Intentaron suplantar mi identidad y me liaron una buena

Sofía Vázquez
Sofía Vázquez SOFIA.VAZQUEZ@LAVOZ.ES

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María Pedreda

Tras buscar en internet, me di cuenta de que no era la primera persona a la que habían engañado los ciberdelincuentes

08 mar 2026 . Actualizado a las 08:43 h.

Llegué al trabajo y una llamada del 601221367 salta en mi teléfono. La cojo: «Amazon va a cargar en su cuenta 200 euros por una suscripción realizada recientemente. Si no está de acuerdo, pulse el 1». Y lo pulsé. Y ahí empezó el gran lío. Les cuento. Escuchaba mucho ruido de fondo, similar al de un call center. Un hombre joven, con acento extranjero, empieza la conversación. No recuerdo las frases exactas pero sí que hablaba rápido e insistía en darme explicaciones de lo que me estaba sucediendo: «Si usted no hizo la suscripción eso significa que le han suplantado su identidad y le están robando su dinero haciendo compras desde la India». Yo escuchaba una voz segura de lo que decía.

Me envía dos claves de (supuestamente) Amazon y me revela mis datos personales que no podría tener una persona ajena a la compañía que él decía representar: mi nombre, apellidos y DNI, también conocía los bancos con los que trabajaba y mis números de tarjeta. Yo seguía nerviosa y mi objetivo era acabar con aquella locura que estaba viviendo.

«Te voy a demostrar —me dice— que tu teléfono no es seguro. Baja la aplicación AnyViewer (una especie de túnel que sirve para controlar en remoto los teléfonos) y en el correo electrónico que te pide pon el siguiente: espinejim400@flemist.comasi». Me da una contraseña. La introduzco. Cada vez me encuentro más nerviosa, al tiempo que desconfío de la situación en la que me veo envuelta. Eso me llevó a realizar capturas de pantalla de todos los pasos que iba dando con mi móvil.

El supuesto empleado de Amazon, ya en mi teléfono, me intimida cuando me dirige hacia el IP (una etiqueta que identifica cada dispositivo y actúa como una dirección postal virtual, permitiendo el envío y recepción de datos entre equipos) y me reprocha: «Lee, te dice que tu dirección IP no es segura. ¿Lo ves?». Asiento, insisto en que quiero acabar con la conversación y anular todos mis datos en Amazon... Seguidamente me pide que compruebe si tengo algún cargo de pedidos no deseados. Y entro en mi cuenta [sé que no lo debería haber hecho] y no, no había ninguno extraño. «Eso es que lo están haciendo en modo incógnito», me alega.

No puedo explicar muy bien esa sensación cuando intuyes que no estás haciendo lo correcto pero que sigues el juego de un estafador que te está liando con un discurso totalmente creíble.

«Ahora baja la aplicación Remitly», me dice. Me niego. Se ve claramente que es para enviar dinero a cualquier país del mundo. «No la voy a bajar», le digo. En ese momento se corta la llamada. Me tiembla todo el cuerpo. Tengo las capturas de pantalla y sé, ahora con total certeza, que han querido suplantar mi identidad. Llamo a los dos bancos con los que trabajo, bloqueo todas mis cuentas y anulo mis tarjetas de crédito. Ambas entidades me piden que denuncie lo sucedido y que restaure todo mi dispositivo móvil, dejándolo como de fábrica. A los empleados de las entidades financieras que me atendían no les extrañaba lo que les estaba diciendo. Tampoco al Guardia Civil al que le expliqué el caso.

—¿Le faltó dinero?

—No.

—Entonces no le puedo recoger ninguna denuncia porque no hubo delito.

Lo que sí hizo fue abrir un atestado que recogía mi horrible experiencia.

Ya más tranquila busco en internet si a alguien le pasó algo igual. Y sí, no era la primera persona: «Los ciberdelincuentes reactivan el timo del supuesto cargo fraudulento para robar datos bancarios y personales». «El factor clave del engaño es la urgencia. El supuesto cargo obliga a tomar una decisión inmediata, reduciendo la capacidad analítica de la víctima», explica la información. Eso fue lo que me ocurrió.