Antoni Bolinches, psicólogo clínico y terapeuta de pareja: «Antes de cinco años, una relación abierta o se ha cerrado o se ha roto»

Candela Montero Río
CANDELA MONTERO RÍO REDACCIÓN / LA VOZ

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Antoni Bolinches es psicólogo clínico y terapeuta de pareja.
Antoni Bolinches es psicólogo clínico y terapeuta de pareja.

Poco o nada tienen que ver las relaciones de hoy con las que existían cuando este profesional empezó a trabajar en este ámbito. Después de casi 50 años analizando el amor, este experto habla de infidelidades, convivencia y examina a las parejas del siglo XXI

02 mar 2026 . Actualizado a las 17:22 h.

Cerca ya de los 80 años, Antoni Bolinches (Barcelona, 1947) sigue hablando de amor. Este psicólogo clínico y terapeuta de pareja suma más de una decena de libros publicados sobre la materia, ha impartido cientos de clases, conferencias y talleres y acumula casi medio siglo de experiencia en este ámbito. Después de toda una vida analizando relaciones, se define como un «teólogo» y dice que no pierde la motivación. 

—¿Cómo podemos hacer que una relación dure en el tiempo?

—Las personas maduras son las que gestionan bien las relaciones y aportan para que funcionen. Estas personas eligen mejor porque necesitan menos, aportan y aceptan más. Mi teoría es que las parejas funcionan mejor por el grado de madurez de las partes que por la compatibilidad. Pero es cierto que uno madura gestionando la realidad y aprendiendo de los fracasos. Por eso es muy difícil que las primeras relaciones sean las últimas. Por tanto, hemos de aprender de las relaciones anteriores para tener más éxito en las posteriores.

—¿Cuánto dura el amor? ¿Tiene fecha de caducidad?

—El amor no. Lo que tiene fecha de caducidad es el enamoramiento. Puede durar uno o dos años. Si no hay convivencia, puede durar más.

—¿Qué hace falta para que ese enamoramiento se convierta en amor?

—Según mi teoría, cuatro condiciones: buen acoplamiento sexual, caracteres compatibles, escala de valor similar y proyecto de vida convergente. Si se da todo eso, el enamoramiento se transforma en amor armónico. Y ese es el que puede durar toda la vida, si la madurez de las partes permite que las diferencias sirvan para conciliarse y enriquecerse. Si no, se va deteriorando, y es cuando surgen los enamoramientos alternativos.

—Hablando de infidelidades, ¿se producen más ahora que antes? ¿Por qué?

—Primero, hay más libertad sexual. Segundo, hay una dinámica social en la que hay mayor interacción entre hombres y mujeres dispuestos y disponibles, con lo cual, como además, el sujeto erótico más atractivo es aquel con el que todavía no has tenido relaciones, si no eres maduro, la tentación es fuerte. De hecho, una de mis definiciones del amor precisamente se basa en que amar es renunciar a las personas que te gustan por respeto a la persona que quieres.

—¿Qué opinas de las relaciones abiertas?

—Haciendo un seguimiento, antes de cinco años, o se han cerrado o se han roto. Es muy difícil que duren más.

—¿Cómo influyen en esto las aplicaciones, como Tinder, para conocer gente?

—Han facilitado mucho las interacciones sexuales, pero no han incidido en una proporción adecuada en las relaciones amorosas. Precisamente porque el sexo es fácil, pero el amor cada vez es más difícil.

—¿Se puede perdonar una infidelidad?

—Sí. De las parejas que han venido a consulta con la intención de superar una infidelidad, una de cada tres lo consigue, la pareja queda fortalecida y los miembros maduran en la adecuada gestión de la crisis. Otra tercera parte rompen porque el que se siente traicionado no acepta la infidelidad al ir contra su código esencial de valores. Y la otra tercera parte, como no acaban de gestionar bien la crisis, rompen en un plazo más mediato. Paradójicamente, a veces rompe quien la ha cometido al cabo de unos años, porque se cansa de que le sigan castigando.

—¿Ahora mismo es más difícil que antes encontrar pareja?

—Sí. Las mujeres ya han evolucionado mucho y están pagando en dificultades amorosas su evolución personal. El hombre quiere ser el admirado, no el admirador. Entonces, el mercado está muy mal para las supermujeres. Para los hombres heterosexuales, el mercado en el sentido de oferta y demanda está muy bien porque como las mujeres aceptan las relaciones sexuales sin que haya un compromiso previo de amor o conocimiento suficiente, muchos hombres van cambiando de parejas sexuales sin comprometerse.

—¿Cómo crees que va a evolucionar esto en el futuro?

—Yo creo que habrá un rearme moral, o al menos yo trabajo en ese sentido, entendiendo por rearme moral asociar más la sexualidad y la afectividad y ser más selectivos, entre otras cosas para prevenir las enfermedades de transmisión sexual y también porque cada vez más hombres y mujeres se dan cuenta de que prefieren una sexualidad con un cierto sentimiento afectivo.

—¿Cómo influye la convivencia en las parejas? ¿En qué momento es bueno irse a vivir juntos?

—Debería haber un punto de inflexión y cuando la pareja no convivencial viera que tiene sintonía suficiente y un proyecto de vida y de futuro común, tendría sentido convivir, sobre todo si quieren tener hijos. No hay una respuesta válida para todas las parejas. El momento adecuado es cuando los dos lo consideren. 

—¿Por qué hay parejas que rompen en cuanto se van a vivir juntos?

—La convivencia es enemiga de sí misma, porque se han de compartir demasiadas cosas a la vez. Y si uno no es maduro, evidentemente no tiene capacidad para gestionar esa vida en común. Si quieres seguir viviendo en singular, no te has de aparejar.

—En una relación de amistad, si a uno le gusta el otro, pero no es recíproco, ¿es posible seguir siendo amigos?

—Eso es lo que se llama el amor sublimado. En estos casos, la parte enamorada puede hacer dos cosas: distanciarse para no sufrir o sublimar el enamoramiento y convertirlo en amistad. Pero casi siempre la amistad que es consecuencia de la sublimación del amor, espera una recompensa posterior. Y si la persona espera durante mucho tiempo, se frustra. A no ser que los dos se enriquezcan mucho el uno del otro en aspectos que sean compatibles y quien ha sublimado acepte que la otra parte no lo quiere como pareja, pero lo quiere y valora como persona.

—Cuando una relación termina, ¿cuál es la mejor forma de romper?

—La sana sería la consensuada por ambas partes como consecuencia de la toma de conciencia de que no tienen un proyecto común ni un amor suficiente. Pero esto pocas veces es así y casi siempre uno se siente dejado. En el amor manda más quien menos quiere, porque lo que enamora no son nuestras necesidades, sino nuestros valores y virtudes.

—¿Cuál es la mejor forma de gestionar una relación tóxica?

—Están formadas por personas inmaduras o neuróticas, que normalmente están en dinámicas recíprocamente destructivas, pero no saben romper el vínculo, porque los dos necesitan sentirse queridos, aunque esa manera de querer no sea recomendable y no nos ayude a la felicidad, sino a neurotizarnos.

—¿Y cómo se debe proceder en esos casos? ¿Cortando por lo sano?

—El problema es que cortar nunca es sano. Al revés. Lo que de alguna manera nos sana es cortar. Porque cortar es lo que nos ayuda a tomar decisiones que nuestra parte sana nos dice que hemos de tomar, aunque nuestra dependencia emocional no quiera o no esté en condiciones. Uno nunca corta por lo sano, sino que sana cuando corta con algo insano.

«Uno nunca corta por lo sano, sana cuando corta»

—¿Existe ahora más presión que antes por tener pareja?

—Hay menos presión social por tener pareja, pero hay más presión personal a partir de cierta edad. En el caso de las mujeres es alrededor de los 30. En cambio, cuando los hombres tienen muchas posibilidades, tienen éxito con las mujeres, se mantienen sin pareja estable hasta los 40 años, porque así pueden tener más relaciones sin compromiso.

—¿Por qué llega antes en las mujeres?

— La presión social, la maternidad y también la pregunta de «¿por qué todavía no me han elegido como pareja estable?». La mujer, aunque esté más liberada sexualmente, sigue asociando más afectividad y sexualidad. Por lo tanto, si van teniendo parejas sexuales y con una de ellas se encuentra suficientemente bien, a lo mejor quiere que sea su novio, pero él puede seguir prefiriendo estar en fase de no compromiso. Entonces, se sienten rechazadas y creen que no le gusta lo suficiente, pero simplemente es que él quiere seguir en clave de no compromiso.