La guerra de Irán eleva la inflación a su nivel más alto desde junio del 2024
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El IPC escala hasta el 3,3 % en marzo impulsado por los combustibles
27 mar 2026 . Actualizado a las 11:19 h.La guerra en Irán ya empieza a pasar factura al bolsillo de las familias españolas. No solo el gesto de llenar el depósito del coche exige invertir algo más, sino que parece que la fiebre de la inflación ha empezado a permear en muchas más partidas del presupuesto de los hogares.
Los números así lo atestiguan. El índice de precios de consumo (IPC) subió en marzo al 3 %, según el dato adelantado ayer por el Instituto Nacional de Estadística. El ritmo al que se encarece la vida ha pegado un acelerón importante en las últimas semanas. Porque, en febrero, la inflación se situaba en el 2,3 %. El incremento experimentado es el mayor que se registra desde mayo del 2022, una fecha con la que se empiezan a encontrar ciertas similitudes, puesto que por aquel entonces era otro conflicto bélico —la invasión rusa de Ucrania— el que calentaba los tiques de compra de los españoles.
Con el subidón experimentado en marzo, la inflación se coloca ahora en su nivel más elevado desde junio del 2024.
A falta de descubrir cómo ha ido afectando el contexto geopolítico a cada una de las partidas que forman parte de la cesta que determina el IPC —el detalle pormenorizado saldrá a mediados del mes de abril—, el INE ha desvelado algunos de los principales factores que se encuentran tras este encarecimiento del índice general. En primer lugar, y como no podía ser de otra manera, figuran los carburantes. Con el barril de petróleo totalmente disparado en los mercados internacionales, los precios de las gasolineras llevan varios días dando más de un disgusto a los conductores. Pero no es la única partida que ha arrastrado el conflicto. Explica el INE que también influye, aunque en menor medida, el precio de la electricidad por el conocido como efecto base. Y es que, hace justo un año, las fuertes lluvias —y con ellas la generación hidroeléctrica— propiciaron una importante caída de los precios eléctricos, que, comparándolos con los que arrastramos ahora, llevan el índice a incrementarse algo más.
Al ser el componente energético el que más ha contagiado al índice, la inflación subyacente es la que menos padece los males de la guerra. No en vano, este indicador excluye por completo de su cálculo tanto la energía como los alimentos no elaborados (al ser considerados los elementos más volátiles de la cesta). Esta se mantiene estable, y repite, al igual que en el mes de febrero, en el 2,7 %. Comportamiento positivo este, puesto que la subyacente es considerada uno de los indicadores que permiten advertir cómo será la tendencia futura del IPC.
Normalización de precios
Atrás quedan los vaticinios de que el 2026 se erigiría como el año de la normalización definitiva de los precios, después de que el 2022 llevase al IPC a registrar cifras superiores al 10 %. Pero el ataque de Estados Unidos e Israel ha dado al traste con todas las previsiones, y los principales organismos ya han empezado a reescribir las predicciones para los próximos meses, que, incluso en el mejor de los escenarios, con una guerra algo más corta, recogen pequeñas sacudidas para las economías familiares.