El realismo de los vídeos de IA ya hace dudar de vídeos auténticos

Paulino Vilasoa Boo
P. VILASOA REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

Fotograma del vídeo de Netanyahu, en el que la sombra del pliegue de su mano hace parecer que tiene un sexto dedo
Fotograma del vídeo de Netanyahu, en el que la sombra del pliegue de su mano hace parecer que tiene un sexto dedo @netanyahu

La saturación de vídeos falsos genera una ola de escepticismo ante las imágenes reales, que se convierte en una nueva arma de la desinformación

03 may 2026 . Actualizado a las 12:42 h.

«De lo que te cuenten, no te creas nada; y de lo que veas, la mitad». Este dicho popular sobre la cautela ha adquirido en los últimos años un sentido literal. Con los vídeos generados por inteligencia artificial son cada vez más indistinguibles de las grabaciones reales y convertidos en herramientas para difundir información falsa, la desconfianza se ha adueñado de los usuarios de internet. Hasta el punto de que, en muchas ocasiones, cuesta creer hasta los vídeos reales.

Los imágenes falsas llevan ya tiempo usándose de muy diversas formas. En algunos casos, con simple intención lúdica, aunque no por ello inofensiva. Que se lo digan, si no, a Zendaya. Tras el rumor de que se había dado ya el «sí quiero» con Tom Holland en una ceremonia secreta, no tardaron en aparecer supuestas fotografías del enlace a orillas del lago italiano de Como. Los novios, eufóricos, descorchaban champán y disfrutaban de la fiesta con invitados de lujo como Robert Downey Jr., Jake Gyllenhaal, Tobey Maguire o Andrew Garfield. Unas bonitas imágenes que, según explicó la propia actriz en el programa de Jimmy Kimmel, provocaron el enfado de amigos cercanos que no habían sido invitados o informados, pero que no eran reales. «Mucha gente de mi entorno se las creyó, me venían diciendo ‘‘Las fotos son preciosas’’, y yo les tenía que decir: ‘‘Cariño, son IA’’», aclaró.

No siempre es tan fácil de arreglar el desaguisado. En su faceta más peligrosa, hay quienes buscan sacar rédito económico a través de vídeos manipulados que usan la imagen de famosos para convencer a los usuarios de redes sociales para compartir datos personales o bancarios, captar inversiones o pedir donaciones a causas falsas. Este fue el caso de una reciente tendencia de vídeos falsos en TikTok en los que la princesa Leonor animaba a participar en varios juegos para ganar dinero fácil. La Fundación Princesa de Asturias se vio obligada a difundir una advertencia pública ante el intento de estafa.

En otras ocasiones, en cambio, la motivación pura y llanamente desinformar. Hay cientos de ejemplos de manipulación con fines políticos, estratégicos o para alimentar teorías de la conspiración. Uno de los últimos casos sucedió en el contexto de la misión Artemis II. Como había pasado con la llegada del hombre a la Luna en el 69, los más escépticos no se creían nada, y trataron de demostrarlo con vídeos en los que se veía a los cuatro astronautas en un escenario de cine, con una pantalla verde de fondo. Era su forma de argumentar que todo había sido una mentira, aunque para ello tuvieran que usar imágenes generadas, por supuesto, por IA.

Varios ejemplos de imágenes falsas y manipuladas: las fotos por IA de la boda de Tom Holland y Zendaya; el vídeo en el que Leonor propone un juego para ganar dinero; imagen editada que muestra a los tripulantes de Artemis II, en un plató
Varios ejemplos de imágenes falsas y manipuladas: las fotos por IA de la boda de Tom Holland y Zendaya; el vídeo en el que Leonor propone un juego para ganar dinero; imagen editada que muestra a los tripulantes de Artemis II, en un plató

Esta saturación de vídeos falsos hiperrealistas y la intoxicación informativa ha sido el caldo de cultivo para el efecto contrario: un escepticismo casi total que lleva a desconfiar de los auténticos. Es lo que se ha dado en llamar el «dividendo del mentiroso», la perversa ventaja que obtienen los manipuladores cuando la tecnología permite hacer dudar de la autenticidad de todo. «Nos enseñan a ser tan críticos y a preguntarnos tanto sobre la información que nos llega, que llega un punto en el que todo ha dado la vuelta y hemos llegado al cinismo», reflexiona Javier Cantón Correa, investigador de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y experto en desinformación a través de Inteligencia Artificial. «El objetivo de muchos contenidos es generar esa desconfianza, para que así, cuando te llegue información real, tampoco te la creas», añade sobre quienes se aprovechan de ello.

Un ejemplo reciente tuvo como protagonista a Benjamin Netanyahu. Tras los rumores de su muerte por un ataque de Irán, el primer ministro israelí dio una videoconferencia para demostrar que seguía vivo. Sirvió de poco para quienes ya habían asumido la noticia. La sombra de un pliegue de su mano derecha, que durante un instante hacía parecer que tenía seis dedos, provocó una intensa campaña para tratar de demostrar que el vídeo había sido generado por IA. El líder hebreo lo volvió a intentar, con otro vídeo en el que visitaba una cafetería y llegaba a burlarse de su número de falanges. Sus críticos volvieron a la carga, y analizaron de nuevo hasta el más mínimo detalle para probar la falsedad de la pieza promocional. Harían falta dos vídeos más y una rueda de prensa con periodistas presenciales para acallar definitivamente los rumores.

El problema es que la detección de los contenidos generados por IA a simple vista se hace cada vez más difícil, y a ello se añade que no hay ninguna tecnología que podamos usar para sacarnos completamente de dudas. «Ahora mismo no existe ninguna herramienta fiable como tal —explica Javier Cantón Correa—. Hay herramientas que te dan un índice aproximado, pero que hay que tomar con mucha cautela». Porque los detectores de IA que mucha gente utiliza para determinar el grado de manipulación de unas imágenes no son ni mucho menos infalibles. Hay muchos y muy frecuentes casos tanto de falsos positivos como de falsos negativos.

La solución, por tanto, no es sencilla, aunque hay ciertas pautas. «Lo mejor es la prudencia, el sentido común. Preguntarte quién lo ha publicado, de dónde te viene esa información y qué interés puede haber detrás», recomienda el experto en desinformación, que sugiere apostar por las fuentes fiables, como los medios de comunicación, que tienen «una oportunidad única» para erigirse como dique ante el auge de las fake news a través de información de calidad y contrastada, y como actores clave para «alfabetizar mediáticamente y críticamente a la ciudadanía». Además, y a pesar de las limitaciones, valora positivamente las acciones del Gobierno contra la desinformación.