Una inspectora ratifica que fue violada por el exjefe de la policía, quien ve «odio» en la querella
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El juez rechaza prohibir al investigado comunicarse con la mujer denunciante
18 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Entró por una puerta secundaria para conservar su anonimato y declaró durante más de dos horas ante el juez David Maman, titular del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 8, en Madrid. La inspectora que denunció al exjefe de la Policía Nacional José Ángel González por haberla violado el pasado 23 de abril en una vivienda oficial del Ministerio de Interior, en la calle Alberto Alcocer de la capital, ratificó este martes los hechos durante una declaración «dura y difícil», según su abogado, Jorge Piedrafita.
«Respondió a todas las preguntas, incluso a aquellas que el juez ha dicho que no eran procedentes», dijo el letrado ante decenas de periodistas que esperaban a las puertas del juzgado. La agente, que cuenta con protección policial permanente, sostuvo que su superior la citó de forma «perentoria» y la obligó a trasladarse en un vehículo oficial camuflado hasta la vivienda donde se produjo presuntamente una agresión sexual con penetración, que fue rechazada «de forma verbal, expresa, rotunda y contundente». La mujer también refutó que la acusación esté relacionada con un «ataque de celos», como había apuntado la defensa del investigado en un escrito reciente.
González llegó acompañado de sus abogados, José Carlos Velasco y Juan Ignacio Fúster-Fabra, en un furgón con los cristales tintados, y declaró después de hacerlo la inspectora, con la que no coincidió.
El imputado, que renunció hace un mes a su cargo tras admitirse la querella que le atribuye delitos de violación, coacciones, lesiones psíquicas y malversación de caudales públicos, celebró ante la prensa poder «demostrar por fin su inocencia», pese a que le han «destrozado la vida personal, familiar y profesional» por algo que no ha hecho «en absoluto», sostuvo. «Ya me han juzgado y me han condenado sin ninguna prueba. Lo único que veo aquí en todo esto es maldad, ruindad y odio. Odio por no haber conseguido las pretensiones que ella quería, pretensiones profesionales y personales», se quejó el comisario ya jubilado.
El ruido de una cremallera
Durante la sesión judicial, se reprodujo parte de un audio de 40 minutos, aportado por la querellante y que es considerado la «prueba principal» de la causa. Piedrafita señaló que el acusado aceptó la validez plena de este documento, y que, durante la comparecencia, el juez le dijo a González que había escuchado el ruido de una cremallera, pero este lo negó. «Hemos tenido a un investigado que se ha acogido a su derecho, primero, a no responder a las preguntas de esta parte y, luego, se ha acogido a su derecho a mentir. Ha estado errático, no ha contestado a las cosas y yo creo que se le ha pillado en muchas mentiras», valoró el letrado de la inspectora.
El imputado consideró, sin embargo, que este audio puede «esclarecer los hechos y que salga la verdad adelante». De hecho, su defensa presentó el pasado 3 de marzo un escrito de alegaciones intentando desvirtuar esta prueba de cargo, que, en su opinión, solo muestra «una interacción mutua verbal y complicidad», y que la denunciante actuó movida «por los celos y el control». Sus abogados subrayaron que ella le dice «te quiero demasiado» y le reprocha no haber contestado sus wasaps.
Tras los interrogatorios, el juez dictó un auto en el que rechazó prohibirle a González comunicarse con la víctima porque no aprecia «riesgo»; una decisión que será recurrida, según anunció Piedrafita, quien había solicitado esta medida de protección. «Decir que no existe riesgo objetivo para una persona que va 24 horas al día escoltada me parece bastante sorprendente», se quejó el abogado.
La inspectora ya había denunciado una campaña de acoso telefónico para «tapar el escándalo», y mensajes del imputado llamándola «borrica», y de la mano derecha de este, Óscar San Juan, ofreciéndole un destino laboral para comprar su silencio. A ella se le retiró el arma y se le concedió la baja médica por sufrir un cuadro «ansioso-depresivo reactivo».