El país árabe se blinda contra el grupo yihadista escolarizando a los menores para evitar su captación como reclutas
16 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.En el pueblo de Tel Dibis, al norte de la localidad siria de Idlib, los vecinos han comenzado a reconstruir todo. Uno de ellos, Abu Abdo pasea señalando los edificios más esenciales para la comunidad. «Primero empezamos a construir la mezquita, luego la farmacia y el centro de atención primaria. Pero aún nos faltan fondos para la escuela», cuenta. El centro de enseñanza local está en ruinas por cortesía de las fuerzas del depuesto régimen de Bachar al Asad y la aviación rusa. Y como en otros pueblos, la reconstrucción y escolarización de los niños se ha convertido en una prioridad desde que células y lobos solitarios de Estado Islámico (EI) se han comenzado a mover para captar nuevos reclutas para la yihad.
El Ministerio del Interior ha desarrollado un programa de prevención y control en coordinación con el de Defensa para evitar engordar las filas de la organización terrorista. Abu Swaida, un coronel del Ejército que se protege bajo ese alias, explica que en el extenso programa de vigilancia del Gobierno del presidente Ahmed al Sharaa, «nuestra prioridad es monitorear a los líderes religiosos; especialmente los que predican entre comunidades más jóvenes, porque son más vulnerables». El oficial reseña que, desde que acabó la guerra, la gente que se encuentra en circunstancias precarias es un gran caldo de cultivo para los reclutamientos del grupo yihadista, aislado principalmente en el desierto del sur del país.
Establecer la prioridad en salvar a la juventud es una doble victoria. Faed se ha reunido con sus alumnos en tiendas de campaña que sirven a modo de aulas en Tel Dibis y remarca lo esencial de su labor. «Este país está destruido, y su gente se destruyó con él. Las nuevas generaciones son el futuro de Siria, pero tienen que poder salir adelante y elegir un buen camino para prosperar y que nuestras comunidades prosperen», cuenta mientras enseña libros de texto. «Una sociedad no se puede levantar sobre la ignorancia, y tampoco sobre el radicalismo», apunta.
Sin embargo, el desafío es mayúsculo. Un informe del Consorcio de Comunidades Sirias en colaboración con organismos europeos apunta a que «hay aproximadamente 5,5 millones de menores en edad escolar en Siria, el número de niños no escolarizados representa casi la mitad de la población total en edad escolar, lo que es perjudicial para cualquier esfuerzo de recuperación y reconstrucción». En las carpas que funcionan como clases, donde los alumnos aprenden entre charcos de lluvia que no drenan y un frío gélido, se cuentan 342 menores.
Hacia el futuro del país
La población rural de Siria representa prácticamente un tercio de la cifra total de habitantes del país árabe. Y desde Damasco hasta Alepo, el país se ha llenado de jóvenes sin futuro que viven en comunidades destrozadas. Muchos de ellos, dedicados al campo, no pueden volver debido a la proliferación de minas antipersona. Por eso, optan por el Ejército en su mayoría. Pero Faed no quiere tirar la toalla. «De aquí tienen que salir médicos, abogados, políticos honestos, arquitectos… si no, ¿qué país quedará? Si no hacemos un esfuerzo, Siria se verá atrapada en la misma pesadilla», remarca.
Yamin tiene diez años. Los mismos que su compañera de clase Lubna y que su amigo Yaser. Y los tres quieren labrarse un buen oficio para el futuro. «Médico», apunta uno de ellos. Este país tiene una gran tradición sanitaria.
Algunos padres se vieron tentados en algún momento de la guerra con ingresar al Estado Islámico. «Tienen una lengua de miel. Te ofrecen el jannah [el paraíso] en la tierra, y tienen un discurso muy atractivo. Saben cómo atraer a la gente, son muy peligrosos», cuenta Abdulá, otro alias por evidentes motivos de seguridad. «Yo hice una especie de curso de 28 días que hacían al principio para adoctrinar y preparar para combatir, pero enseguida vimos de qué iban, y nos fuimos», relata. Abdulá paso de ser un futuro yihadista a combatir a los milicianos del autoproclamado califato por Abu Bakr al Bagdadi en el 2014.
De hecho, muchos de estos padres no han escolarizado a sus hijos porque no se fían de los profesores o de los imanes que les enseñen el Corán. Prefieren educarlos en casa, a resguardo del mal tiempo y de ideologías peligrosas. Pero son muy pocos, y la mayoría de padres se fían de profesores como Faed.
Ibrahim volvió hace poco al pueblo. A sus 40 años, ha escolarizado a su hijo porque está cansado de huidas y luchas. «El régimen educaba radicales, Daesh [acrónimo árabe del Estado Islámico] educaba radicales. Y queremos que nuestros hijos construyan una Siria libre, lejos de esas ideas».
Unas ideas que, con la fuga de combatientes yihadistas de las cárceles del nordeste sirio durante los choques entre el Gobierno y las milicias kurdas, pueden diseminarse por todo el país. «Lo peligroso es que nunca se sabe quiénes son. Podrían estar tomando un café a tu lado y ni te darías cuenta», dice Abu Swaida.