El senador Mullin, de las artes marciales mixtas, a liderar la Seguridad Nacional de EE.UU.

Emiliano Vizcaíno Arroyo
Emiliano Vizcaíno CIUDAD DE MÉXICO / E. LA VOZ

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El senador Markwayne Mullin.
El senador Markwayne Mullin. Nathan Howard | REUTERS

Sucederá a Kristi Noem, cesada por Trump por su polémica gestión

07 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

De luchador invicto de artes marciales mixtas a mandamás de la estrategia migratoria del Gobierno de Trump: este es el recorrido de Markwayne Mullin, próximo secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Trump lo bautizó como «guerrero MAGA» y Mullin se lo ha ganado a pulso. Desde el 2020, respaldó con fervor la teoría del fraude electoral, aunque se opuso al asalto al Capitolio, colaboró con las autoridades para bloquear las entradas y reclamó que los responsables pagaran por sus actos.

En el 2023, el senador por Oklahoma alcanzó notoriedad internacional por su temperamento combativo, pero no en el ring, sino en el pleno del Senado, donde desafió a Sean O’Brien —líder del sindicato de camioneros— a dirimir sus diferencias a golpes durante una comparecencia.

Nacido en Oklahoma en 1977, en una familia de la Nación Cherokee, abandonó el bachillerato para trabajar en el negocio familiar de fontanería, que con los años convirtió en una empresa próspera. A la par, compitió en artes marciales mixtas y se retiró invicto con una marca de 5-0. Su debut político fue en la Cámara de Representantes, donde sirvió del 2013 al 2023, antes de ser elegido senador por su Estado natal. Se define como conservador y afín a Trump, y desde el Capitolio respaldó las operaciones del ICE, se opuso al aborto en cualquier circunstancia y al uso de mascarillas durante la pandemia. Tras su nombramiento, felicitó a Noem y subrayó que, pese a ser republicano, servirá a todos los estadounidenses.

Sale Noem; entra Mullin

El salto de Mullin al gabinete llega en detrimento de la controvertida Kristi Noem, notificada de su despido en medio de un discurso en Nashville, Tennessee. Deja atrás una gestión, plagada de atropellos a la Constitución, cuyo balance negativo reconocen figuras de ambos lados del espectro político. Su obsesión por las cámaras y la mediatización de su departamento hicieron sus tropiezos más notorios. El gobernador de California, Gavin Newsom, dio el golpe final a su gestión al describirla como «la secretaria de Seguridad Nacional más descaradamente incompetente y cruel de la historia de EE.UU.», y remató: «Despedirla no es suficiente».

Será recordada por sus puestas en escena —como pasearse con accesorios de marca por cárceles extranjeras repletas de migrantes deportados por su administración—; por una campaña migratoria que sembró el terror en ciudades como Mineápolis y Los Ángeles; y por permitir que sus agentes actuaran al margen de la ley, lo que derivó en la muerte de dos civiles estadounidenses inocentes, a quienes calificó de «terroristas domésticos».