¿Existen los hijos favoritos?: «La crianza de una niña es menos exigente que la de un niño»
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Es probable que, dependiendo de si eres chico o chica o del orden que ocupes entre tus hermanos, seas el preferido o no. Varios psicólogos nos ayudan a despejar dudas sobre esta incógnita. «¿Los padres se portan diferente con cada hijo? Sí. ¿Se cortarían un brazo por ambos? También», afirman
16 ene 2026 . Actualizado a las 08:37 h.Si tienes hermanos o hermanas, esta historia te suena. ¿Cuántas veces te han dicho que eres el favorito o la favorita de mamá o papá? ¿Cuántas veces te ha dado la sensación de que tus padres te consentían menos a ti? De ahí la gran cuestión: ¿todos los padres tienen un hijo favorito?
«La preferencia no tiene que ver con la cantidad de amor. Los padres aman por igual y, a la vez, hay una prioridad que viene de forma inconsciente, que se establece por la resonancia y lo que les hace sentir la presencia de un hijo en concreto», explica Teresa González, psicóloga especialista en Sistémica Familiar. «¿Se comportan con uno diferente que con el otro? Sí. ¿Se cortarían el brazo por cualquiera de ellos? También», añade. «A nivel científico, se habla del trato diferencial parental, que es el Parental Differential Treatment», apunta la psicóloga Lara Ferreiro, autora del libro ¡Ni un capullo más!: el método definitivo para quererte y encontrar a tu pareja perfecta.
Por su parte, José Ramón García, psicólogo clínico especialista en Lenguaje, aporta otro punto de vista. «Desde lo que es la teoría del desarrollo afectivo y desde la psicología evolutiva no está demostrado que esto sea así. Es más una creencia popular por la afinidad que pueda tener algún padre sobre uno de los hijos y que genere una percepción de más atención hacia alguno de ellos. Pero eso no quiere decir que sea favorito como tal», indica.
¿Niños o niñas?
Estudios sobre esto existen. Uno de ellos fue el que publicó la Asociación Estadounidense de Psicología realizado por investigadores de la Universidad de Brighman Young. «Lo que se hizo fue comparar hermanos reales de las mismas familias, teniendo en cuenta factores como el orden de nacimiento, el género o rasgos del carácter. Lo que arrojó el estudio es que, en general, tanto de los padres como de las madres la preferencia es hacia las niñas. Además, se apuntó a que los hijos más responsables, organizados y sociables tienen también más boletos para ser los favoritos», señala González.
«Otra de las cosas que se dice es que tanto a padres como a madres, por una cuestión de facilidad en la crianza, suele resultarles más fácil la de una hija que la de un hijo. Un varón trae una tendencia más grande a la impulsividad, a la competitividad. La de ellas suele ser menos exigente tanto a nivel emocional como de comunicación, porque tienen más facilidad para acoger lo que se les dice», indica.
«Para la madre, su favorita es la hija. Y para el padre, el favorito es el hijo. La creencia popular es que las niñas son las preferidas de los padres y los niños los de las madres. Pero, en general, son ellas las que muchas veces se llevan la atención de ambos progenitores», dice Ferreiro citando el artículo científico Parents Favor Daughters: A Meta-Analysis of Gender and Other Predictors of Parental Differential Treatment. «A la niña tienes que cuidarla, bañarla, y llevarla a la guardería y al niño exactamente igual. Desde el punto de vista del lenguaje sí que hay unos pequeños matices. Las niñas suelen decir las primeras palabras antes y a nivel comunicativo pueden tener esa ventaja. Pero eso no implica que haya una mayor facilidad para cuidar a unos o a otros. Depende de la actitud que tengas como padre», puntualiza García.
¿Pero qué hay de cierto entonces en el sentir popular, eso de que las niñas son las favoritas de los padres? Aquí entra en juego el famoso complejo de Edipo y Electra del que hablaba Freud en el psicoanálisis. «Una hija suele reemplazar para el padre a alguna persona significativa, lo mismo que un hijo para una madre. Entonces, digamos que es muy fácil que la hija acabe convirtiéndose en la pareja de papá y el hijo en la pareja de mamá», comenta González, que añade que estos cruces se dan con muchísima frecuencia. «Ellos tienen una competencia directa con el padre y ellas con la madre».
García, sin embargo, sigue apoyándose en la teoría del desarrollo afectivo. «No está demostrado que las niñas quieran más al padre o al revés. Normalmente, ellas pueden tener mucha afinidad con ellos, pero, por ejemplo, si la madre está pasando por un mal momento, la atención o el cariño de la niña hacia ella vuelve a ser el mismo o con la misma intensidad», indica.
¿El mayor o el pequeño?
¿Influye haber nacido el primero o el último? «Bastante. De hecho, el orden de nacimiento es una de las cosas que más fomenta los favoritismos. El pequeñito o la pequeñita se lleva las alegrías de la casa, después está el mayor y, por último, los del medio, que son los grandes olvidados. A veces, sobre todo si es la hija mayor, recae en ella demasiada responsabilidad por cuidar de sus hermanos para dar ejemplo. Como esa imagen de niña perfecta», explica Ferreiro. García ofrece una visión distinta. «Si tú tienes hijos de edad madurativa diferente, la atención varía. Al adolescente que posee cierta autonomía le dejas su margen y al más pequeño le prestarás más atención porque lo necesita. Según se vayan desarrollando en las distintas etapas evolutivas, el cariño, el afecto y el apego es igual para los tres. Si tú tienes tres hijos de 4, 8 y 10 años, ¿plantearías en sus cumpleaños no dedicarles la misma atención a uno que a otro? Les prestas la misma», puntualiza.
«El orden de llegada pilla a unos padres que no son los mismos. A ti te convierte en padre tu primer hijo que es una experimentación de todo. No es lo mismo la primera vez que coges un coche que la tercera. No es tanto que se sobreproteja al pequeño, lo que se trata de hacer es de compensarlo con la crianza, para intentar darles unas oportunidades de vida similares», afirma González. «Son factores de la etapa evolutiva de los padres. Eso implica situaciones socioeconómicas y personales diferentes. No es lo mismo convertirse en padre o madre en un año que en otro. Lo que sí sabemos es que el trato desigual nos moldea de manera diferente. Aparte de que la materia prima de cada hijo sea de una u otra forma, si el molde que tú aplicas en cada uno es distinto, este se conforma también de otra manera», añade.
«El problema no es que haya hijos favoritos, sino el trato desigual que al final muchos sienten», cuenta Ferreiro. Esto puede generar problemas. «Cuando los hijos perciben que es su hermano y no él, tienen más tendencia a sufrir más depresión, conflictos con los hermanos, peor autoestima y más rabietas», explica. «De los niños y niñas que han tenido un trato más favorecido en la infancia se espera de ellos mayor estabilidad de carácter, más éxito profesional, que tengan relaciones de pareja más duraderas y menos problemas de comportamiento. Un trato menos favorecido facilita más problemas de salud mental, relaciones conflictivas y un rendimiento académico más bajo», puntualiza González.
¿Y cómo se puede evitar que sobrevuelen los favoritismos en el nido? «Primero, tomar conciencia de con quién soy más cariñoso o a quién disculpo y exijo más. Segundo, no hacer comparaciones del tipo: “Mira, tu hermano, qué bien se porta”. Porque después se establecen etiquetas que alimentan la rivalidad y fijan roles. Y tercero, hay que explicar las diferencias. Por ejemplo: “A tu hermano mayor le dejamos volver más tarde porque tiene 17 años y tú tienes 13, cuando tengas su edad, podrás hacer lo mismo”», dice Ferreiro. Además, la psicóloga recomienda aplicar el método sueco. «Los suecos dedican tiempo a sus hijos de forma individual. El padre pasa tiempo a solas con cada uno de ellos y la madre hace lo mismo. En España, siempre vamos en familia, pero ni papá ni mamá dedican un tiempo exclusivo a cada uno», concluye.