Aránzazu García, sexóloga: «Hay que tratar la sexualidad con los niños en cuanto aprenden a hablar»
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Así deberíamos conversar con nuestros hijos sobre un tema que cada vez es menos tabú. «Desde pequeñitos es importante explicarles que hay zonas del cuerpo que son privadas»
15 abr 2026 . Actualizado a las 19:22 h.Muchos padres todavía no saben cómo abordar las conversaciones de sexualidad con sus hijos. Sin embargo, la mayoría desconoce que la educación sexual empieza desde que son pequeños y que se debe ir adaptando el lenguaje y los temas a la capacidad de comprensión de sus retoños. La sexóloga Aránzazu García, del centro Intimae, nos explica las herramientas y los conceptos que se deben tratar en cada etapa de la vida de los niños.
—¿A qué edad es recomendable empezar a hablar de sexualidad con los niños?
—Desde cero, en cuanto aprenden a hablar.
—¿Hay que abordarlo poco a poco o en un momento concreto?
—Hay que adaptarse a la capacidad de comprensión del niño y a las necesidades de cada etapa. Cuando son muy pequeñitos, una de las prioridades es enseñarles a reconocer las partes del cuerpo y a nombrarlas. Un mensaje muy importante para darles es el de la higiene y el de que las zonas íntimas son partes del cuerpo a las que no tienen acceso todas las personas. Que si alguien extraño les toca, que sepan que esas zonas son privadas. Explicarles que se las pueden tocar mamá o papá en momentos muy concretos, como para echarle una crema o lavarles. También expresarles que pueden decir que no ante cualquier sensación que ellos noten como invasiva, ya sea de cualquier persona o familiar cercano. En las etapas infantiles, la prevención de abusos es una de las cosas más fundamentales de la educación sexual. En Europa las sufren uno de cada cinco niños y niñas.
—¿Por etapas?
—En la etapa preescolar lo más importante es que el adulto sea una fuente de seguridad en caso de que el niño tenga cualquier problema. Esto es para siempre, pero en un preescolar más. De la etapa infantil hasta la preadolescencia es un momento en la que suelen tener curiosidad, preguntan y hacen bromas. Ahí hay que adaptarse a ellos, sabiendo que la curiosidad es normal y buena. Si nos hacen preguntas más avanzadas respondérselas y si preguntan cosas más simples también. En este punto también es importante validar el pudor porque es cuando aparece, y, además, que los padres intenten dar una perspectiva de su cuerpo como positivo y válido. A partir de la preadolescencia podemos darles información sobre los cambios que se dan en la pubertad y hablarles de los conceptos de respeto y consentimiento. En la adolescencia ya es cuando se les puede hablar de cosas más complejas como valores, autocuidado, anticoncepción y muchas de las prácticas de riesgo que existen.
—Y tratarlo con naturalidad...
—Claro. No hay que darles una charla en ningún momento. Incluso cuando son más mayores, tampoco hay que dársela. Tiene que ser natural cuando es coherente con el contexto. Como, por ejemplo, cuando tienen más edad y se ve a dos personas besándose en la calle o sale una escena de sexo en una película. No es cuestión de darles un sermón, sino mantener una conversación.
—¿Debemos evitar ponerle otros nombres a las partes íntimas?
—Aquí no hay un consenso, porque, a veces, para detectar cuando hay abusos, que los niños los nombren con palabras que no son las suyas habituales es algo que nos puede dar pistas de que alguien más les está hablando. No es que no se puedan utilizar otros nombres, pero sí es bueno y útil que conozcan los términos adecuados. Por ejemplo: llamar vulva a la vulva o que sepan distinguir que vulva y vagina no es lo mismo. Es decir, que lo sepan nombrar con propiedad.
—¿Cómo pueden evitar los padres la vergüenza o la incomodidad al hablar de sexo con sus hijos?
—La vergüenza, en cualquier situación, se supera avanzando y poniendo un poquito de esfuerzo, pero sin violentarse. Si tú un día intentas dar una charla muy profunda y te sientes muy incómoda, sin querer estás enseñando vergüenza e incomodidad. Es preferible que lo hagas hablando de cosas pequeñas, que te resulten menos incómodas y haciéndolo más a menudo porque así se va normalizando para los niños, pero también para ti. Cuando hacemos un pequeño esfuerzo con pequeños comentarios, nos vamos acostumbrando a que esto sea menos vergonzoso.
—¿Crees que hablan más de ello ahora los padres con sus hijos que antes?
—Sin duda. Igual que en las cafeterías hay mucha más gente que habla de sexo sin vergüenza, luego, cuando tienes niños, eso se refleja.
—Teniendo más educación sexual, ¿los jóvenes son más conscientes sobre los riesgos?
—Hay mucha más información que antes, lo que ocurre es que también hay más desinformación, que viene principalmente de la pornografía. Los chavales acceden a verla mucho antes y más frecuentemente. Aunque sepan que eso no es real, si nunca han tenido una experiencia sexual y la ven, esto deja una huella neuronal en su memoria. Ver porno en la infancia o en la adolescencia temprana te hace tener unas creencias y expectativas, que son desinformación pura.