El suministro de agua en el Golfo, en peligro tras los ataques a plantas desalinizadoras

La Voz REDACCIÓN / AGENCIAS

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Una explosión en el cielo de Baréin.
Una explosión en el cielo de Baréin. Stringer | REUTERS

En Kuwait, el 90 % del agua potable viene de dichas centrales; en Omán, el 86 % y en Arabia Saudí el 70 %

09 mar 2026 . Actualizado a las 11:20 h.

Dentro de la plaga de ataques iraníes desatados ayer, uno alcanzó una planta desalinizadora en Baréin, según mencionó el Ministerio del Interior del país, que indicó que «tres personas resultaron heridas y se produjeron daños materiales en un edificio universitario en la zona de Muharraq después de que cayeran fragmentos de misiles». Sin embargo, no detalló los daños sufridos por la planta, vital para la supervivencia en el país del Golfo.

Los pequeños Estados árabes constituidos como petromonarquías se bañan en oro negro, pero la escasez de agua natural, acentuada por el cambio climático, puede poner en jaque la supervivencia de estos países. Según un estudio del Centro Árabe de Washington DC, los países del entorno representan el 60 % de la producción de agua desalinizada del mundo. Desde Emiratos a Kuwait, 400 plantas dan de beber a los jeques y los trabajadores de estos países, siendo altamente dependientes de esta forma de consumo. En Kuwait, el 90 % del agua potable es desalinizada; en Omán, el 86 % y en Arabia Saudí lo es el 70 %.

La CIA apuntó hace 15 añs en un informe que «la interrupción de las instalaciones de desalinización en la mayoría de los países árabes podría tener más consecuencias que la pérdida de cualquier industria o producto básico» Durante la Guerra del Golfo en la década de los 90 —cuando las plantas llevaban 60 años funcionando —, los iraquíes ya probaron suerte atacando estas estructuras. El efecto esperable no es solo la desprotección hídrica para el consumo humano, sino también la de regadío, que afectaría a la producción de alimentos domésticos. Aunque estos países importan prácticamente todos sus alimentos, la inseguridad en el estrecho de Ormuz les empujaría a desarrollar políticas alimentarias urgentes para su subsistencia. Y para no paralizar la nueva vida pública conseguida a golpe de talonario con el Mundial de Catar u otros eventos deportivos.

Una red desprotegida

Varios investigadores especializados citados por la cadena Al Yazira aseguraron al canal catarí que «Catar, Baréin y Kuwait tienen reservas estratégicas mínimas» de agua y que podrían verse especialmente afectados. En parte porque no existe una política hídrica coordinada entre todas las petromonarquías para una estrategia común. Parte de la misma podría, según los analistas, ensayarse diversificando la producción en plantas más pequeñas. Una inversión complicada en guerra.