Estos comportamientos son machistas aunque no te lo parezca

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Dos sociólogos explican algunas actitudes cotidianas que fomentan la desigualdad de género. «Hay gente que al ver lo de "micro" considera que no tiene importancia, pero son pequeñas prácticas que se normalizan en nuestro entorno», afirman

24 feb 2026 . Actualizado a las 13:24 h.

Hace unos pocos años, el término micromachismo se coló en el diccionario de la RAE y en el que en su definición se puede leer: «Forma de machismo que se manifiesta en pequeños actos, gestos o expresiones habitualmente inconscientes». Por eso, algunos de los comportamientos sociales que vemos en el día a día es probable que se pasen por alto. El sociólogo y profesor de la USC Jorge G. Marín y la socióloga y profesora de la UDC Raquel Martínez Buján explican en qué consisten. 

Paternalismo laboral

Ellos organizan, ellas administran. «Tiene que ver con una manipulación emocional y también conecta con el mansplaining —cuando los hombres explican conceptos a las mujeres de forma condescendiente—. Es volver siempre a la concepción de quién tiene el saber y, en cierta manera, quién es simbólicamente el que decide en esta sociedad», indica Jorge G. Marín, sociólogo y profesor de la USC. «Por ejemplo, en el trabajo, cuando habla una mujer se le interrumpe de forma más constante y se le atribuye más autoridad a la voz masculina. En las reuniones, puede que los hombres hablen más. Además, ellos se dedican a organizar, mientras que ellas hacen las tareas administrativas», afirma Raquel Martínez Buján, socióloga y profesora de la UDC

Menos comida para ella

¿Necesitan menos calorías para el cuerpo? Eres chica, acercas el plato para que te sirvan y te das cuenta de que te ponen menos cantidad de comida que al chico que tienes al lado. Terminas de comer, te quedas con hambre y te planteas si se nota que vas al gimnasio. «Este consistiría en un micromachismo encubierto, donde se supone que el hombre es más fuerte, hace más cosas y necesita comer más. Cuando se generaliza y se pone como vara de medir que la fuerza o la agresividad o lo que queramos es de dominio masculino, terminas haciendo un todo de las personas que componen ese exceso», afirma Marín. «Por desgracia, nos enfrentaremos a micromachismos más explícitos que este», puntualiza Martínez.

El alcohol para él

¿Por qué cuando ella pide alcohol los camareros atribuyen que es para su acompañante varón? «Son prácticas sutiles que al final son normalizadas y que representan lo que se espera simbólicamente de un hombre y de una mujer. En el contexto de las relaciones sociales, esto supone que ellas comen menos, no beben alcohol e incluso se espera que no paguen la cuenta. Hay una práctica normalizada de posición diferencial en la que los hombres tienen cierta dominación y en la que de las mujeres se espera una complacencia. En sí mismo no opera una violencia explícita, pero sí contribuye a reproducir desigualdades», explica Martínez. «Tradicionalmente, el hombre era el que bebía o fumaba y ocupaba el ámbito de lo público, la mujer estaba en lo privado. Por lo tanto, queda esa pequeña idealización de algo que se termina reproduciendo de forma mecánica, es un acto casi reflejo», añade Marín.

El «manspreading»

La invasión del espacio. Te subes al transporte público y el hombre que tienes al lado abre tanto las piernas que no te queda hueco para ir cómoda. Eso es el manspreading. «En nuestras sociedades de diferencia de género, desde que somos niños, empezamos ocupando el patio escolar jugando al fútbol y relegando a las niñas a un rinconcito. El manspreading conecta con la ocupación de espacios», explica Jorge G. Marín. Por su parte, Raquel Martínez lo vivió en su propia piel. «Descubrí el concepto después de ir en un AVE de Madrid a A Coruña. Yo estaba trabajando con el portátil sobre la mesa. Iba sentada normal y noté que las piernas del chico de enfrente sujetaban las mías. Estaban tan estiradas que yo no podía mover los pies. Le dije amablemente que me estaba molestando y me respondió que era culpa mía. Me sentí violentada», confiesa. 

El cambiador en el baño de mujeres

Los pañales no solo son cosa de ellas. Todavía se sigue viendo en aeropuertos o centros comerciales que solo en el baño de mujeres está el espacio para cambiar pañales. «El cambiador no debería estar solo dentro de un baño masculino o femenino, sino fuera o en ambos servicios», afirma Raquel Martínez. «El cuidado no es algo que todavía las personalidades masculinas, mayoritariamente, lo entiendan como parte de su identidad. Cuidar, como se hace gratuitamente, es algo que socialmente a muchos no les interesa hacer. Es más provechoso dedicarle el tiempo no solo a ganar dinero, sino también a invertirlo en uno mismo. En la petición de permisos por el cuidado, las que lo ejercen más son las mujeres. Ahí están las estadísticas. Esto nos remite a la clásica división histórica donde las mujeres trabajaban en casa y ellos fuera», dice Jorge G. Marín.