Irak, otro campo de batalla del conflicto entre Irán y EE.UU.

Ricard G. Samaranch

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Funeral de un comandante de las Fuerzas de Movilización Popular en Anbar, abatido en un ataque aéreo contra una base de esta milicia chií iraquí.
Funeral de un comandante de las Fuerzas de Movilización Popular en Anbar, abatido en un ataque aéreo contra una base de esta milicia chií iraquí. Ahmed Saad | REUTERS

Bagdad hace equilibrios para no caer en una espiral violencia provocada por los grupos armados afines a Washington y Teherán desplegados en su territorio

01 abr 2026 . Actualizado a las 21:00 h.

La principal e involuntaria consecuencia geopolítica de la guerra de Irak del 2003 fue la conversión de este país árabe en escenario de una encarnizada lucha entre Estados Unidos e Irán por la tutela de Bagdad. Por eso, cuando empezaron a caer las bombas sobre Teherán hace un mes, los iraquíes temieron que su país se convirtiera en un polvorín. Desgraciadamente, no andaban desencaminados.

Si bien durante los primeros días del conflicto las partes implicadas presentes en Irak actuaron con cautela, en los últimos días se ha producido una escalada de violencia con ataques cruzados que han causado la muerte de varias decenas de personas. Desde el inicio de la guerra, el primer ministro, Mohamed Shia al Sudani, un islamista chií moderado que ascendió al poder en el 2022, está realizando complejos equilibrios para evitar que el país vuelva a caer en una espiral de violencia.

Su tarea no es nada fácil, ya que ambas partes del conflicto poseen unidades militares o grupos armados afines desplegados en el territorio. Por un lado, la principal base militar de EE.UU., la de Ain al Asad en Erbil, en la región autónoma kurda, aloja unos 2.000 soldados. En 1991, Washington selló una alianza con las principales fuerzas kurdas de Irak, y desde entonces ha protegido al Gobierno del Kurdistán iraquí

Por eso, Teherán percibe a los combatientes kurdos, los peshmergas, como fieles aliados de Estados Unidos. No obstante, sus dirigentes han insistido desde el inicio del conflicto en su estricta neutralidad. Además, en esta zona se hallan las posiciones de retaguardia de varias milicias kurdo-iraníes que hace años llevan a cabo una insurgencia de baja intensidad contra el régimen de los ayatolás.

Por el otro lado, Irán cuenta en Irak con el apoyo de una constelación de milicias islamistas chiíes agrupadas bajo el paraguas de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP), conocidas en árabe como Hashem al Shaabi. Estos grupos fueron creados en el 2014 con el patrocinio del régimen iraní para combatir el autodenominado Estado Islámico. Tras la derrota del autoproclamado califato yihadista se integraron a las fuerzas de seguridad estatales como una fuerza paramilitar. Las FMP se han convertido en un verdadero dolor de cabeza para Al Sudani. Aunque están a sueldo del Gobierno iraquí, en algunos casos, su lealtad hacia Teherán es más fuerte que hacia Bagdad.

Ataques proiraníes

Mientras en las primeras semanas del conflicto la mayoría de bombardeos en Irak, ya fueran misiles o drones, llevaban la firma de Teherán y tuvieron como blanco la base estadounidense de Ain al Asad o las posiciones de las milicias kurdo-iraníes, recientemente, las FMP se han sumado a los ataques iraníes contra objetivos estadounidenses, incluido varios civiles, lo que ha suscitado una respuesta contundente de Washington.

En concreto, el Ejército estadounidense ha llevado a cabo bombardeos contra varias posiciones de las FMP, como su sede en la provincia de Anbar. Entre las instalaciones atacadas, la clínica de una base militar operada de forma conjunta entre la milicia chií y el Ejército iraquí. «Es un ataque odioso que viola todas las leyes y normas internacionales», denunció el Ministerio de Defensa iraquí en un comunicado.

Las inquietudes de Shia al Sudani no se limitan al ámbito de la seguridad, sino también al económico. Ante el bloqueo del estrecho de Ormuz, el Gobierno iraquí declaró el cierre indefinido de la mayoría de sus pozos petrolíferos, ya que los depósitos de almacenaje de crudo se hallan repletos. Hasta el 90 % de los ingresos de Bagdad provienen de la venta de crudo, por lo que una prolongación de la guerra durante un largo período podría llevar al país a la bancarrota.