Estados Unidos registra un calor extremo en marzo con un período de retorno de 500 años

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Un hombre tomando el sol en Los Ángeles (California) el pasado 20 de marzo
Un hombre tomando el sol en Los Ángeles (California) el pasado 20 de marzo CHRIS TORRES | EFE

Se establecieron más de 1.500 récords por todo el país, destacando el caso de Arizona donde se registró el pasado 21 de marzo una temperatura de 44 grados

31 mar 2026 . Actualizado a las 16:52 h.

En un planeta que se calienta no resulta tan fácil batir récords de calor. Y cuando se establece uno nuevo, lo normal es que supere por una o dos décimas el registro anterior. Sin embargo, en los últimos tres años se está observando por todo el mundo un tipo de episodio meteorológico que se conoce como «eventos que destrozan récords». En España se registraron varios en el 2023. A finales del mes de abril, la estación de la Agencia Estatal de Meteorología en Córdoba estableció un récord de 38,8 grados. El anterior era de 34. Galicia registró uno de estos episodios en octubre. Ese día se rompieron marcas históricas en muchos puntos de la comunidad. Especialmente llamativo fue el caso de A Coruña, que el día 7 registró una máxima de 33,4 grados, superando en 1,9 el récord anterior.

Estados Unidos ha registrado varios de estos eventos en un mes de marzo que está siendo histórico. Una ola de calor sin precedentes tanto por su duración como por su intensidad ha estado afectando durante los últimos quince días al centro y al oeste del país, donde 180 ciudades han alcanzado máximas históricas. «Más de 1.500 récords de calor se batieron la semana pasada en todo Estados Unidos. Probablemente el récord de temperatura más extremo que se recuerde en el país», asegura el meteorólogo norteamericano Jeff Berardelli.

El caso más extraordinario ha sido el de Arizona. El pasado 21 de marzo, solo unas horas después del equinoccio de primavera, el termómetro alcanzó los 44 grados. Es una cifra que supera en 28 grados el valor climatológico. «Arizona cuenta con aproximadamente 90 años de datos diarios de temperatura y, sin embargo, las temperaturas recientes superaron el récord anterior de marzo en 2,8 grados, e incluso igualarían el récord de abril», informaba a través de sus redes sociales Robert Rohde, climatólogo jefe del Instituto Berkeley de la Tierra, con sede en California. «Básicamente, toda la mitad occidental de los Estados Unidos está experimentando condiciones climáticas inéditas para esta época del año», añadió.

Según un estudio de atribución publicado hace unos días, estas temperaturas corresponden a un evento extremadamente raro, con un período de retorno cercano a los 500 años en el oeste de Norteamérica en el clima actual. Sin embargo, los autores subrayan que un episodio de esta magnitud habría sido prácticamente imposible sin la influencia del cambio climático. Los datos muestran además que el calor extremo no está aumentando al mismo ritmo que la temperatura media global, sino mucho más rápido, especialmente en esta época del año. De hecho, marzo es el mes en el que el calentamiento de los extremos se está acelerando con mayor intensidad en esta región.

Más allá del récord puntual, este tipo de episodios tiene implicaciones importantes. El calor temprano puede adelantar el deshielo en zonas de montaña y comprometer la disponibilidad de agua durante el verano, además de aumentar el riesgo de incendios. También eleva el impacto sobre la población, ya que llega cuando la sociedad aún no está aclimatada a temperaturas tan elevadas.

El responsable de este calor extremo en marzo se llama heat dome o cúpula de calor. El aire tan caliente se eleva desde la superficie y genera una dorsal o zona de altas presiones en las capas altas de la atmósfera. Esta configuración inhibe la formación de humedad y activa un proceso de retroalimentación, de tal forma que el tiempo seco intensifica el calor y viceversa. Esta situación favorece que las máximas asciendan de forma muy notable. En el verano del 2022 una cúpula de calor afectó a Galicia e influyó de manera decisiva en la megaola de calor que se registró en julio y amplificó además los efectos de la intensa sequía que afectaba a la comunidad gallega y al resto de la Península.