La redistribución de los mapas electorales en EE.UU., la última batalla entre demócratas y republicanos
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El pulso por el Congreso sentenciará a la Administración Trump
26 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.De cara a las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, tanto republicanos como demócratas están empleando todos los recursos legales a su disposición para obtener hasta la más mínima ventaja sobre sus rivales políticos en el Congreso. Por ello, los estados se han convertido de forma controvertida en escenarios de batallas legislativas. En un panorama tan ajustado, un puñado de escaños podrían sentenciar el resto de la Administración Trump.
La herramienta predilecta de ambos partidos en los últimos meses ha sido el gerrymandering, práctica que consiste en la modificación de mapas electorales mediante la creación de nuevos distritos, la fusión de otros o la supresión de demarcaciones. En sus orígenes, este mecanismo se aplicaba para reflejar los cambios demográficos registrados en los censos de cada década. Hoy, se ha convertido en una arbitraria arma de doble filo con fines políticos, que se ha ido contagiando de entidad en entidad.
Texas fue la mecha que encendió las sucesivas redistribuciones de distrito registradas a mediados del año pasado. Según informa el medio Politico, desde el 2024 ya rondaba en el círculo cercano a Trump la idea de que las elecciones legislativas de noviembre del 2026 serían duras para sus aspiraciones. Fue entonces cuando uno de sus consejeros más próximos, James Blair, tuvo una idea. Redibujar los mapas de distritos en estados gobernados por conservadores antes del censo del 2030, lo que les podría otorgar nuevos representantes con la aparición de nuevas demarcaciones territoriales y la eliminación de otras. El aparato estatal puso las manos a la obra en el bastión conservador más grande e influyente de la nación: Texas.
Efecto dominó
En agosto del 2025, el congreso local del estado de la Estrella Solitaria aprobó una arbitraria división territorial que, según las proyecciones, le generaría un colchón de cinco escaños adicionales. Esta modificación fue la que desencadenó una multitud de cambios, que se prevé que continúen a vísperas de la elección. A Texas se sumaron Missouri, Ohio y Carolina del Norte, todos estados de tendencia conservadora.
Los demócratas no se quedaron de brazos cruzados y jugaron con las mismas reglas, comenzando por el baluarte progresista por excelencia: California, estado con 52 representantes, 43 de ellos afines. El gobernador Gavin Newsom neutralizó las iniciativas republicanas con su Propuesta 50, que modifica temporalmente los distritos electorales. Tras un difícil escrutinio legal, la legislación fue aprobada, y se estima que la representación republicana en el estado se reduzca de nueve a cuatro representantes en los comicios de noviembre, lo que supone cinco escaños más para los demócratas.
Esta semana, las autoridades progresistas de Virginia celebraron la reforma territorial aprobada por su congreso local, de mayoría demócrata, que otorgaría diez de los once puestos del estado en la Cámara Baja a los progresistas, cuatro más. Se unificaron varias circunscripciones representadas por los conservadores y se dividieron varias lideradas por sus rivales. Con ello, los demócratas contrarrestaron las ventajas obtenidas por la bancada de enfrente.
Las miradas se dirigen ahora hacia Florida, estado de residencia de Trump, una entidad densamente poblada y gobernada por los conservadores. El gobernador del estado del Sol, Ron DeSantis, ha hecho públicas sus intenciones de seguir el ejemplo de los demás estados y redibujar los mapas de los distritos electorales. A principios de mayo se prevé que el nuevo plano estatal sea discutido en el congreso local, lo que podría traducirse en tres a cinco escaños adicionales para los republicanos.