Es el principal acusado en el caso de espionaje bautizado como Kitchen
07 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Jorge Fernández Díaz (Valladolid, 1950) tiene poca cara de sospechoso, pero él es el principal acusado en el caso de espionaje bautizado como Kitchen desarrollado en el epílogo del segundo mandato de Mariano Rajoy.
Jorge, y su hermano Alberto, son testigos directos de muchos de los acontecimientos centrales de la democracia española desde los años 80. En 1982, tras ejercer como delegado del Gobierno en Oviedo y en Barcelona a las órdenes de la UCD, se anticipó al descalabro del partido centrista en las urnas y desembarcó en Alianza Popular. Lo hizo como candidato a la alcaldía de la capital catalana en 1983, con nulo éxito, por cierto.
Sus posturas fueron hegemónicas en el PP catalán tras imponer su vocación de entendimiento con Convergencia al choque sin contemplaciones que sugería Alejo Vidal Quadras, que se iría harto para fundar Vox y confrontar con los independentistas.
Su posición en un territorio hostil como Cataluña le valió para ser recompensado con diversos cargos de segundo nivel en el Gobierno de José María Aznar, obligado a cambiar el «Pujol, enano, habla castellano» por el guante de seda con los imprescindibles votos del entonces presidente de la Generalitat.
En esa época, se fraguó su relación personal con Mariano Rajoy, con el que compartió paso por los ministerios de Administraciones Públicas, Educación y Presidencia como secretario de Estado. Tras la derrota ante Zapatero en el 2004, se convirtió en uno de los asesores de confianza del propio Rajoy, que no dudó en encomendarle el Ministerio del Interior durante los cuatro primeros años de su mandato.
Para entonces, su habitual discreción se convirtió en polémica. Fue el impulsor de la llamada ley mordaza, muy criticada por la izquierda, y protagonizó numerosas burlas cuando confesó que tenía un ángel de la guarda propio al que había bautizado como Marcelo. Pero esa ayuda extra no le ayudó a esquivar a un segundo, Paco Martínez, con vocación de espía. Y, juntos, se sientan en el banquillo como supuestos cerebros de la operación Kitchen, un rocambolesco y chapucero episodio para apoderarse de los teóricos secretos con los que Luis Bárcenas, el extesorero del PP, amenazaba a Rajoy y al resto de dirigente del partido.
Fernández Díaz lo niega todo, pero la Fiscalía no le cree. Estos diez años se ha transformado en analista político y ha mantenido siempre la misma versión exculpatoria de Mariano Rajoy. Y en algunos de sus altavoces a lo más que se ha atrevido es a apuntar a Soraya Sáenz de Santamaría y su entorno del CNI. Ahora, solo le queda encomendarse al juez y a las pruebas para esquivar la cárcel. Su ángel Marcelo tendrá que hacer horas extras.