El periodista cubano Abraham Jiménez Enoa: «Estamos en el túnel final de la existencia del régimen castrista»
ACTUALIDAD
Exiliado de su país desde el 2022, relata situaciones «surrealistas» en el país por la falta de suministros. Durante sus años de oficio en la isla vivió la represión de la dictadura
26 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Abraham Jiménez Enoa (La Habana, Cuba, 1988) vivió un exilio forzoso de su Cuba natal. Periodista de profesión, experimentó en sus carnes —también le pasó a sus familiares y amigos— la represión del régimen hasta que una llamada amenazante le obligó a cruzar el Atlántico. «Pasaporte; te vas». Hoy vive en Barcelona con su esposa y su hijo. Desde la ciudad condal responde por teléfono. Autor de los libros La isla oculta y Aterrizar en el mundo, fue galardonado en el 2022 con el Premio Internacional a la Libertad de Prensa del Comité para la Protección de Periodistas.
—¿Cómo ve la situación actual de los cubanos?
—Es bastante delicada. Los cubanos están viviendo algo que no se había visto jamás en las últimas siete décadas del castrismo. Ni siquiera en los noventa cuando cayó el campo socialista de Europa del Este, cuando Cuba perdió todas las prebendas que llegaban de esta zona. Me lo cuenta mi familia.
—¿Por qué penurias están pasando, según lo que pueden contarle desde la isla?
—Las escenas son surrealistas. La gente cocina con leña y a la intemperie porque no hay gas manufacturado. Hay apagones diarios de 18 a 20 horas; no tienen agua porque no llega a los barrios. La basura está comiéndose las calles porque no tienen cómo recogerla. Los propios vecinos tienen que quemarla. No hay transporte público y las escuelas y universidades están cerradas. Están viviendo un infierno, básicamente. La gente está desesperada.
—¿Qué opina del papel de Estados Unidos en la crisis cubana?
—Trump y Marco Rubio [jefe de la diplomacia del Gobierno de Estados Unidos] le dieron un ultimátum de dos semanas al régimen cubano para que haga reformas políticas. Sobre todo sociales, para que libere a los más de 1.200 presos políticos que hay en el país. A partir de ahí supongo que se podrán levantar algunas de las sanciones.
—Le hago la pregunta del millón: ¿qué va a pasar?
—Ojalá uno pudiera saber. Es todo muy incierto. Por un lado están Trump y Rubio que quieren acabar con la dictadura cubana, pero por otro lado está todo el escenario geopolítico, sobre todo por lo que está pasando en Irán, que hace que Cuba tenga una situación compleja. El régimen está contra las cuerdas. Una vez salió Maduro de la ecuación y toda la ayuda del petróleo desde Venezuela, Cuba se ha quedado en el aire: sin aliados, sin recursos y a merced de Estados Unidos. A mí me cuesta creer que vaya a haber una intervención militar, pero del loco de Trump se puede esperar cualquier cosa.
—¿Considera usted que el régimen lograra sobrevivir?
—Creo que el castrismo ha llegado al final de su existencia. Puede ser mañana, en un año o dos, pero no tiene cómo sobrevivir porque no tiene recursos. Ni con Trump, si levanta el cerco petrolero no tienen nada: ni industria, ni agricultura. Lo único que hace es reprimir a los que disienten dentro del país. Es un Estado quebrado. Estamos en el túnel final de la existencia del régimen.
—Existen voces cubanas en la diáspora que, con tal de ver caer la dictadura, aceptan incluso una intervención militar. Es un asunto complejo. ¿Qué piensa usted?
—Yo no quiero una intervención militar. Sí quiero que se acabe el castrismo y sí quiero que los cubanos dejen de sufrir. Este último es el sentir general. Estoy exiliado y quiero que caigan, por supuesto, pero a la vez soy antitrump y anticapitalista. Todo eso puede convivir.
—La situación antes del nuevo vuelco de Trump en Latinoamérica ya era delicada para Cuba.
—La crisis es anterior a Trump. Cuba lleva mucho tiempo en ese estado. Lo que pasa es que al no dejar que entren buques de petróleo y a agudizar las sanciones llevó la crisis a otro nivel. Pero hay un error de toda la prensa internacional cuando se asume que el estado de Cuba es solo por el líder republicano.
—¿La captura de Maduro resultó ser la puntilla a la frágil economía en la isla?
—Esto fue lo que agravó la crisis. Todo el sistema energético cubano funciona con termoeléctricas soviéticas del siglo pasado. El 50 % se alimentaban del crudo venezolano. Al desaparecer, Cuba ha ido tirando de sus pequeñas reservas y ahora se ha quedado sin petróleo.
—¿Cómo fueron sus inicios en la profesión?
—Me gradué de Periodismo en la Universidad de La Habana y empecé a ejercer de forma independiente. Entonces en Cuba apenas había acceso a conexión wifi. Mi oficina era un parque: yo sentado en la acera, bajo el sol o bajo la lluvia. Durante muchos años viví el acoso y la persecución del régimen. Pasé por prisiones domiciliarias y la intervención de mi comunicación privada. Hubo represalias a mis familiares y a mis amigos. Mis padres perdieron el trabajo.
—Usted ha contado en diversas ocasiones que sufrió un sinfín de dificultades y presiones para ejercer como periodista.
—Empecé a escribir más en serio en el 2016, y en el 2020 llegué a tener un perfil bastante alto porque fui columnista del Washington Post, aparte de fundar una revista de periodismo narrativo [El Estornudo, que sigue activa]. No me dejaban tener pasaporte; estaba en una lista de los que llaman regulados migratorios, donde incluyen a artistas, disidentes y opositores. Después de las protestas del 2021 Cuba se puso muy caliente y decidieron cambiar de estrategia. Por haber colaborado en varios medios internacionales no me querían encarcelar y lo que hicieron fue... Bueno, una especie de negociación. Me dijeron que o me iba del país o me metían en la cárcel. Evidentemente escogí irme, y así es como llegué a España en el 2022. Y no puedo regresar, como otra mucha gente.
—¿Llegó a pasar un tiempo prolongado en prisión?
—No, no llegué a estar preso. Lo que hacían era detenerme y llevarme al calabozo. Me dejaban allí como seis o siete horas. Luego me asustaban. Otras veces me dejaban dentro de mi domicilio con cercos policiales. ‘Si das un paso fuera de tu casa, estás preso’, me decían. Una vez me cogieron, me esposaron, me desnudaron y me metieron en un carro. Ni siquiera sabía dónde me llevaban. Todo iba por etapas. La estrategia del régimen se basaba en el desgaste.