María fue madre mientras cursaba tercero de Medicina: «Es injusto que no te faciliten estudiar por estar embarazada»
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Con 20 años, la joven se quedó embarazada cuando estudiaba el tercer año de la carrera. Aunque no fue un camino de rosas, la joven consiguió terminar el grado y criar a un niño que ya tiene 3 años. Ahora quiere visibilizar las trabas con las que se encontró.
16 mar 2026 . Actualizado a las 10:29 h.María era una chica normal que con 18 años comenzaba la universidad con ilusión para estudiar Medicina. En tercero de carrera, con 20 años, se quedó embarazada. Empezó así un camino complicado, en el que debía compaginar la maternidad con un grado exigente en cuanto a horas de estudio se refiere. Al principio, lo que más le preocupaba a esta joven de Granada era defraudar a la gente, aunque por parte de sus padres tuvo apoyo. «Al principio, mis padres tuvieron miedo porque al final soy su hija y la relación con mi pareja aún debía madurar. Les preocupaba que yo no pudiera acabar la carrera porque un hijo es mucha responsabilidad. Pero nunca me hicieron sentir que estaban defraudados conmigo, yo me refiero más bien al resto de la sociedad», confiesa. Cada vez que se tenía que sentar a explicarles a las personas de su entorno la nueva situación de vida que le esperaba, lo pasaba mal. «Pasé miedo. Estaba preocupada», cuenta. Esto también le sirvió para descubrir con quién contar. «Hubo gente que me apoyó, pero también hubo quien no me mandó ningún mensaje», afirma.
Por parte de su pareja, todo fue sobre ruedas. «Me apoyó desde el primer momento. De hecho, él vivía en Madrid e hizo todo lo posible para venir a mi ciudad haciendo un esfuerzo muy grande por nosotros. Me siento muy afortunada, porque no hubiera sido lo mismo sin él. Cuando me enteré, su respuesta fue que ya éramos una familia, que no me preocupara y que no tuviese miedo. No es lo mismo eso a que te encuentres totalmente sola», explica. Se disiparon entonces las dudas. «No me planteé interrumpir el embarazo porque yo siempre he tenido un deseo muy fuerte de ser madre. No es que me sintiera mal si lo hacía, porque antes de hacer el test habíamos hablado de que existía esa posibilidad, pero es que la respuesta de mi pareja fue tan contundente diciéndome que me iba a apoyar que en ningún momento pesó la balanza para hacerlo», confiesa.
El apoyo de los padres
Para María, los últimos cursos fueron los peores. «Recuerdo que cuarto y quinto fueron muy duros a nivel físico porque estaba muy cansada. Yo no tuve una baja como una madre cuando da a luz, me tenía que sobresforzar para atender a mi hijo y seguir estudiando una carrera que requería muchas horas. Aprovechaba para estudiar cuando él dormía durante el día, por la noche, con él en brazos...», indica.
Dicen que cuando te conviertes en padre o madre se te multiplican los brazos. «Cuando mi niño era pequeño, mis padres me ayudaban con cosas que yo necesitaba, pero en el primer año y medio, un niño es básicamente ultradependiente de la madre. Yo le daba el pecho y dormía fatal. Se despertaba cada dos horas», afirma. Pero en cuanto su hijo cumplió cuatro meses, María tuvo que llevarlo a la escuela infantil. «Me costó mucho. Para mí fue muy complicado que fuese tan pequeño, porque un bebé a esa edad tiene que estar con su madre. Me levantaba a las seis de la mañana para sacarme la leche y luego a media mañana lo volvía a hacer. Alguna vez me llevé el sacaleches a la facultad, dependía de la hora. La llevaba a la escuela infantil para que se la dieran», añade.
Sobre la ayuda, ella tiene una opinión contundente al respecto. «Parece como que si tus padres te apoyan, ya no tienes el mérito de lo que tú has hecho al ser madre joven. Tú no dejas de ser la madre de ese niño y eres la persona que tiene como referencia. La que le da el pecho, la que no duerme por las noches... Esto no quita que, aunque un rato que necesites dormir, se lo dejes a ellos. Si no son los abuelos, será una persona que te ayude a cuidarlo, porque ahora mismo que trabajan las dos personas, pues es así», afirma. Y desde su posición, recalca que es un camino difícil. «No se puede romantizar la situación y pintarla como que es fácil. Yo para nada he pintado eso. Pero también pienso que si yo tuviera una compañera que quiere ser madre joven, pues respetaría su decisión. La sociedad no está preparada para que lo seas, todo lo contrario. Cada vez hay más problemas de natalidad y más mujeres necesitan acudir a métodos artificiales. Creo que ahora mismo los jóvenes tenemos unas circunstancias más complicadas para ser padres que antes porque estamos en una sociedad que no impulsa a ello», puntualiza.
María se dio de bruces con la administración cuando quiso preguntar por algunas ayudas que había en la universidad. «Me enteré y fui porque hay unas que son para alumnos con necesidades especiales. No solo para gente con discapacidad, también abarca otras como problemas psicológicos, que te caigas por las escaleras y necesites ir en silla de ruedas... Te aplazan o te adaptan los horarios. Incluso pueden ponerte un alumno para que te ayude y te pase las cosas de clase. A mí eso me parece superbién, de hecho no digo que una cosa quite la otra. Pero embarazada no las tienes», explica. Desconsolada, la joven se indignó con la respuesta recibida. «Me fui llorando del gabinete porque la chica que me atendió, me dijo que en esas ayudas no estaba contemplado que una mujer se pudiese quedar embarazada. Esto es algo que quiero visibilizar. Vale que si tú te quedas embarazada tengas el derecho a no tenerlo, pero también tienes el derecho a tenerlo. Me parece injusto que no se faciliten las cosas», admite. Por eso, desde sus perfiles en redes, intenta hacer ver que estos problemas siguen pasando. «Así como existen cosas para la mujer en otros casos, debería haberlo para esto. Es parte de su persona, su biología, su integridad... Tendría que contemplarse. Una madre tiene mucha carga y habría que facilitarle que si quiere estudiar, sí pueda hacerlo», añade.
Poco a poco se acercaba el mir. María recuerda como tuvo que plantearse los últimos coletazos de la carrera. «Hubo asignaturas, sobre todo cuando di a luz, a las que no me pude presentar porque si faltaba a la práctica ya estaba la asignatura suspensa. Lógicamente, recién parida no podía ir. Tenía algunas, sobre todo de cuarto, que las tuve que hacer en sexto. Para mí hacer el último curso de la carrera con esas que tenía de cuarto y a la vez prepararme el mir era mucho. Todo eso con un niño de 3 años», confiesa.
«Mi mamá es médico»
¿Cómo se organizó para ello? «He estado siete meses preparándolo. Es verdad que los horarios de la academia son muy exigentes porque le dedicas tu cuerpo y alma. Mi vocación por la medicina es muy importante, pero una de las cosas que me ha dado la experiencia de ser madre es que mi felicidad no solo está en eso. Está en mi familia y en pasar tiempo con mi hijo y mi pareja», explica. «En la academia se estudiaba de lunes a sábado y el domingo se descansaba. Yo lo hacía de lunes a viernes y el finde paraba para dedicarle tiempo al niño. Entre semana, cuando él estaba en la escuela infantil, yo estudiaba hasta las cinco de la tarde», añade.
Pediatría, psiquiatría... La joven se declina por especialidades y no quirúrgicas. «Antes quizá me pasaría como a muchos estudiantes. De pensar: “Pues si no soy dermatólogo no voy a ser feliz”. He aprendido a relativizar y sé que todo es una cuestión de actitud. Me planteé hacer el examen lo mejor posible y la especialidad para lo que me diese la nota. Ya encontraré algo especial y la manera de estar contenta», afirma. A la salida del examen, su familia la esperaba mientras su niño sujetaba una pancarta. «Mi mamá es médico», podía leerse en ella. «Salgo de una etapa muy dura, pero que a la vez ha sido en la más querida me he sentido en toda mi vida. Tanto por el apoyo de mis amigos verdaderos como de mi familia», confiesa. El esfuerzo mereció la pena. Con los resultados ya en la mano, consiguió una buena nota. «Ha ido muy bien, mucho mejor de lo que me esperaba», concluye.