Moya González pinta retratos de artistas en las filas de sus conciertos en menos de diez horas: «He conseguido entregar 40 de los 41 cuadros que he hecho»
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Aunque al primer cantante que pintó fue Rels B, a Esther le llegó el bum con su quinto cuadro, un retrato de Karol G que fue subastado por 62.200 euros. «Solo me ha faltado entregar el de Taylor Swift porque su equipo nos dijo que teníamos que llevarlo a la policía para revisar que no tuviese explosivo líquido», confiesa
26 dic 2025 . Actualizado a las 17:36 h.Aunque firma como Moya González, Esther —su nombre de pila— descubrió entre pinceles y entradas de conciertos que podía unir la música y el arte para dar a conocer las habilidades que tiene con el dibujo. Y, en este caso, retratando a cantantes en menos de diez horas.
Todo comenzó gracias a Miguel, su novio, y encargado de acompañarla a cada show y de ayudarla a grabar y editar los vídeos para las redes. Y a un reto que él le propuso. «El 12 de noviembre del 2023, fuimos a ver a Rels B al WiZink Center —ahora Movistar Arena—. Como somos muy fans, queríamos ir a hacer cola desde primera hora de la mañana. Entonces me dijo: “Madre mía, vamos a estar tantas horas allí que vas a tener tiempo hasta de pintar un cuadro”. Yo le contesté: “¿A que voy y lo hago?”. Y así fue», confiesa. Entusiasmada, cargó con el lienzo y las pinturas. «Llegamos a las diez de la mañana y me puse a pintar el cuadro. Nuestra idea era entrar con él e intentar dárselo», afirma.
No hizo falta. Justo en una terraza de al lado del recinto estaba alguien muy cercano al artista. «Mientras pintaba, aparecieron unas chicas. Me dijeron que eran del equipo de Dani —nombre real del artista Rels B— y que me habían estado viendo todo el día», indica. Lo que no se esperaba Esther era que su obra acabaría colgada en una de las paredes de la casa que el cantante tiene en Mallorca. «Ellas me comentaron: “Siempre que termina la gira le regalamos un cuadro, ¿qué te parece si le damos el tuyo?”. Me quedé en shock, porque fue mucha casualidad que siempre le regalasen eso y no, por ejemplo, unas zapatillas o un viaje. Después me mandaron un mensaje para decirme que se lo había llevado a su casa», afirma. Y, aunque no llegaron a conocerlo en persona, para ella y su pareja aquel día fue mágico. «En esa fecha, Miguel y yo hacíamos 12 años juntos. Vimos el concierto en primera fila. Fue como nuestro regalo de aniversario», cuenta.
Además, todo lo que sabe es por conocimientos aprendidos por su cuenta. «Yo solo he estudiado bachillerato de artes y todo lo demás ha sido de manera autodidacta. Luego estuve nueve años trabajando en Ikea y ahora mismo soy tatuadora en un estudio de Torrejón de Ardoz», explica.
Bien «Tropicoqueta»
Después, Esther continuó con artistas como Bad Gyal, pero el bum llegó con su quinto cuadro. Se trataba de un retrato de la colombiana Karol G en un lienzo de 140 centímetros x 120 centímetros. «Ha sido el más grande que he pintado, me vine muy arriba. Fueron cuatro días durante diez horas cada uno delante del Bernabéu», confiesa. El proceso lo resume como «una paliza increíble» de cuarenta horas, las máximas que ha hecho para un retrato. «Llegábamos a las nueve de la mañana y nos marchábamos a la una de la madrugada. Luego nos íbamos para casa, nos duchábamos, cenábamos y editábamos los vídeos hasta las tres de la mañana», admite.
Durante esa carrera contrarreloj se encontró con un par de obstáculos que le hicieron estar convencida de que no iba lograrlo. «El cuarto día estábamos cansadísimos. Era julio, hacía muchísimo calor y resultó muy complicado que se secase la pintura. Llegábamos tarde al estadio, pillamos todos los semáforos en rojo. Tampoco teníamos el contacto de nadie de su equipo», afirma.
Y, de pronto, se alinearon los astros. «Se me acercó un tío gigante y me dijo si podía ir hasta él con el cuadro. Pensé: “Será alguien del entorno de Karol G”. En ese momento, se pararon dos furgonetas negras en medio de la calle, se abrió la puerta y allí estaba ella», explica. Arrastrando el carrito que sostenía la colorida obra, Esther aproximó el retrato hacia el vehículo. «Era tan grande que lo llevábamos de lado porque recto no cabía. Se lo bajé para que lo viera y le sacó una foto con su móvil. Me agarró la cara y me dijo: “Ya está, lo has conseguido. ¡Enhorabuena!”», confiesa.
Tras esa pequeña charla con la Bichota, Esther pudo acceder al estadio para cantar a pleno pulmón himnos como la Tusa. «Su hermana nos regaló las entradas para el concierto. Lloré de la ilusión, porque me había quedado sin ellas cuando estaban a la venta. Nos pusieron en el mejor sitio. Después de subir el vídeo del proceso del retrato fue una locura, pasé de 5.000 a 150.000 seguidores en redes», afirma.
Además, la artista cumplió con la petición que le hizo. «En el retrato le puse una nota que tenía escrito: «Karol, si lo aceptas, es para que hagas una subasta y dones el dinero a una oenegé». Seis meses más tarde, ella lo subastó en una gala benéfica de Con Cora, su fundación. «Pagaron por él 72.500 dólares», confiesa. Al cambio, serían aproximadamente unos 62.200 euros.
Literalmente, tanto Esther como su pareja hacen esto por amor al arte. «Cada uno tiene su trabajo y al final estamos un día entero dedicándoselo a este proyecto. No obtenemos beneficio económico, lo hacemos porque queremos», puntualiza. ¿Y cuánto pueden costar los materiales? «Los pinceles los limpio muy bien y los reutilizo. Los lienzos me valen 30 euros y las pinturas cerca de 150. Pero además pagamos 30 euros de párking cada vez que vamos, la gasolina, comida para dos...», detalla.
Los días de concierto, les toca madrugón. «A las nueve de la mañana me pongo a hacer la primera parte, que es el encaje de carboncillo, que me suele llevar una hora. Después ya me pongo con el color, que es lo que me lleva las ocho o nueve horas. Cuando terminamos el cuadro, sobre las seis o siete de la tarde, es cuando intentamos contactar con los equipos de los artistas», indica. ¿Cuál ha sido el que más te ha costado pintar?, le pregunto. «El de Omar Montes, porque ese día granizó, llovió... Tuve que pedir que me dejasen entrar al recinto para poder terminarlo, porque la sombrilla que tenía no protegía nada. Me estaba calando. Encima la pintura que utilizo es acrílica y si le cae el agua se derrite», confiesa.
Esther está bastante satisfecha con el trabajo realizado. «He conseguido entregar 40 de los 41 cuadros que he pintado. Solo me ha faltado el de Taylor Swift, el tercero que hice. Su equipo nos dijo que teníamos que llevarlo a la policía para revisar que no tuviese explosivo líquido, pero que aunque lo revisaran, no le entregaban regalos por precaución», confiesa.
Y valora la suerte que ha tenido. «La finalidad siempre es poder dárselo en mano, pero hay veces que es imposible antes del concierto. Con Jennifer López no teníamos ningún contacto del equipo y ya había empezado a actuar. De repente, una persona de su entorno vio el cuadro y nos metió en el meet and greet. Con Maluma no pudimos pasar y nos mandaron las fotos de su reacción al verlo. También se dio la casualidad de que su mánager es la misma que la de Emilia, y cuando fuimos a su concierto, sí se lo pudimos dar en persona», explica. «Yo pensaba: “Ni de coña me va a recibir”. Al final fue muchísimo más fácil entregárselo a ella que, por ejemplo, a Lola Índigo», añade.
Ahora comienzan a pedírselos por encargo. «Me pidieron uno para India Martínez y fui a pintárselo a Sony Music. Pero a la mayoría de los artistas los he pintado solo porque me gusta. Todo lo que ganamos lo invertimos en esto», concluye esta artista con oído.