Daniel Irigoyen adelgazó 60 kilos en un año sin operarse: «En público apenas comía. Luego me iba al "burger" y me pegaba un buen atracón»

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En la imagen de la izquierda, Daniel a finales del 2024, cuando pesaba 137 kilos. A la derecha, una fotografía del joven coruñés en la actualidad. «Ahora, estoy hecho un toro», dice.
En la imagen de la izquierda, Daniel a finales del 2024, cuando pesaba 137 kilos. A la derecha, una fotografía del joven coruñés en la actualidad. «Ahora, estoy hecho un toro», dice.

Un año transformador. Este joven gallego logró un increíble cambio físico sin recurrir a un cirujano. «En enero del 2025 llamé a mi entrenador personal y conseguí bajar 60 kilos en doce meses», confiesa el joven coruñés

02 feb 2026 . Actualizado a las 13:13 h.

«Aquí andamos, tío, ahora mismo me pillas hinchadísimo, con un mes de baja como mínimo por delante». Así relata Daniel Irigoyen (A Coruña, 1996) la que es su situación actual, después de haberse operado el pasado martes, 20 de enero, para quitarse la piel sobrante. Esta intervención supuso su último paso en un camino que inició a comienzos del 2025. «Recuerdo salir de fiesta esa Nochevieja y, una vez terminó todo, me monté en mi coche para volver a casa y pensé: “¿Qué estás haciendo con tu vida?” Me gustaba mi trabajo, pero no estaba a gusto con mi físico y mis hábitos, por lo que al día siguiente cogí mi teléfono y llamé a un entrenador personal», relata. Este no fue el único intento de Daniel para bajar de peso, desde su época en el instituto trató de adelgazar en varias ocasiones, y aunque explica que casi siempre solían quedarse en conatos de uno o dos meses, durante la pandemia logró progresar bastante en su objetivo: «Perdí unos 30 kilos. Vivía con mis padres en una casa grande, por lo que tenía espacio para hacer ejercicio, lo que me facilitó el proceso». No obstante, a raíz de iniciar su etapa laboral, sufrió un fuerte efecto rebote. «Me dedico a la puesta en marcha de centrales eléctricas. Es un trabajo en el que viajas mucho a nivel internacional y que me trajo mucho estrés y tareas. Me dedicaba poco tiempo a mí mismo y siempre terminaba pidiendo comida rápida a domicilio, así que acabé regresando al punto de partida, o incluso a uno peor», explica.

Dani viajó por varios países durante los últimos años, intercalando estancias mensuales aquí y allá. Pese a su satisfacción laboral, cada día que pasaba se convertía en un reto más difícil para él, que veía como su sobrepeso condicionaba su vida: «Cosas tan sencillas como bajar y subir al coche me costaban un mundo. Ir en avión se me hacía una experiencia incomodísima, ya que ocupaba un sitio y medio. En cuanto a mi salud, además de tener más dificultad para respirar, tosía un montón, porque aparte de mi mala alimentación, fumaba». Todo esto fue formando una bola de nieve cada vez más grande que aumentó su ansiedad, la cual trataba de paliar comiendo más, lo que le hizo entrar en un círculo vicioso.

«A nivel social fue muy jodido. Recuerdo que iba a cenar por ahí con mis amigos o con alguna chica y comía muy poco, después me iba a casa y me pegaba unos atracones de locura. Paraba en un burger que me quedase de camino y compraba cinco hamburguesas», confiesa. No solo se avergonzaba de la cantidad de comida que ingería, Dani también llegó a sentirse inferior a los demás: «Salíamos de fiesta y yo, que estaba muy mal mentalmente, siempre me emborrachaba para desinhibirme y ganar seguridad, porque mis colegas se ponían a ligar por ahí, y yo no me comía un colín». Al alcohol, el tabaco y a la nefasta nutrición le acompañó una actividad física nula, en la que las visitas al gimnasio suponían toda una novedad para él.

Daniel llegó a pesar 140 kilos a finales del 2024, un peso incompatible con vestir las principales marcas de ropa. «Miraba la báscula y me ponía a llorar. Estuve dos años sin renovar el vestuario. Ir al centro comercial de compras era un suplicio para mí, entraba en Zara, cogía la talla más grande y aun así la mayoría de cosas no me servían o me quedaban como si fuese una enorme tienda de campaña. ¿Para qué iba a ir a los comercios, si total nada me servía?», narra.

EL MOMENTO DEL CAMBIO

Dani tuvo claro su propósito para el 2025 y se puso manos a la obra: «Mi compañero de piso había bajado varios kilos y tenía un entrenador personal, así que le pedí su contacto y, como te comenté antes, lo llamé. Me dio un tiempo de espera de unos cinco meses, pero me ofreció varios consejos con los que empezar». En el primer mes de dieta, el joven perdió 15 kilos, un logro que describe como importante, pero que por anteriores intentos, no constituía nada definitivo. «Es importante no desesperarse, hay semanas que parece que estás estancado y otras en las que notas una evolución bastante grande. Me sacaba fotos cada dos semanas y se las pasaba a mi entrenador para ir viendo mis progresos. Aparte, hicimos un Excel en el que incluimos la evolución de las medidas de varias partes de mi cuerpo», cuenta. Este cambio físico se construyó sobre dos pilares fundamentales: el deporte y la dieta. Sobre el primero, explica que dedicó la mayoría de sus esfuerzos a los ejercicios de fuerza: «Iba cinco días a la semana al gimnasio y levantaba pesas. Allí no hacía cardio, prefería caminar los 10.000 pasos obligatorios dando una vuelta por la calle». Para Dani, el entrenamiento no fue lo más duro del proceso, sino cambiar su alimentación. «La dieta fue mi mayor problema, no en el sentido de pasar hambre, que no la pasé en ningún momento, pero sí que me costaba controlar la gula. Lo peor era cuando mis amigos me invitaban a comer sushi y me decían que por un día no pasaba nada, pero yo huía de la tentación y me quedaba en casa», indica. Fue su propio entrenador quien le preparó un plan nutricional específico, que se basó, primero, en abandonar las grasas saturadas y los azúcares, y segundo, en una gran ingesta de proteínas y verduras, y en una más reducida de carbohidratos (arroz, pasta y patatas). No obstante, se permitía un capricho cada dos semanas.

Un año después y a punto de cumplir los 30, Daniel ha bajado hasta los 80 kilos, 60 menos que el pasado enero, pero todavía no está conforme: «Cuando ves todo lo que fuiste capaz de progresar durante doce meses te dices a ti mismo: “¿Hasta dónde puedo llegar?” Cuando me recupere de la cirugía de la piel, quiero seguir trabajando y exprimiéndome para ser la mejor versión de mí mismo a nivel físico». Si bien el coruñés continuará cuidándose e intentará aumentar su musculatura, a día de hoy se encuentra a gusto y está más sano que nunca. «Descanso muchísimo mejor que antes y soy incapaz de quedarme en casa más de dos horas, así que imaginarás cómo lo estoy pasando con el posoperatorio, ja, ja, ja. En diciembre fui al hospital a hacerme un reconocimiento médico y es la primera vez en mi vida que todo me da perfecto. Ya no tengo la tensión alta y los resultados de los análisis fueron buenos, estoy hecho un toro», concluye.