Otro pulso que Sánchez no podía ganar

Francisco Espiñeira Fandiño
Francisco Espiñeira SIN COBERTURA

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la secretaria general del PSOE de Aragón, Pilar Alegría, y el secretario general del PSOE de Teruel, Rafael Guía.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la secretaria general del PSOE de Aragón, Pilar Alegría, y el secretario general del PSOE de Teruel, Rafael Guía. Antonio Garcia | EFE

05 feb 2026 . Actualizado a las 21:24 h.

Era visto. Pedro Sánchez tuvo que ceder y hacer de la necesidad virtud. Otra vez. El peso de votar el domingo en Aragón con el suspense sobre las pensiones era otra losa que amenazaba con hundir aún más a Pilar Alegría. Por eso, la estrafalaria campaña de culpar a la oposición de la imposibilidad del Gobierno para gobernar no iba a ningún lado. De hecho, solo pone de manifiesto la inutilidad de una legislatura encallada desde la aprobación de la amnistía. La revalorización de las pensiones, como el incremento salarial de los funcionarios —más de quince millones de votantes en total— deberían recogerse en unos presupuestos que están más anunciados que el fin del mundo por Nostradamus. Sobrepasado el ecuador de la legislatura, Sánchez y el PSOE siguen gobernando con unas cuentas del 2022 que no se corresponden para nada con la realidad actual del país.

Por eso, a Sánchez no le quedó más remedio que ceder a lo evidente. Y ese decreto ómnibus que no se podía trocear, se partió por segundo año consecutivo porque así se lo exigieron sus socios de investidura, en este caso el PNV, que se apuntó una parte del tanto de reducir el número de perjudicados por el escudo social a los inquiokupas.

Ningún partido en su sano juicio votaría en contra del colectivo de votantes más numeroso del censo. Y menos en año preelectoral y con comicios tan importantes como los de Aragón, Castilla y León y Andalucía en marcha. Tampoco el PP. Y, como pasó en el 2024, el PSOE ha tenido que enmendarse a sí mismo para salir de un atolladero generado por el propio Gobierno.

Hasta el Constitucional tiene claro que los decretos ómnibus no se ajustan a la legalidad. Pero el problema para Pedro Sánchez es que solucionar las pensiones le obliga a enfrentarse a Podemos —lo de Sumar da igual, porque su proceso de descomposición les obliga a aceptar todo lo que les digan para seguir en el sillón, da igual la compra de armas a Israel, la cesión de las competencias migratorias a Junts o lo que sea— y a otros socios de investidura.

La legislatura sigue boqueando, pero en la burbuja de la Moncloa insisten en que el adelanto electoral solo adelantaría la tragedia de la derrota. Sánchez lanzó el pulso a Alberto Núñez Feijoo, pero no tenía ninguna posibilidad de ganar. Como en el cuento de Pedro y el lobo, la amenaza de la ultraderecha ha dejado de preocupar a una parte importante del electorado y el PSOE se ha dejado buena parte de su credibilidad en batallas estériles contra Trump y otros molinos imaginarios. Mientras seguimos esperando por los Presupuestos más anunciados de la historia, los pensionistas cobrarán la revalorización del IPC como estaba previsto. Hay órdagos que son imposibles de ganar. Incluso para Sánchez.