Ana viajaba con su hermana embarazada en el Iryo que descarriló: «Intenté ir hacia ella pero no pude porque estaba pisando a una niña»

La Voz REDACCIÓN

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Esta pasajera de uno de los trenes accidentados en Adamuz relata las escenas de terror que vivió tras el siniestro: «Es como una película de terror. Ves a gente muy mal y sabes que se te van»

20 ene 2026 . Actualizado a las 00:15 h.

En su cara se ven los restos de sangre, los puntos de sutura y los apósitos, pero su voz y sus lágrimas aún reflejan mejor la dureza de la situación que acaba de vivir. Ana, de 26 años, es una de las pasajeras que este domingo por la tarde viajaba en el Iryo accidentado en Adamuz, en Córdoba, contra el que chocó después el Alvia que circulaba en sentido contrario. Iba en el vagón número siete con su hermana, embarazada, desde Málaga a Madrid, cuando notó «que nos empezábamos a ir hacia un lado».

Aún temblando y tapada con una manta revive con angustia los primeros segundos tras el accidente. Su vagón descarriló y se «quedó a medio camino de volcar entero. Yo tuve suerte pero por ejemplo mi hermana no, y está en la uci». Fueron apenas unos instantes en los que asumió que iban a morir y que tenían que despedirse. «Me giré, miré a mi hermana, como diciéndole adiós y se apagó todo. Solo chillidos». Después intentó acercarse a ella pero «me dijeron "¡estás pisando a una niña, estás pisando a una niña!" y no pude acceder, había muchos trozos de tren en el medio».

Después de eso, a Ana la rescataron por una ventana, rompiendo los cristales. «Había gente del vagón que estaba bien aunque había mucha gente mal. Los tenía delante y sabías que se te iban, pero no podías hacer nada». Mientras la sacaban del vagón seguía viendo a su hermana, «al otro lado de la ventana, inconsciente y embarazada». Ahí tuvo fuerzas para alertar a todos los que en ese momento participaban en las labores de rescate: «grité "¡Está embarazada, está embarazada!" y los bomberos fueron a por ella». Una ambulancia las llevó después a ambas al hospital.

La hermana se encuentra ahora mismo ingresada en la uci pero no tienen por ahora ningún pronóstico. «No sabemos qué va a pasar con ella». Resume lo vivido «como una película de terror, justo así. Había mucha gente, muchos gritos». 

Ana busca ahora también a su perro, que viajaba con ella. «Se ha escapado, lo he visto irse, sé que está vivo pero no sé dónde está y no me puedo quedar de brazos cruzados. También es familia». 

Belén, la primera médico que llegó a la zona cero del accidente de Adamuz: «Iba saltando la catenaria y los trozos de vagones cuando empecé a ver cadáveres»

María José Díaz Alcalá

«Un tren ha volcado. Hay fallecidos y muchos heridos». Esta fue la llamada que recibió a las ocho menos diez de la tarde Belén, la médico del centro de salud de Adamuz de guardia ayer domingo 18 de enero. «Cogimos unas cajas y echamos todo lo que pensamos que nos iba a hacer falta: suero, gasas, vendas, compresas… De todo». Sabía que un tren que había partido de Málaga con destino a Madrid había sufrido un accidente y que había bastantes personas afectadas. No imaginaba que, a su llegada, encontraría un segundo tren, que salió desde la capital y se dirigía a Huelva, con vagones pendidos en un barranco y bastantes más fallecidos.

Acompañada de Rosa, enfermera y de Francisco, el técnico, Belén llegó a la zona cero del siniestro cuando todavía no había nadie. Estaba oscuro y hacía demasiado frío. Alumbrando con la linterna de su móvil, recuerda que accedieron al primer tren saltando asientos y sorteando el cableado eléctrico para evitar una descarga. «Empezamos a ocuparnos de los que estaban más graves, cogiéndoles vías, y a los que tenían fracturas les pedíamos que aguantaran. A los fallecidos intentábamos cubrirlos con lo que encontrábamos», explican ambas.

«Oíamos pasajeros que pedían auxilio»

De camino al segundo tren, Belén «iba saltando la catenaria y trozos de vagones» cuando comenzó a ver cadáveres. En este segundo convoy, asegura, había más afectados. «Oíamos a pasajeros que pedían auxilio y al momento dejaban de hablar. Pero había zonas donde era imposible acceder», incluso con la colaboración de los bomberos y los vecinos, quienes, cuentan, las llevaban en volandas.

Belén y Rosa no han pegado ojo en toda la noche. A primera hora de esta mañana se desplazaron al Hogar del Jubilado del pueblo, habilitado durante la emergencia como uno de los centros neurálgicos, para asistir a los familiares de los pasajeros desaparecidos.

 A medida que avanzan las horas, Belén confiesa venirse abajo: «Es durísimo lo que hemos vivido, nosotros hemos acudido a asistencias duras, pero para esto nadie está preparado». Relata un escenario dantesco, de cuerpos sin vida y pasajeros muy graves en los vagones, en las vías y «en mitad de la nada». De niños que viajaban con sus padres y regresaron sin ellos.

Pese a la crudeza de lo vivido, los sanitarios reconocen la valentía y la entereza de los afectados: «Los veíamos con fracturas graves y nos decían que estaban bien, que siguiéramos, que había gente más grave». Belén se acuerda de una joven con la cara pálida y parte de la pierna amputada a la que evacuaron por la ventana: «Incluso nos sonrió».