Todas las miradas puestas en Bad Bunny a 24 horas de la Super Bowl más tensa de la era Trump
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El puertorriqueño protagonizará el primer espectáculo de este evento deportivo con un repertorio íntegramente en español. Green Day también subirá al escenario, todo ello en medio de un férreo control migratorio por parte del ICE
07 feb 2026 . Actualizado a las 19:47 h.Bad Bunny pasará a la historia este domingo en la Super Bowl con el primer espectáculo de medio tiempo con un repertorio íntegramente en español de la historia de este multitudinario evento deportivo. Sin embargo, la amenaza del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en inglés) es constante, sobre todo teniendo en cuenta que una gran parte de la comunidad de seguidores del puertorriqueño es latina. Este grupo está especialmente amenazado en Estados Unidos desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, acometiendo redadas antiinmigración en las que se acecha a los inmigrantes sospechosos de estar de manera ilegal en el país. Y es que el tema migratorio ha marcado los prolegómenos de este encuentro, con versiones sobre un posible refuerzo de la vigilancia por parte de las autoridades fronterizas durante la actuación. Miles de personas acudirán al estadio de Santa Clara, en California, para ver a los Patriots de Nueva Inglaterra contra Seattle Seahawks, pero quien no estará allí será el presidente americano, quien calificó de «pésima» la decisión de la NFL de que el espectáculo musical corra a cargo del artista de Puerto Rico y de la banda Green Day. Esta ausencia no es común entre los máximos mandatarios estadounidenses pero en este caso Trump alegó que ni conocía a Bad Bunny ni le gusta, un argumento que aplica también a Green Day, además de subrayar la gran distancia que separa Washington del estadio de Santa Clara en California (casi seis horas de avión).
Poco se sabe de momento de los 13 minutos de actuación que ofrecerá Bad Bunny, más allá de que convertirá el escenario «en una gran fiesta» y que llevará «mucha cultura puertorriqueña», según adelantó en una rueda de prensa el pasado jueves. La combinación de la soberanía cultural del artista latino con la rebeldía punk de Green Day convertirán el espectáculo en un símbolo de resistencia frente al Gobierno, prometiendo ser uno de los espectáculos más recordados de la historia del deporte rey estadounidense.
Bad Bunny hizo toda una declaración de intenciones hace unos días en la gala de los Grammy en Los Ángeles, donde recogió el galardón a mejor álbum de música urbana y le mandó un mensaje directo al presidente Trump (quien ha manifestado su oposición a la actuación del artista en la Super Bowl): «No somos salvajes, no somos animales, no somos aliens (término designado a cualquier persona que no sea ciudadana o nacional estadounidense). Somos humanos y somos americanos», reivindicó.
A pesar de la oposición de la Casa Blanca y que el evento deportivo tenga lugar en uno de los momentos más tensos de la era Trump, Bad Bunny está en su mejor momento: se ha coronado como el icono cultural de la década y está arrastrando todavía el triunfo de los Grammy, además de estar inmerso en una ambiciosa gira mundial que le está llevando a recorrer Latinoamérica y que de cara al verano le hará pisar Europa, algo poco habitual en él, con nada menos que una decena de conciertos en Madrid y otros tantos en Barcelona o la vecina capital portuguesa de Lisboa.
El escenario más estadounidense en español
El anuncio de Bad Bunny como cabeza de cartel del descanso fue una decisión que ni la propia NFL supo dimensionar. De hecho, la elección ha sorprendido por el riesgo que asume la que se ha considerado históricamente la institución deportiva más conservadora del país al entregar su horario de máxima audiencia a un repertorio exclusivamente en español.
El comisionado de la NFL, Roger Goodell, ha reafirmado su apoyo a Bad Bunny incluso después de sus palabras en los premios más importantes de la industria musical: «Es uno de los grandes artistas del mundo», dijo en una rueda de prensa. Lo que para la industria musical responde a la consecuencia del éxito del «conejo malo», respaldado por cifras que lo sitúan como el artista más escuchado del planeta, para los sectores más conservadores del Partido Republicano ha supuesto una afrenta a la tradición y a la identidad del espectáculo.
Ante la incertidumbre, el comité organizador aclaró que no se contempla la puesta en marcha de operativos especiales durante la celebración del Super Bowl LX, de acuerdo a un memorando obtenido por The Washington Post y The Athletic. A pocas horas del evento, en las calles de San Francisco comenzaron a aparecer carteles con los mensajes «ICE Out» y «Chinga la migra», expresiones cargadas de un histórico sentimiento de resistencia chicana y latina. Las pancartas forman parte de una campaña que usa como emblema al sapo concho —un anfibio endémico de Puerto Rico en peligro crítico de extinción que Bad Bunny ha adoptado como símbolo autóctono de su reciente gira— para exigir el fin de las operaciones del ICE.
Green Day, la guinda del pastel
A la actuación de Bad Bunny se suma la de Green Day, una de las voces más feroces contra el Gobierno de Trump. La banda de Billie Joe Armstrong, que ha hecho del activismo político una seña de identidad en su carrera, llega al Levi's Stadium de Santa Clara, en California, con el antecedente de su sonada participación en el Festival Coachella del 2025. «No somos parte de la agenda de odio», proclamó el grupo en medio del desierto californiano.