Fallece a los 93 años Antonio Tejero, brazo ejecutor del 23F, el mismo día en que se desclasificaron los papeles del golpe

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Antonio Tejero fue vitoreado por los manifestantes de extrema derecha que se dieron cita en Mingorrubio
Antonio Tejero fue vitoreado por los manifestantes de extrema derecha que se dieron cita en Mingorrubio David Fernández | EFE

Con él se marcha la última cara visible entre los autores del golpe, tras las muertes del general Alfonso Armada, el teniente general Jaime Milans del Bosch y el dirigente ultraderechista Juan García Carrés

25 feb 2026 . Actualizado a las 19:41 h.

El exteniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, que protagonizó la intentona de golpe de Estado el 23F, ha fallecido este miércoles a los 93 años, ha confirmado a EFE el despacho de abogados que representa a su familia. La muerte de Tejero se ha producido dos días después del 45 aniversario del 23F y el mismo día en que el Gobierno ha desclasificado los documentos relacionados con el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

Se hizo famoso por su ruidosa y amenazante entrada en el templo de la soberanía inicial hace casi 45 años, pistola en mano, pero ha dicho adiós de forma silenciosa y acompañado solo de su familia. Antonio Tejero Molina, quien fuera teniente coronel expulsado de la Guardia Civil por su papel protagonista de la intentona fallida de golpe de Estado perpetrada el 23 de febrero de 1981, ha muerto este miércoles a los 93 años. Precisamente los últimos años los ha pasado en la localidad de Torre del Mar, en plena Costa del Sol, donde ha vivido de forma muy discreta y con contadas salidas públicas lo que llevamos de siglo XXI, en contraste con lo conocido que fue su rostro en las dos últimas décadas del siglo anterior.

Con él se marcha la última cara visible entre los autores del golpe, tras las muertes del general Alfonso Armada (2013), el teniente general Jaime Milans del Bosch (1997) y el dirigente ultraderechista Juan García Carrés (1986), precisamente amigo de Antonio Tejero y el único civil condenado en los tribunales por el 23-F. Nacido el 30 de abril de 1932 en la localidad malagueña de Alhaurín el Grande, Tejero era hijo de un maestro republicano y agnóstico y de una ama de casa. Ingresó en la Academia General Militar de Zaragoza en 1951, donde se formó en un ambiente fuertemente nacionalista que promulgaba el anticomunismo y el antiliberalismo, ideas que en su caso fueron particularmente exacerbadas.

Formaba parte de la I Promoción de la Guardia Civil, algo que le marcaría tanto profesional -haciendo que tuviera una carrera militar rápida, empezando como teniente en 1955- como personalmente. Fue destinado a Melilla, donde conoce a la que sería su esposa, Carmen Díez Pereira (hija de guardia civil) y con la que tendría seis hijos -uno de ellos (Antonio) llegaría a ser teniente coronel del cuerpo como su progenitor y otro sacerdote (Ramón)- que les darían 16 nietos. Su primer mando, ya como capitán, fue en 1958 al frente de la comandancia de La Cañiza (Pontevedra). Después pasaría a la de Vélez-Málaga y, ya como comandante, a la de Las Palmas (Gran Canaria), para ir después a la de Badajoz. Fueron los años más tranquilos de su carrera.

En 1974, con solo 41 años, asciende al rango de teniente coronel que mantendría ya hasta su expulsión del cuerpo. Un año más tarde, como muestra de confianza, los altos mandos le sitúan primero como alto cargo de la Guardia Civil en San Sebastián, luego como responsable de la Comandancia de Vitoria (Álava) y más tarde al frente del acuartelamiento del cuerpo en la capital guipúzcoana, por lo que conocería de cerca los primeros movimientos de la banda terrorista ETA. También allí tendría sus primeros arrestos por aplicar sus concepciones ideológicas a las labores profesionales -uno de esas disputas fue con el entonces ministro de Interior, Rodolfo Martín Villa, por ordenar éste la retirada de los guardias de las localidades con más de 20.000 habitantes-, algo que se repetiría en su siguiente destino como jefe de la Comandancia de Málaga.

La 'Operación Galaxia', el precedente En tierras malagueñas, además de sus diferencias con los superiores, protagonizó el primer incidente destacado de su carrera, al ordenar a sus agentes en octubre de 1977 impedir una manifestación política autorizada, lo que terminó costándole un mes de arresto. Un año más tarde, la cosa iría a mayores porque Tejero se reunía discretamente con otros mandos militares -entre ellos, el capitán de la Policía Armada Ricardo Sáenz de Ynestrillas- para diseñar la 'Operación Galaxia', llamada así por el nombre de la cafetería madrileña en la que se vieron. Era un anticipo de lo que llegaría cuatro años después, solo que en aquella ocasión su intención era tomar directamente el Palacio de La Moncloa -que tenía ya como inquilino a Adolfo Suárez- con varias unidades de la Guardia Civil dirigidas por él mismo. Finalmente fue descubierto antes de ejecutar sus planes, procesado y condenado a siete meses de cárcel, tiempo que uso para meditar en lo que había fallado en sus planes y empezar a pensar en un nuevo proyecto golpista que desembocaría en el 23-F-.

En la mañana de aquel día de febrero de 1981 -en que se iba a votar la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo (UCD) tras la dimisión de Suárez- Antonio Tejero entraba uniformado en el Congreso e irrumpía en el pleno al grito de «quieto todo el mundo», gritando casi acto seguido a diputados, ujieres y periodistas que se echaran «al suelo». Fueron apenas 30 segundos donde se pasó de la sorpresa al miedo sin solución de continuidad, con el propio teniente coronel y sus hombres haciendo varios disparos intimidatorios al techo para imponer la ley del más fuerte. Poco después, uno de sus hombres de confianza hablaría a los diputados con otra frase recordada: «vamos a esperar a que venga la autoridad militar competente para disponer lo que tenga que ser. autoridad militar por supuesto.». A priori, era el general Alfonso Armada, aunque a lo largo de los años se ha generado alguna duda al respecto que tampoco ha ido a más.

La historia es ya bien conocida, con otras unidades militares tomando esa misma noche los estudios de RTVE y rodeando el Congreso. Lo planificado es que también se fueran movilizando varias Comandancias en distintas regiones, lo que los golpistas consiguieron de forma parcial en un principio con la famosa imagen de los tanques mandados por el teniente general Milans del Bosch recorriendo varias calles de Valencia e incluso la salida frustrada de la División Acorazada Brunete desde su acuartelamiento a las afueras de Madrid. Pero el reloj avanzaba en su contra porque la voz superior que esperaban no se pronunció a su favor y lo que se produjo fue el no menos conocido discurso del entonces rey Juan Carlos I donde, «para evitar cualquier posible confusión», éste confirmaba que había ordenado a las autoridades civiles y militares que tomasen «todas las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente».

«Con Franco, me fusilarían» Desde ese momento, la cúpula militar se desentendía de la intentona y Milans del Bosch retiraba los tanques. El general Armada sintió que los planes habían fallado y trató de convencer a Tejero -quien solo respondía a las instrucciones de Milans- para que desistiera a cambio de una especie de gobierno de salvación nacional, a lo que éste respondió indignado echándole del Congreso. El golpe fracasó y el teniente coronel se entregó. Sería juzgado al año siguiente por el Consejo Supremo de Justicia Militar junto a sus socios, asumiendo de antemano lo que le esperaba. «Me van a caer treinta años y, si estuviéramos en tiempos de Franco, me fusilarían», le dijo a su abogado poco antes de la vista oral, donde hablaría, entre otras cosas, del papel de los servicios secretos -entonces llamados CESID- en la intentona, aunque luego no se profundizó en esa vía.

Acertó de lleno. Tanto a él como a Milans del Bosch se les impuso la pena máxima: 30 años de cárcel por un delito de rebelión militar. Armada, sin embargo, se vio favorecido al considerarle solo «conspirador» con seis años de prisión, pero en 1983 el Tribunal Supremo igualó su pena a los otros dos tras revisar la sentencia y atribuirle el mismo grado de culpabilidad. En la práctica, Antonio Tejero sería el reo del 23-F que más tiempo pasó entre rejas. Expulsado de la Guardia Civil, pasó por los centros penitenciarios militares de A Coruña, Figueras (Gerona), Alcalá de Henares (Madrid) y Cartagena (Murcia). Quedaría en libertad condicional el 3 de diciembre de 1996.

Desde entonces, repartiría su tiempo entre Málaga, Madrid y en ocasiones las tierras gallegas, dedicando muchas horas a la pintura, afición que tomó en la cárcel. Sus intervenciones y, sobre todo, sus apariciones públicas fueron más que contadas. En 2006, por ejemplo, diría brevemente a un periodista -antes de declinar ser entrevistado- que «del 23-F no hablo, yo aquello lo he enterrado hace tiempo. Solo quiero vivir la vida con mi gente y preocuparme mucho por la situación de España». En enero del año siguiente se dejaría ver tras asistir a la misa funeral en memoria del exdictador chileno Augusto Pinochet. Una década después, en octubre de 2019, aparecería en el cementerio de El Pardo (Madrid) para el segundo entierro de Franco tras su exhumación del Valle de Cuelgamuros (antes de los Caídos). Y en diciembre de ese mismo año iría a la capilla ardiente de Carmen Franco, hija del dictador, en Madrid.

Aunque evitó ser entrevistado, si mandó cartas a varios periódicos, como una a Melilla Hoy en 2006 contra la aprobación del nuevo Estatuto de Cataluña, curiosamente amparándose en sus «derechos constitucionales». En otra de esas misivas publicadas afirmaba que no era monárquico, aunque «acepto cualquier forma de Estado siempre que conduzca certeramente a mi Patria.» «Me gusta el orden», señalaba tras confirmar que era «católico practicante, sin ser beato». «Políticamente no estoy encuadrado en ninguna ideología. Mi única política es España; su paz, su orden, su trabajo y su grandeza», concluía al hablar de sus principios.