Los fondos cotizados se encuentran en pleno auge. Su coste es bajo y dan flexibilidad. Pero la fiscalidad es menos atractiva que la de los tradicionales
08 mar 2026 . Actualizado a las 08:44 h.Los ETFs (fondos de inversión cotizados, por sus siglas en inglés) viven un bum en el mundo. Muy populares en EE.UU., estos productos financieros se están abriendo paso con determinación en Europa. El pasado mes de enero, la demanda de ETFs domiciliados en el Viejo Continente se intensificó, con el ritmo de los flujos acelerándose hasta un nivel nunca visto: las entradas netas de flujos de capital ascendieron a 55.900 millones de dólares, 10.000 millones más que la cifra registrado durante cualquier mes del 2025, según datos de ETFbook (compañía con sede en Zurich que conecta todo el ecosistema de ETF mediante inteligencia de mercado unificada) facilitados por Vanguard.
A escala global, el patrimonio total de los ETFs supera los 20 billones de dólares, tras crecer un 33,7 % durante el 2025 respecto al ejercicio precedente, de acuerdo con las últimas cifras publicadas por ETFGI, firma independiente líder en investigación y asesoría. Su pujanza es tal que cabe preguntarse si pueden llegar a ensombrecer a los fondos de inversión tradicionales, cuyo reinado ha sido indiscutible durante muchos años entre las opciones de las que disponen los inversores para poner su dinero a trabajar.
Todo apunta a una coexistencia duradera entre ambos productos que permiten invertir simultáneamente en una amplia variedad de activos. Porque como subrayan en Nextep Finance, la realidad es que se trata de instrumentos complementarios y no excluyentes. Eso sí, uno y otro se pueden acomodar mejor a los intereses y necesidades de cada inversor en función del momento y de los objetivos particulares.
Para empezar hay que tener claro en qué consisten, cuáles son las diferencias, así como las ventajas e inconvenientes.
Un fondo de inversión es una institución de inversión colectiva (IIC) que agrupa el patrimonio que han aportado un gran número de inversores con el objetivo de realizar inversiones en determinados activos de acuerdo con una estrategia preestablecida. Implican en muchos casos una gestión activa, por la que los gestores tienen margen de actuación, y la composición de su cartera varía continuamente.
Los ETFs se consideran como un producto a medio camino entre los fondos de inversión y las acciones. Están formados por una cartera de valores con la que se busca replicar el comportamiento de un activo subyacente (son por tanto en su mayoría productos de gestión pasiva), y se negocian en los mercados bursátiles de igual forma que los títulos de las empresas, es decir, que se pueden comprar y vender en cualquier momento de la sesión, conociendo siempre su precio. Esta es una de sus principales ventajas respecto a los fondos tradicionales, que presentan un valor liquidativo una vez al día, concretamente el que marque el cierre del mercado.
Menores costes
Otra virtud de los ETFs que remarcan los expertos tiene que ver con los menores costes. Sus comisiones de gestión son mucho más bajas que las de los fondos tradicionales, salvo si se comparan con los indexados (los que se limitan a tratar de replicar el comportamiento y rendimiento de un índice, sin intentar superarlo) o «clases limpias» de fondos tradicionales, es decir, las versiones que eliminan las retrocesiones o incentivos que las gestoras pagan a los bancos distribuidores. No obstante, en Nextep Finance advierten de que hay que tener cuidado e informarse bien del resto de comisiones que aplican los intermediarios financieros, normalmente corretajes parecidos a los de las operaciones con valores cotizados.
La diversificación instantánea es la tercera ventaja de los ETFs que citan los expertos. «Uno solo puede replicar índices bursátiles, sectores, regiones o clases de activos. Por ende, reduce el riesgo individual», explican en XTB. Desde esta firma también subrayan la accesibilidad de estos productos, ya que se pueden comprar y vender con inversiones mínimas muy bajas. Pero hay más. Porque también apuntan a las estrategias avanzadas que permiten, al existir ETFs de sectores concretos, de materias primas, inversos, apalancados o temáticos, para llevar a cabo tácticas de inversión sofisticadas o la puerta que proporcionan a los mercados internacionales sencilla de traspasar, ya que se pueden comprar este tipo de productos de bolsas extranjeras sin tener que abrir cuentas en esos países. XTB pone además sobre la mesa el menor riesgo de gestión que tienen, porque al replicar un índice no hay errores de gestión humana ni riesgo de que el gestor tome malas decisiones; y la transparencia, dado que la mayoría de los ETFs publican a diario su composición exacta, mientras que los fondos de inversión pueden actualizarlo cada trimestre.
El inconveniente más claro con respecto a los fondos de inversión es su fiscalidad poco favorable. Parece, de hecho, la razón por la que su implantación es menor en España que en otros países, según los expertos. Cada vez que se vende un ETF hay que tributar por esa ganancia patrimonial, incluso si se piensa reinvertir ese dinero o se trata de un cambio en la composición de la cartera. Los partícipes de los fondos de inversión, por el contrario, no pagan impuestos si traspasan el dinero de un fondo a otro, y el rendimiento de cuentas con Hacienda queda aplazado hasta la liquidación final de la inversión.
Perfil dinámico
Aunque cada caso es único, los expertos sostienen que, de forma genérica, los ETFs parecen más idóneos para los inversores con perfil dinámico, que buscan flexibilidad, bajos costes operativos u operar intradía, y que cuenten además con cierto criterio e ideas propias sobre las tendencias y el momento que atraviesan los mercados financieros y quieran elegir dónde colocar su dinero.
Los fondos de inversión, por su parte, tendrían un encaje más adecuado para aquellos que prioricen la ventaja fiscal, la inversión automática y la sencillez a largo plazo, o bien que quieran desentenderse del día a día de sus inversiones y opten por poner su dinero en manos de un profesional, de forma que la rentabilidad que obtenga dependa de las decisiones, la estrategia y el buen hacer del gestor.