Carlos Cuevas, actor: «Ver el fútbol es un entretenimiento, saltar desde una montaña es algo más profundo»
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El catalán estrena «La fiera», una película basada en hechos reales sobre los precursores del salto BASE en España y da vida a Carlos Suárez. «De los protagonistas hemos aprendido que no es que no sientan miedo, sino que lo tocan desde otro lugar», confiesa
20 feb 2026 . Actualizado a las 19:30 h.Carlos Cuevas (Barcelona, 1995) lleva toda su vida entre guiones y claquetas. Con tan solo 9 años, se convirtió en el pequeño Biel Delmàs en la serie Ventdelplá. Al llegar a la veintena, rompió corazones y causó flechazos por la filosofía entre los más jóvenes encarnando a Pol Rubio en Merlí. En El 47 se subió al autobús de Manolo Vital para hacer un guiño interpretando a Pasqual Maragall y algunos también lo recordarán viajando al pasado como Marcos García de Blas, un periodista enamorado de la primogénita de la familia Alcántara en Cuéntame cómo pasó. Fan de Sartre, del Barça y del agua con gas, Cuevas parece haberse colado en nuestras pantallas para no marcharse nunca.
—¿Cuántas veces te han podido preguntar si te has tirado de verdad al vacío en esta película?
—¡Muchísimas! Todas las que me puedes imaginar.
—¿Qué sentiste al probarte por primera vez el traje que usan los saltadores BASE?
—Pues mira, si te digo la verdad, nos dio mucha impresión, porque llevábamos bastante tiempo trabajando con el guion y ya teníamos mucha historia a las espaldas. Sentimos que con ese traje puedes vivir experiencias increíbles y a la vez dramáticas.
—La verdad es que a los tres os pega hacer deportes extremos...
—Si me conocieras creo que no lo pensarías tanto porque soy más tranquilo, la verdad. Pero bueno, lo celebro. Eso es que os la hemos colado en la peli [risas].
—¿Lo de hacer escalada tampoco? Parece que llevas años practicando...
—¡No, no! Tampoco. Todo nuevo totalmente, fue la primera vez que hice escalada.
—El salto BASE es un deporte muy mental...
—Lo es, porque requiere mucha concentración, mucha técnica y una preparación muy buena. Hay quien se lo toma desde un lugar muy espiritual, de cohesión con el entorno. Así que sí, hay muchas maneras de afrontarlo.
—Miguel Bernardeau dijo que de su personaje, a nivel personal, había aprendido a cómo gestionar la muerte y relativizarla. No sé si tú estás de acuerdo con esto...
—De este grupo de personas hemos aprendido que no es que no sientan miedo, sino que lo tocan desde otro lugar. Es una cosa que tienen más cerca de lo que lo tenemos en la ciudad, por decirlo de alguna manera. Entonces conviven mucho más a menudo con la muerte y la tienen como una de las opciones posibles. Sí que me ha ayudado a no darle tanta importancia a la muerte y a entender que está todo el rato. No podemos hacer ver que no está.
—Llevándolo un poco al lado filosófico, esta película tiene su punto existencialista. Al final el ser humano está condenado a ser libre...
—Bueno, a intentarlo al menos. Porque estamos por aquí un ratito y está guay hacerse la pregunta de si estamos haciendo lo que queremos.
—Dijiste que en los contratos que firmáis hay cosas que os prohíben para evitar lesiones. ¿Hay alguna actividad de las cláusulas que estuvieses tentado a hacerla?
—Es bastante común en los rodajes de toda España, no solo de esta película. Pero lo mismo le pasa a los deportistas, como que simplemente te piden que no te lesiones un tobillo porque entonces no podrías rodar. Pero no, no hay nada, la verdad. Soy bastante prudente. Nunca he tenido la tentación de hacer grandes cosas extremas.
—Viendo al Barça es donde descargas adrenalina y te olvidas del mundo. Entonces, ¿ver los partidos para ti es el equivalente a hacer salto BASE?
—¡No, no! [Risas]. Porque no estás con miedo, ni en riesgo, ni te juegas la vida, ni hay una conexión tan profunda con la naturaleza ni es una decisión tan meditada. Es diferente. Ver el fútbol es un entretenimiento y saltar desde una montaña creo que es algo un poco más profundo y más trascendental en el currículo de alguien.
—Si ahora mismo estás en la Torre sin nombre, desde donde se lanzan los protagonistas en la película, y se te concede cualquier deseo si te tiras, ¿por qué cosa lo harías?
—Por que toda mi gente esté bien.
—Tu personaje en la película cumple 35 años y, tal y como le dice Armando, ahí empiezan las dudas existenciales. Tú ahora mismo tienes 30, ¿ya comienzas a tenerlas?
—Yo creo que las tengo desde los 12. Siempre me he preguntado dónde quiero estar y a qué quiero dedicar mi tiempo, la verdad.
—Como preparar una media maratón...
—Sí, por ejemplo. Esto lo hago para no pensar tanto.
—Como datos curiosos, no te gusta el fuet, bebes agua con gas y tus amigos te llaman TripAdvisor...
—Pues no como carne desde hace 10 años, bebo mucha agua con gas y soy muy curioso, me anoto muchas cosas en el teléfono. Apunto los restaurantes o los lugares que me han gustado y los tengo siempre a mano.
—También eres socio de una marisquería...
—¡Sí! Desde hace años.
—Entonces, si pides zamburiñas y te ponen «volandeiras», sabrías diferenciarlas...
—¡Sí, claro! [Risas].
—¿Alguna vez te has buscado en ChatGPT?
—No, la verdad. Nunca he hecho la investigación.
—Pues si le preguntas algo sobre ti responde: «Se muestra reflexivo y honesto. No tiene una imagen de estrella distante»...
—Mira, ¡pues qué bien! Es más listo de lo que creía [risas].