Así nacen las grandes llamaradas solares: una reacción en cadena como una avalancha de nieve

redacción LA VOZ

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Imagen de la formación de la llamarada solar captada por la sonda europea Solar Orbiter
Imagen de la formación de la llamarada solar captada por la sonda europea Solar Orbiter ESA

Una sonda europea logra la imagen más completa de una erupción solar, cuyo estudio es clave para predecir con más precisión la generación de tormentas geomagnéticas que amenazan a la Tierra

21 ene 2026 . Actualizado a las 13:48 h.

Las llamaradas solares, esas gigantescas explosiones de energía que se producen en la superficie del Sol, no son eventos únicos y repentinos, como se pensaba hasta ahora. Gracias a la misión Solar Orbiter de la Agencia Espacial Europea (ESA), los científicos han obtenido el retrato más detallado jamás logrado de una de estas erupciones y han descubierto que no se suceden de forma aislada, sino que funcionan de forma muy similar a una avalancha de nieve.

Hasta ahora, la ciencia no comprendía del todo cómo el Sol liberaba cantidades tan ingentes de energía en tan pocos minutos. Los datos publicados este miércoles en la revista científica Astronomy & Astrophysics demuestran que una gran llamarada es, en realidad, una cascada de eventos de reconexión magnética inicialmente débiles. O, lo que es lo mismo, no nacen de un único estallido, sino de la suma de muchas pequeñas explosiones encadenadas. Cada una de ellas libera una cantidad modesta de energía, pero juntas desencadenan una reacción en cascada capaz de liberar en pocos minutos una energía equivalente a millones de bombas nucleares.

El descubrimiento fue posible gracias a una de las vistas más detalladas de Solar Orbiter de una gran llamarada, observada durante el acercamiento de la nave al Sol el 30 de septiembre de 2024. Aproximadamente 40 minutos antes del pico de la fulguración solar, los instrumentos de la nave detectaron filamentos oscuros y hebras magnéticas que se retorcían como cuerdas. «Tuvimos la suerte de estar en el lugar y momento adecuados», explica el doctor Pradeep Chitta, autor principal del estudio. Según los investigadores, cuando estas hebras se vuelven inestables, comienzan a romperse y reconectarse, provocando una reacción en cadena que desestabiliza toda la región y culmina en la explosión masiva.

Lluvia de plasma y partículas a media velocidad de la luz

Uno de los fenómenos más impactantes observados es lo que los científicos describen como «gotas de plasma lluvioso». Antes y después del estallido principal, filamentos de plasma caliente caen hacia la superficie solar a velocidades increíbles. La potencia de la reconexión magnética fue tal que aceleró partículas a entre el 40 % y el 50 % de la velocidad de la luz, unos 500 millones de km/h.

Las llamaradas solares más potentes pueden provocar tormentas geomagnéticas en la Tierra, afectando a satélites, redes eléctricas y comunicaciones de radio. David Pontin, coautor del estudio, destaca que lo observado «desafía las teorías existentes» y obligará a redefinir los modelos de predicción del clima espacial.

Entender este «motor central» de las erupciones solares permitirá a los científicos anticipar mejor cuándo una pequeña perturbación magnética tiene el potencial de convertirse en una avalancha de energía que impacte contra nuestro planeta.

«Este es uno de los resultados más emocionantes de Solar Orbiter hasta ahora», afirma Miho Janvier, científica adjunta del proyecto Solar Orbiter de la ESA. «Las observaciones revelan el motor central de una llamarada y enfatizan el papel crucial de un mecanismo de liberación de energía magnética similar a una avalancha», subraya.

De la llamarada solar a las auroras boreales

Las llamaradas solares son el fenómeno que está detrás de la aparición de auroras boreales en la Tierra, aunque en realidad todo forma parte de un proceso mucho más complejo. Cierto que todo empieza en las gigantescas explosiones que se producen en la superficie solar y que liberan una enorme cantidad de energía. Estos destellos de luz y radiación electromagnética (rayos X y luz ultravioleta) viajan a la velocidad de la luz y llegan a la Tierra en tan solo ocho minutos.

Pero el camino es más enrevesado, porque una llamarada solar por si sola no basta. Para que se produzca una tormenta geomagnética de grandes dimensiones y la posterior irrupción de auroras boreales la llamarada debería ir acompañada de una Eyección de Masa Coronal (CME), una nube gigantesca de miles de millones de toneladas de plasma (partículas cargadas: electrones y protones) y campos magnéticos. Esta nube es la que genera la aurora, pero su viaje es más lento ya que tarda entre uno y tres días en alcanzar la Tierra.

Pero, ¿cómo se produce el fenómeno? Esa nube de partículas viaja por el espacio como una ráfaga de viento solar ultra-potente. Si la dirección de la eyección apunta hacia la Tierra, la nube choca contra nuestro escudo protector: la magnetosfera. La clave para que se convierta en una tormenta geomagnética reside en la orientación magnética. Dicho de otra forma, si el campo magnético de la nube solar apunta hacia el sur se acopla con el campo magnético de la Tierra (que apunta al norte). Este proceso inyecta energía y partículas directamente en el entorno espacial terrestre.

Esta entrada masiva de energía provoca una perturbación importante en el campo magnético terrestre que, dependiendo de su severidad, puede dañar transformadores y redes eléctricas, dañar a los satélites y dificultar las comunicaciones.

Es su efecto más perjudicial, si se trata de tormentas muy potentes. El otro es el más espectacular: las auroras boreales. En este caso el campo magnético de la Tierra actúa como una barrera, pero en los polos (Norte y Sur), las líneas de campo son abiertas.

Cuando la nube solar choca, se produce un proceso llamado reconexión magnética. Este fenómeno actúa como un embudo que captura las partículas solares y las acelera hacia los polos, siguiendo las líneas magnéticas de la Tierra.

Luego, cuando esas partículas solares cargadas de energía finalmente entran en nuestra atmósfera (a unos 100-300 km de altura), chocan contra los gases que respiramos:al colisionar con el oxígeno emite luz verde (la más común) o roja (si es a mucha altura); si reacciona con el nitrógeno desencadena colores azules o púrpuras.

La aurora es, en resumen, el resultado de ver miles de millones de choques eléctricos entre partículas del Sol y gases de nuestra atmósfera, canalizados por el magnetismo terrestre.

Pero, ¿cómo ha sido posible que se hayan visto en Galicia? Para que las auroras bajen a latitudes como la de España se necesita una tormenta geomagnética severa (G4 o G5). Esto solo ocurre si las llamaradas solares vienen acompañadas de una eyección de la masa coronal (CME), generalmente por varias que se canibalizan entre sí.

Existen, sin embargo, matices. Para que ocurra una aurora boreal no siempre es necesario una llamarada solar. Basta con una eyección de la masa coronal, pero las más espectaculares, las que bajan a latitudes como España o el sur de Europa, suelen estar causadas por llamaradas solares de clase X (las más potentes). ¿Por qué? Porque estas grandes llamaradas actúan como el cañonazo que impulsa las CME más rápidas y densas.