Del miedo a la cooperación: cómo el cine ha cambiado la visión de la vida en el cosmos
ACTUALIDAD
La película «Proyecto Salvación» confirma que los alienígenas ya no son solo una amenaza para la humanidad
06 abr 2026 . Actualizado a las 08:58 h.¿Es el ser humano bueno o malo por naturaleza? Una pregunta existencial que la ciencia lleva décadas tratando de responder. Tras años de investigación, la conclusión quizá defraude a unos y sorprenda a otros: somos ambas cosas. Existen dos estrategias evolutivas simultáneas, la cooperación y la competencia. Ninguna domina sobre la otra. Cuál se impone en cada momento depende del contexto. Sin embargo, históricamente ha predominado una visión negativa del homo sapiens. Tendemos a vernos como una especie depredadora y egoísta, más que como amable y solidaria. La ciencia lo llama sesgo de negatividad y se remonta a los albores de la humanidad, cuando ignorar una amenaza podía resultar letal. Ese instinto de supervivencia ha quedado profundamente arraigado en el modo en que interpretamos el mundo.
El ser humano ha proyectado esta concepción sobre nuestra especie en el cosmos. El físico Stephen Hawking llegó a manifestar su oposición a establecer contacto con civilizaciones extraterrestres. «Si nos visitaran, los resultados serían como cuando Colón llegó a América, algo que no salió bien para los nativos americanos», advertía. Pero ¿de dónde surge esa percepción tan hostil del universo? Sabemos que la física lo es: agujeros negros, radiación, vacío… Aunque desconocemos cómo podría comportarse la vida fuera de la Tierra. Ni siquiera sabemos si existe. Esta ausencia de conocimiento ha alimentado una ficción que, en demasiados casos, ha mostrado una versión sesgada.
Una de las primeras obras que retrató el cosmos como amenaza fue La Guerra de los mundos, publicada en 1898 por H.G. Wells. La novela relata una invasión alienígena en Inglaterra. Muchos historiadores la consideran como una interpretación del colonialismo europeo, una forma de imaginar qué ocurriría si una civilización más avanzada tratara a los humanos como estos habían tratado a otros pueblos. El propio Wells señaló que se inspiró en la colonización británica sobre los aborígenes de Tasmania. En 1938, otro Wells, Orson Wells, realizó una adaptación radiofónica de esta misma historia durante los inicios de la radio. La ficción sonora desató el pánico entre la población, que creyó que la invasión estaba ocurriendo de verdad.
Después llegó la Segunda Guerra Mundial, la posguerra y la Guerra Fría, un período que sacó a relucir lo peor de la humanidad. Este contexto tan oscuro inspiró nuevos títulos como El enigma de otro mundo, La invasión de los ladrones de cuerpos y Vino del espacio exterior que continuaron retratando la vida extraterrestre como un peligro. En los 70 y 80 La guerra de las galaxias convirtió el espacio en un escenario de conflicto, mientras que Alien, el octavo pasajero llevó la amenaza a un terreno más inquietante: el de una biología letal. En los 90 y los 2000, en ffciones como Independence Day y Mars Attacks! la Tierra vuelve a ser atacada.
En 1997 una película introdujo un cambio de perspectiva. En Contact, inspirada en la novela del astrofísico Carl Sagan y en la investigación real del programa de búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI), el contacto no se presenta como una invasión, simplemente como algo incierto. Además, mientras parte del poder político lo interioriza como un riesgo, la ciencia lo entiende como una oportunidad. Este conflicto entre ciencia y política también fue abordado en el 2016 de forma brillante por La Llegada. El largometraje de Denis Villeneuve incorpora además una idea poco explorada, pero a la postre fundamental: la cooperación. Los extraterrestres visitan la Tierra para compartir su tecnología porque necesitarán la ayuda de los seres humanos en el futuro.
El pasado 27 de marzo se estrenó Proyecto Salvación. La película demuestra que una historia sobre el cosmos puede ser entretenida y respetuosa con la ciencia. También confirma que la visión de la vida fuera de la Tierra es ahora cómo tiene que ser: compleja. El enemigo es un microorganismo extraterrestre que se alimenta de la energía del Sol. Pero no hay malas intenciones, solo supervivencia, del mismo modo que los virus no buscan matar al huésped, sino encontrar un lugar donde subsistir. Además, el aliado termina siendo un extraterrestre inteligente que comparte el mismo problema que los humanos. El contexto les obliga a cooperar.
El filme, protagonizado por Ryan Gosling, que está cosechando grandes críticas y es el segundo mejor lanzamiento de todos los tiempos para una película que no forma parte de una franquicia, supone un reconocimiento cinematográfico de que el espacio exterior es un lugar misterioso y que las historias sobre vida fuera de la Tierra deben reflejar las dos caras: una egoísta y depredadora y otra más empática y colaborativa. Y así, empieza a parecerse más a lo que vemos en nuestro planeta.