena de su antecesor, Juan Orlando Hernández [del mismo partido], a 45 años por narcotráfico. Recibió el indulto de Donald Trump, pero para las agrupaciones progresistas ya hay pronóstico: gobernará la corrupción.