Lola Herrera, a sus 90 años: «Ya voy a descansar todo el rato cuando me muera»

C. Aldegunde REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

Lola Herrera en el progama «Lo de Évole», en La Sexta
Lola Herrera en el progama «Lo de Évole», en La Sexta LaSexta

La longeva actriz, que ha llevado al teatro la obra «Cinco horas con Mario» en cinco momentos de su vida, y protagonizó «Función de noche» (el primer «reality» en los años 80), no piensa en jubilarse

09 mar 2026 . Actualizado a las 09:24 h.

La actriz Lola Herrera no piensa en la jubilación. Y probablemente, a sus 90 años, lleve décadas contestando a esa pregunta de forma recurrente. «Pero es que tiene que descansar», confiesa que le dicen, pero ella responde tajante: «Bueno, cuando me muera ya voy a descansar todo el rato», asegura en el programa Lo de Évole, en La Sexta. Está considerada una de las grandes damas del teatro español, pero a sus espaldas tiene un larga carrera en el cine y la televisión, y sobre las tablas, que le ha granjeado premios como el Max de Honor. Lola Herrera ha unido a varias generaciones que la han visto dar vida a Menchu Sotillo, ajustando cuentas con su marido muerto en Cinco horas con Mario, ya que ha llenado auditorios por toda España hasta en cinco ocasiones distintas al o largo de su vida con este título. Un papel, un soliloquio al que se enfrenta en soledad en el escenario, que sin desmerecer su amplia trayectoria, la marcado totalmente. 

Nacida en Valladolid el 30 de junio de 1935, siendo muy joven se trasladó a Madrid para comenzar a actuar. Su primera película, El pórtico de la gloria, data de 1953. Alcanza la popularidad a través de la televisión con los famosos Estudio 1 en los años 60 de TVE, obras de teatro filmadas. Y Chicho Ibáñez Serrador la escoge para protagonizar algunos de los episodios de Historias para no dormir. En esos años sigue volcada en distintos papeles del teatro clásico y también trabaja como actriz de doblaje.

La actriz recuerda una infancia muy dura, ya que su abuela que fue un pilar en su vida, sufría el maltrato de su abuelo. «Era un maltratador de la época. Mi abuela pasó durante toda su vida un calvario. La abuela llegó a tener muchos abortos porque ese hombre la pateaba en el suelo y se los provocaba». decía Herrera en un programa que le dedicó hace años La 1 en Lazos de sangre. «Como en casa de mi abuela había muchos problemas, yo tenía que echar a correr muchas veces y faltar a clase. Yo no pude estudiar como los demás. La vida no me lo permitió», confesaba. «A mi abuela la admiro y la nombro siempre porque es el norte. Te enseña cómo hay que sobreponerse en la vida. Aprendí de ella a aguantar, pero también a no resignarme del todo», recordaba, contando además que ella se sacó el bachillerato ya los 40 años. «Lo necesitaba para sentir que no me habían robado eso. No lo cuento para dar pena, lo cuento porque fue así y porque muchas mujeres han vivido lo mismo», explicaba. 

Lola Herrera en el año 2002 en Lugo, en el Auditorio Gustavoz Freire, con la obra «Cinco horas con Mario»
Lola Herrera en el año 2002 en Lugo, en el Auditorio Gustavoz Freire, con la obra «Cinco horas con Mario» Pradero

En el año 1979 se sube al escenario por primera vez como Carmen Sotillo, Menchu, para velar a su recién fallecido marido, Mario, en la adaptación teatral de la novela Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes. A lo largo de toda su carrera, de manera intermitente, ha vuelto a mimetizarse con Menchu hasta en cinco ocasiones. Pero esa primera fue rompedora para ella. La removió tanto a nivel personal, que terminó por tener que dejar el papel por prescripción médica. 

A raíz de esa función llegó su incursión en el cine más recordada es Función de noche, una rompedora propuesta de la directora Josefina Molina, que en el año 1981, cuando ella y su marido, Daniel Dicenta, que llevaban años separados, se desnudan emocionalmente entre las cuatro paredes de un camerino para ajustar las cuentas sin saldar de su relación rota. José Sámano, que producía la obra de teatro y Josefina Molina, que la dirigía, le propusieron a Lola Herrera una insólita adaptación cinematográfica de la obra de Delibes al cine. ¿El resultado? Una de las películas más vanguardistas del cine español. «Hacer Carmen Sotillo es hacer un poco de Lola Herrera», comienza diciéndole la actriz a su ex, padre de sus dos hijos, Natalia y Daniel, tras quince años separados. El monólogo de Cinco horas con Mario se transforma en Función de noche en un diálogo descarnado, en el que la intérprete reprocha a su marido la culpa, sus infidelidades, no sentirse amada o no haber disfrutado nunca a nivel sexual. 

Sámano, que casualmente fue pareja durante años de Mercedes Milá —primera presentadora del reality show Gran Hermano—, ideó junto a Molina un espacio cerrado para dar intimidad a la pareja y grabó todo desde cuatro falsos espejos. «Llegó un momento en que la conversación se hizo tan agobiante que no podíamos continuar», recordaba la directora. «No he vivido para mí. Lo he descubierto ahora, que he vivido para todo el mundo, menos para mí. Desde que tenía que ir a empeñar el reloj y la sortija de mi madre porque no llegaba el sueldo hasta ahora. Ha sido toda una vida en la que he ido creciendo y he ido preocupándome por todo el mundo, menos por mí. Ahora pienso que… no sé si me apetecía de verdad ser honrada y decente, lo cierto es que yo lo era para complacer a los demás», son algunas de las desgarradoras reflexiones de Lola Herrera en la película. 

Tras la emisión, Lola Herrera tuvo que enfrentarse al desdén de su hijo, que enfadado, decidió irse a vivir con su padre Daniel Dicenta, que los había abandonado siendo unos niños y a los que Herrera sacó adelante sola, y también recibió numerosas críticas por la película. Daniel Dicenta moría en el 2014 solo y entre graves problemas económicos en un hostal de Madrid, desde hacía años recibía la ayuda de la Fundación AISGE, que le pagaba el alojamiento y la comida. 

Hace un tiempo reflexionaba sobre cómo su profesión había influido de alguna manera en su longevidad vital, aunque es cierto que tanto su madre como su tía materna superaron la barrera de los 95 y los 105 años respectivamente. «Yo creo que he llegado hasta aquí, hasta los 90 años, y mi profesión me ha ayudado muchísimo, porque he canalizado muchos reveses de mi vida a través de otros personajes», decía en un charla organizada por la Fundación La Caixa junto a Olga Viza. 

Una prolífica carrera televisiva

Además del teatro y el cine, Lola Herrera tiene una prolífica carrera televisiva. Protagonizó La casa de los líos junto a Arturo Fernández en Antena 3; El grupo con el inolvidable Héctor Alterio —con el que también compartió escenario en El estanque dorado— en Telecinco; Un paso adelante, que narraba la vida en una academia de baile en Antena 3 y hasta llegó a participar en la adaptación de la serie Las chicas de oro en La 1, junto a Carmen Maura, Concha Velasco y Alicia Hermida. 

Desde hace unos meses comparte escenario con su hija Natalia Dicenta y el actor Carlos Olalla en Camino a la meca, «una obra en la que se habla de vejez, del paso del tiempo, de la libertad...», explicaba ella misma el pasado mes de octubre en una entrevista en La Voz de Galicia. Sobre su personaje aseguraba que «a mi edad, es un personaje que para mí habla de algo tan importante como es la libertad, la independencia... No sé por qué a los viejos nos tratan de gobernar nuestras vidas. La libertad debe ser a todas las edades, libertad de decisión, y, cuando eres mayor, con mucha más razón, porque has hecho ya el camino y habrás sacado tus conclusiones. Todo lo que se trata en la obra la gente lo reconoce y lo vive. mi edad, es un personaje que para mí habla de algo tan importante como es la libertad, la independencia... No sé por qué a los viejos nos tratan de gobernar nuestras vidas. La libertad debe ser a todas las edades, libertad de decisión, y, cuando eres mayor, con mucha más razón, porque has hecho ya el camino y habrás sacado tus conclusiones. Todo lo que se trata en la obra la gente lo reconoce y lo vive». 

Lola Herrera explica como se ha sentido durante esta gira y reflexiona en cierta manera de lo que se ha perdido dedicando su vida en cuerpo y alma como lo ha hecho a esta profesión. «La satisfacción de estar ahí, la satisfacción de estar encima del escenario y estar haciendo algo que conecta con el público, algo que puede llegar a hacer reflexionar y despertar a los espectadores. Es estar haciendo lo que lo que más me apasiona, esa es la respuesta. Una profesión como esta es de una esclavitud total, y te dedicas a ella o no te dedicas. Pero, si te dedicas de lleno, como yo lo he hecho a lo largo de toda mi vida, resulta que por el camino te dejas muchas cosas, esas que tiene la inmensa mayoría de la gente: reunirse para jugar a las cartas, salir en pareja o con las amigas los fines de semana a cualquier sitio, hacer un puente... Yo todo eso no lo he hecho. Mi vida es esta, pero también lo son mi familia y mis amigos. No tengo una vida montada para el ocio, sino una vida montada para un trabajo que también me supone otro tipo de ocio. No es el usual, no es el que hace todo el mundo, pero a mí me llena tanto o más que irme un fin de semana a la playa. De todas formas, veo la playa. Voy a trabajar y veo la playa», aseguraba. 

Y al igual que le explica a Jordi Évole en Lo de Évole, también decía que seguirá sobre las tablas del teatro mientras su salud se lo permita. «Mientras pueda estaré ahí arriba, sobre el escenario, pero no es obligatorio para nadie. Cada uno puede hacer lo que le dé la gana. A mí lo que me da la gana es estar ahí arriba mientras pueda», decía. 

Y sobre el papel de la mujer, Lola Herrera, siempre reivindicativa, asegura que «las mujeres de hoy tienen que estar atentas para no perder nada de lo conseguido, que corre sus peligros. Hemos dado pasos de gigante; éramos muebles las mujeres», asegura.