«El dolor sigue estando, pero se va transformando y se va convirtiendo en melancolía», asegura Carmen Morales, hija de la cantante, que estrenará como homenaje la pieza teatral «Inolvidable»
25 mar 2026 . Actualizado a las 17:15 h.Sin apenas alboroto mediático, desde luego menos en España que en México si se atiende a los actos preparados, este miércoles se cumplen veinte años sin Rocío Dúrcal, artista mayúscula que llegó a ser una estrella global cantando canciones de un país ajeno y que, según quien la conoce, brillaba aún más en la intimidad. «No he conocido a ninguna artista comparable en lo humano. Era un 10, cuando la media entre los artistas es un 2,5», afirma a Efe Carlos López, expresidente de Sony-BMG Spain, además de amigo y confidente ocasional de la madrileña, a la que conoció con «veintipocos» cuando él empezó en la base del negocio organizando la prensa de su disco Confidencias en 1981. Para entonces, María de los Ángeles de las Heras (Madrid, 1944), o Marieta, hacía dos décadas que era Rocío Dúrcal, primero en películas como Canción de juventud (1952) y Más bonita que ninguna (1965), y, ya como mujer adulta, con su salto a México, donde había grabado Rocío Dúrcal canta a Juan Gabriel (1977) y su reputación al otro lado del Atlántico comenzaba a crecer y crecer.
«Lo que hizo fue muy anómalo, ¿que una artista se convirtiera en una absoluta estrella cantando canciones de un país que no es el suyo? ¿Imagina alguien que el más famoso cantaor de flamenco fuese uruguayo?», destaca, achacándolo, por un lado, a su fructífera asociación-amistad con Juan Gabriel, autor prolífico grande con la ranchera y la balada. López exalta a continuación su arrebatadora manera de cantar: «A mí la música melódica de mis coetáneos me espanta. He fichado a artistas a los que no he ido a un concierto suyo. A mí lo que me gusta es Linkin Park o Arcade Fire, pero con sus rancheras se me pone carne de gallina. La vi cantar en el Teatro Degollado de Guadalajara con Juan Gabriel y la gente lloraba».
Precisamente, con motivo del aniversario, este miércoles volverá a los cines en versión remasterizada su primera actuación en el Auditorio Nacional de México, en la que cantó éxitos como La gata bajo la lluvia y Amor eterno. En España lo proyectarán unos pocos cines de catorce ciudades; solo en México, más de doscientas salas.
«Y eso que las rancheras las cantaba a lo madrileño, castizas cien por cien. Pero es que había nacido para cantar», insiste, nada extrañado de que se la recuerde con más efusividad en el país donde reposan sus cenizas, en la Basílica de Santa María de Guadalupe de Ciudad de México.
López, que asumió muy diferentes cargos en su propio camino en la música hasta ocupar entre el 2004 y el 2011 la presidencia de Sony-BMG Music Spain, recuerda que incluso en sus años de apogeo discográfico la única prensa que le mostraba atención era la del corazón. «En aquellos momentos no había mucha prensa musical y era toda muy modernota. Hablaban de grupos de La Movida [...] No la tenían en consideración porque era una melódica, como a Camilo Sesto», comenta.
Ante ese panorama, para promocionar sus lanzamientos subía a varios periodistas de prensa rosa a la casa que la artista tenía en Torrelodones (Madrid), «una casa absolutamente preciosa, desde la que se veía la sierra, toda de cemento, supermoderna y con un ficus dentro». Ella los recibía «sin distinguir si eran del Hola o un medio con menos repercusión, siempre educada y muy detallista».
«Como a quienes Marieta vendía discos era a personas que leían esa prensa, yo me inventaba que se iba a separar de su marido, Junior. Se lo filtraba al primero, y este ya se lo contaba al siguiente. Antes se lo preguntaba a ella, que me decía: ''Tú haz lo que quieras'', y se partía de risa», rememora. «Y de bajada de vuelta a Madrid siempre todo el mundo decía lo maravillosa que era», añade.
Para él, «lo mejor de todo es que además no cayó subyugada por la industria, no era una de sus piezas». «La mayor parte de los artistas viven bajo el yugo de esa industria o rebelados intentando sacar dinero, pero ella convivía, algo que era muy difícil. Tenía claro que su público era el jefe, y ese jefe la quería a rabiar», subraya.
Forjó además un tipo de reparto de funciones en el seno familiar muy moderno para su época en una relación que él recuerda muy bien avenida. «Era muy roja y en su casa mandaba ella», afirma al recordar que Antonio Morales asumió un «papel secundario» para permanecer al cuidado de sus tres hijos habiendo tenido él también una gran carrera artística.
«Estaba muy orgullosa de llegar a donde había llegado y creo que en lo artístico hizo todo lo que quiso. Le faltó tiempo para vivir más, para ser feliz y para ver crecer e independizarse a sus hijos», opina ante una prematura muerte a causa de un cáncer un 25 de marzo del 2006, entre una enorme tristeza.
En ese sentido, narra otra historia que, a su parecer, da la talla de cómo era, cuando grabó Juntos otra vez (1997) con Juan Gabriel y se montó una gran presentación en España a la que solo unas horas antes el astro mexicano decidió no asistir. «La dejó colgada delante de toda la prensa. Ni una palabra mala dijo de él, ni a la prensa ni a nosotros. ''Dejadle, ya sabéis cómo es'', se limitó a decir».
Las hijas de la cantante, Carmen Morales y Shaila Dúrcal, recuerdan con emoción a su madre en la revista ¡Hola! «Verla otra vez sobre el escenario es sentirla cerca de nuevo, como si nunca se hubiera ido», dicen acerca de la proyección de su histórico concierto en cines de México y España. «Mi madre era de lo más cercana que te puedas imaginar. Muy empática y humilde, siempre consciente de dónde venía y de los sacrificios que había hecho. Nunca se quejaba de nada, todo lo hacía con una sonrisa de oreja a oreja y por el bien de su familia, de ella misma y de todos sus fans. Se entregaba por completo, sin reservas, con un amor y una pasión que se sentían en cada gesto y en cada canción», afirma Shaila.
Por su parte, Carmen Morales ha presentado en Montilla (Córdoba) la pieza teatral Inolvidable, dedicada a Rocío Dúrcal, que se estrenará en dicha localidad el 2 de octubre. Para la hija de la cantante, este miércoles es «un día bonito y a la vez agridulce». «El dolor sigue estando, pero se va transformando y se va convirtiendo en melancolía y en nostalgia», ha admitido.
Respecto a la obra Inolvidable, en la que ella se interpretará a sí misma, Morales ha reconocido que «es más complejo -desde el punto de vista interpretativo- interpretarse a sí mismo y hablar de tu madre», si bien ha asegurado que ha resultado ser un personaje «muy real».