El príncipe Guillermo y Catalina Middleton representan a la nueva generación de los Windsor en activo, un núcleo reducido donde la media de edad supera los setenta años
29 abr 2026 . Actualizado a las 10:59 h.Este miércoles se cumplen quince años desde que el príncipe Guillermo y Catalina Middleton contrajeron matrimonio en la abadía de Westminster, en Londres, ante la mirada de unos 2.000 millones de personas que, según las estimaciones, siguieron la retransmisión en directo de un acontecimiento que representó la modernización de la corona británica. En estos años, la pareja, que estrenaba aquel día el título de duques de Cambridge, se ha transformado en una familia que ha crecido y ha atravesado contratiempos diversos en el punto de mira de la opinión pública. Guillermo y Catalina representan a día de hoy la sangre joven de la corona británica, tal como quedó de manifiesto hace siete días cuando, en la celebración en el palacio de Buckingham con motivo del centenario de Isabel II, los miembros en activo de la realeza reunidos en la foto de familia superaban una media de edad de setenta años.
Todo empezó el 29 de abril del 2011, el primogénito del heredero al trono, llamado a reinar en un futuro, se casaba con una mujer sin linaje aristocrático a la que había conocido diez años antes en la Universidad de St Andrews, en Escocia, donde estudiaban. Durante sus primeros años mantuvieron una relación discreta, que fue ganando atención mediática y atravesó también una grave crisis que los llevó a separarse durante un tiempo en el 2007. El compromiso se anunció en noviembre de 2010, después de un viaje privado a Kenia.
La boda tuvo lugar ante 1.900 invitados en una Abadía de Westminster que se llenó de árboles, como un bosque artificial en el que se reunieron casas reales europeas, miembros del Gobierno británico y figuras públicas internacionales. La estrella inesperada de la aquella ceremonia fue Pippa Middleton, que ejerció como dama de honor y estuvo en todo momento atenta de su hermana y de la cola de su vestido de Alexander McQueen.
Al príncipe Guillermo lo acompañó al altar su hermano, Enrique, en la época en la que la relación fraternal parecía irrompible y Meghan Markle aún vivía una vida lejos de la monarquía. Años después, el hijo menor de Carlos y Diana se distanció con escándalo de su familia y desveló detalles escabrosos como la pelea en la que Guillermo le pegó y lo tiró al suelo. También contó que aquel día de la boda en Westminster el novio «apestaba a ron», como informa Colpisa.
El banquete nupcial, al que asistieron 600 personas, fue un despliegue de la cocina británica clásica. Se sirvieron alrededor de 10.000 canapés fríos y calientes, con salmón ahumado escocés, huevos de codorniz con sal de apio, pato confitado con mermelada de pera o minisalchichas en hojaldre. Los entrantes consistieron en salmón marinado de South Uist, cangrejo de Lyme Bay y langostinos de las Hébridas, y el plato principal fue cordero orgánico de North Highland servido con verduras de primavera, espárragos ingleses, patatas Jersey Royal y salsa Windsor.
Un sencillo postre de fresas con nata fresca precedió a la tarta nupcial de frutas de varios pisos decorada con crema y glaseado blanco. Hicieron falta cuarenta cajas distribuidas en varias furgonetas para su traslado al palacio. También se sirvió tarta de galletas con chocolate, a petición del príncipe Guillermo.
Cercanía con el pueblo
En estos quince años de matrimonio ha habido alegrías y sinsabores. Guillermo y Kate han vivido el nacimiento de sus tres hijos: el príncipe Jorge, de 12 años, que nació el 22 de julio del 2013; la princesa Carlota, de 10, nacida el 2 de mayo del 2015; y el príncipe Luis, que cumplió 8 años el pasado 23 de abril. Han visto marchar a los duques de Sussex, con los que no tienen relación, algo que los deja como la generación más joven de los Windsor en activo. También se han mantenido prudentemente alejados de la caída en desgracia del expríncipe Andrés.
El momento más duro para la familia llegó a comienzos del 2024, cuando el rey Carlos III y Catalina fueron diagnosticados de cáncer al mismo tiempo y llegaron a coincidir en el hospital.
Los príncipes intentan proyectar una imagen cercana al pueblo, salvaguardando su privacidad y priorizando la atención a sus hijos. Una protección que se acentuó durante el tratamiento oncológico de la princesa de Gales, un proceso en el que el hermetismo y la ausencia de información alimentó numerosos rumores sobre su salud y el estado de su matrimonio.
Además de los más jóvenes, hoy son los miembros más queridos de la familia real británica, con casi un 75 % de aceptación en las encuestas de popularidad.