¿Hijos o productos? El gran dilema ético de los bebés a la carta

Adrián García Seoane REDACCIÓN / LA VOZ

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La compañía Nucleus Genomics asegura ser capaz de predecir el potencial de un bebé antes incluso de su concepción
La compañía Nucleus Genomics asegura ser capaz de predecir el potencial de un bebé antes incluso de su concepción María Pedreda

La campaña de una biotecnológica estadounidense que anima a diseñar al hijo «perfecto» ha reabierto el debate sobre los límites de la ciencia

19 abr 2026 . Actualizado a las 10:10 h.

«Ten un bebé más sano. Ten a tu mejor bebé». Este es el eslogan con el que la biotecnológica estadounidense Nucleus Genomics ha empapelado recientemente las calles de Nueva York para animar a los futuros padres a concebir —y diseñar— al hijo «perfecto»: niños más altos, más inteligentes, más «guapos» o con menor riesgo de sufrir enfermedades hereditarias. Y todo ello con un simple análisis genético. O eso, al menos, es lo que promete la compañía, que asegura ser capaz de predecir el potencial de un bebé antes incluso de su concepción.

Esta controvertida estrategia de márketing ha reavivado un debate ético que en los últimos años se ha hecho cada vez más frecuente a raíz de los recientes avances en el campo de la biotecnología. ¿Quién decide, y bajo qué criterios, que un bebé es «más sano» o «mejor» que otro?, ¿hasta qué punto es científicamente posible predecir rasgos complejos como el cociente intelectual o la personalidad?, ¿dónde está el límite entre la prevención de enfermedades y la eugenesia?, ¿podría esta tecnología, debido a su elevado coste, aumentar las desigualdades sociales? La polémica por los bebés a la carta está servida y, mientras la ciencia continúa avanzando, el consenso entre los expertos en la materia parece aún lejano.

«O fenómeno dos bebés á carta está relacionado coa evolución da ciencia e a tecnoloxía no que respecta ao comezo da vida. Antes, todo o que tiña que ver co nacemento era unha cuestión de feito: nacíase ou non se nacía, e as posibilidades de intervención humana eran escasas. Pero, coa revolución biotecnolóxica, o que antes era un feito agora pasa a ser unha decisión», explica José Antonio Seoane, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidade da Coruña (UDC) y miembro del Comité de Bioética de España. «Hoxe, os pais poden decidir se queren ter un fillo ou non; poden facer unha diagnose prenatal para saber cales son as características do feto e, en función delas, interromper ou non o embarazo; e poden, coas técnicas de reprodución asistida, seleccionar os embrións máis viables para levar a termo o embarazo. Desde o momento no que o ser humano é capaz de decidir sobre estas cuestións, aparecen dilemas éticos», expone Seoane.

No obstante, aun con los recientes avances en edición genética —también conocida como CRISPR—, la posibilidad de crear bebés de diseño sigue siendo muy limitada. Así lo señala Natalia López Moratalla, catedrática emérita de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Navarra y miembro del comité científico de la Sociedad Internacional de Bioética (SIBI). «Se hace una propaganda que exagera los posibles éxitos para conseguir financiación. Editar un embrión es muy complejo, yo diría que ciencia ficción. Características como un cociente intelectual muy alto o rasgos físicos como la altura o el color de ojos dependen de más de un gen y están exquisitamente regulados, por lo que modificarlos puede deshacer el equilibrio del mensaje genético. Por ello, desconocemos si sobrevivirían, cuál sería la expectativa de vida de estas personas y cómo se transmitiría ese genoma modificado a la descendencia», apunta la catedrática, para quien el debate no puede desligarse de estas incertidumbres. «La ética exige seguridad», recalca.

En este sentido, Seoane recuerda que «un dos principios básicos da bioética é o de non maleficencia, é dicir, a obriga de non causar dano, que ademais está relacionado co de beneficencia, que implica facer o ben. Noutras palabras: se podes, fai o ben e, se non, polo menos non fagas dano». Por ello, el jurista ve los servicios de edición genética que promueven empresas como Nucleus Genomics como un «gran problema». «Estannos dicindo que podemos conseguir bebés á carta, pero non temos garantías da seguridade, calidade e efectividade desas prácticas, porque non hai estudos ou ensaios clínicos que as avalen», expresa el catedrático de Derecho. Y López Moratalla añade: «Aunque se ha conseguido corregir un gen defectuoso que causa una enfermedad de la sangre, la edición genética tiene limitaciones, ya que la técnica requiere extraer células, corregirlas in vitro y devolverlas a su sitio. Algo fácil con células sanguíneas y muy difícil con las de otros sistemas y tejidos».

Por si fuera poco, a esta problemática se suma otra relacionada con la libertad personal. «Ao elixir un bebé á carta, os pais estarían predeterminando a vida do seu fillo, xa que estas decisións son irreversibles. Por iso, veríase lesionado outro valor moi importante: o de autonomía. É dicir, a liberdade para tomar decisións respecto ao teu proxecto vital», reflexiona Seoane, que además formula otra objeción basada en la evidencia científica. «Este tipo de intervencións parten da premisa do determinismo xenético, de que somos exclusivamente os nosos xenes. Pero non é certo. As características dunha persoa tamén dependen da contorna na que nace, dos medios cos que vive, de factores sociais e ambientais... Somos natureza e cultura», subraya el experto.

Pero, más allá del debate ético, la creación de bebés de diseño plantea otro dilema con una dimensión social ineludible: si estas tecnologías, hoy en día con un precio prohibitivo, llegaran a perfeccionarse, ¿quién podría costeárselas? «Habería un problema de xustiza no acceso, porque non todo o mundo podería pagar eses tratamentos no caso de que fosen seguros. Iso xeraría discriminacións e bechas de igualdade», señala el jurista, para quien la consolidación de estas prácticas daría lugar a una serie de «castas» que se enmarcarían dentro «do que algúns autores denominan euxénese liberal».

Sin embargo, frente a la desregulación imperante en Estados Unidos, en Europa el marco legal sigue siendo restrictivo, como indica López Moratalla. «Aunque muchas voces clamen para que se elimine esa prohibición, la investigación con embriones humanos sigue siendo ilegal. En este sentido, España tiene firmado el Convenio de Oviedo», expone la genetista, en referencia al Convenio del Consejo de Europa para la protección de los derechos humanos y la dignidad del ser humano respecto de las aplicaciones de la biología y la medicina. «Llama muy negativamente la atención que los multimillonarios de Silicon Valley intenten lograr un bebé a la carta, retando la prohibición», concluye la catedrática.