Alberto Toval convirtió su pasión en un proyecto emprendedor: «El ajedrez beneficia a las personas con alzhéimer»

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Tras ganar varias competiciones, fundó Chesscul, donde ofrece talleres de ajedrez online, en asociaciones y en residencias

06 ene 2026 . Actualizado a las 09:47 h.

Alberto Toval (Málaga, 2000) nunca creyó que la pasión que descubrió de niño se podía acabar convirtiendo en su gran proyecto como emprendedor. Con solo 10 años, empezó a jugar al ajedrez y a fraguar una carrera que lo llevó a lo más alto en competiciones nacionales e internacionales. En el 2014 fue campeón del Open Internacional de Benidorm y no paró de jugar hasta que empezó a estudiar el grado de Fisioterapia, donde tuvo mucho contacto con asociaciones de mayores y residencias de la tercera edad. «Y allí se me encendió la lucecita», recuerda.

Durante sus prácticas en esos centros, participaba en las actividades físicas que los profesionales proponían a los mayores. «Pero el nivel cognitivo estaba un poco más abandonado», admite. Y con esa premisa fundó Chesscul, una escuela de ajedrez online abierta a todos los públicos y con una importante labor presencial. «Empezamos a ir por asociaciones de párkinson, de alzhéimer y de esclerosis múltiple», explica, recordando cómo él y su equipo fueron implantando los primeros talleres de ajedrez.

Chesscul ha implantado actividades en asociaciones de párkinson y alzhéimer. También en residencias de la tercera edad para estimular las capacidades cognitivas.
Chesscul ha implantado actividades en asociaciones de párkinson y alzhéimer. También en residencias de la tercera edad para estimular las capacidades cognitivas.

Muchas de las personas que participan en esas actividades se encuentran en etapas avanzadas del deterioro cognitivo, pero los talleres —disponibles en varios niveles— están pensados para que todos puedan comprender bien el juego e ir fortaleciendo sus capacidades sesión a sesión. «Para los pacientes con alzhéimer o párkinson, el ajedrez tiene beneficios a nivel de concentración, de atención, de memoria y de estimulación cognitiva», enumera Alberto, que reconoce el desafío y la gratificación que supone vencer las reticencias de quienes en un principio piensan que el juego es demasiado complejo para ellos. «El otro día trabajamos con un usuario que decía: ‘‘Esto no es para mí, me quiero ir porque no sé jugar’’. Al principio se negó, pero adaptamos un poquito la actividad y acabó diciendo que le motivaba y aguantó superbién toda la hora. Lo mismo le pasó a una mujer hace un par de meses», comenta.

Con el juego, el otro objetivo de Chesscul es promover la interacción social, y en muchas de las sesiones —en cada una participan unas diez personas—, cobra un papel importante la participación de los familiares. «Tratamos de incluirlos al máximo», asevera Alberto, que coincide con sus compañeros psicólogos en que el juego permite también luchar contra la soledad no deseada.

Por toda España

Con el ajedrez, movimiento a movimiento, Alberto y su equipo también han conseguido poner en contacto a muchas de las asociaciones y el pasado 17 de octubre celebraron un campeonato en la sede de la Asociación de Párkinson de Málaga. La intención ahora, explican, es «expandir la actividad poco a poco» por toda España, y Galicia es uno de los destinos que tienen en mente. Sus planes van más allá. «En un futuro nos gustaría organizar actividades de ajedrez terapéutico más allá de las asociaciones y llevarlo a las casas de la gente», sostiene el fundador de Chesscul. En el tablero se cumple su objetivo: hacer un jaque mate a enfermedades como el alzhéimer.