Una revisión sistemática publicada en The Lancet Psychiatry ofrece por primera vez cifras comparables a escala global sobre este trastorno durante el embarazo y el posparto.
02 may 2026 . Actualizado a las 10:16 h.Alrededor de una de cada 15 mujeres (6,8 %) sufre trastorno depresivo mayor en el año posterior al parto, mientras que cerca de una de cada 16 (6,2 %) lo padece durante el embarazo. Así se recoge en una revisión sistemática y un metaanálisis publicados en la revista The Lancet Psychiatry que ha arrojado luz sobre la verdadera incidencia del trastorno depresivo mayor en la etapa perinatal, tras analizar datos de más de dos millones de mujeres en 90 países. El trabajo, liderado por la doctora Alize Ferrari y su equipo bajo el marco del Estudio de la Carga Global de Morbilidad, destaca un momento de especial vulnerabilidad: las dos primeras semanas tras el nacimiento del bebé, donde la prevalencia alcanza su punto máximo con un 8,3 %. Estos datos confirman que la depresión mayor —caracterizada por una tristeza profunda y persistente que impide el funcionamiento diario— es significativamente más frecuente en madres que en la población general, alejándose del fenómeno transitorio conocido como tristeza posparto.
Los propios autores del estudio hacen hincapié en que estas cifras evidencian la necesidad de reformar los modelos de atención actuales. Los investigadores advierten de que las herramientas de cribado basadas únicamente en síntomas, de uso muy habitual en las consultas, pueden sobreestimar la prevalencia del trastorno entre un 71 % y un 122 % frente a los diagnósticos clínicos completos. Por ello, instan a las autoridades sanitarias a una mayor integración del cribado profesional, la prevención y el tratamiento dentro de la atención rutinaria a la maternidad.
El nuevo estudio constituye la primera estimación global que analiza la frecuencia del trastorno en distintos momentos del embarazo y del primer año tras el parto, teniendo en cuenta las diferencias en la forma de medir la depresión. Para ello, los investigadores analizaron 780 estudios que abarcan a más de dos millones de mujeres y adolescentes de entre 10 y 59 años en 90 países.
El trabajo también examina las diferencias regionales. En Europa occidental, la prevalencia se sitúa en el 5,0 % durante el embarazo y el 5,3 % en el año posterior, mientras que en América del Norte es del 4,3 % y el 4,6 %, respectivamente. En contraste, las tasas más altas se registran en el África subsahariana meridional (15,6 % durante el embarazo y 16,6 % después del parto), y las más bajas en regiones de Asia-Pacífico de altos ingresos (3,1 % y 3,3 %).
Desde el ámbito clínico externo, expertos como Eduard Vieta, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Barcelona y jefe de servicio en el Hospital Clínic, señalan que estos hallazgos chocan frontalmente con la presión social de que el nacimiento debe ser un período de felicidad absoluta. Vieta advierte que en España existe una carencia de dispositivos especializados que permitan tratar a la madre de forma integral sin romper el vínculo de apego con el recién nacido, una relación emocional que resulta fundamental para la evolución posterior del bebé. «Este trabajo indica que tenemos que fomentar la atención a la salud mental durante el embarazo y el posparto, y desarrollar programas y centros especializados», advierte en una reacción recogida por SMC España.
Por su parte, la profesora Emma Motrico, de la Universidad de Sevilla y el Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBiS), subraya la rigurosidad metodológica de la investigación, pero pone el foco en una advertencia técnica crucial: la importancia de contar con instrumentos validados para cada contexto cultural. Motrico resalta que, aunque el estudio detecta diferencias regionales importantes —con tasas que superan el 16 % en el África subsahariana frente al 3 % en zonas de Asia-Pacífico—, el problema sigue siendo considerable en todo el mundo.
La experta coincide con los autores en que es fundamental establecer protocolos claros y guías de práctica clínica basadas en la evidencia que orienten a los profesionales sanitarios para actuar ante un problema que tiene un «impacto devastador» no solo para la mujer, sino para toda la familia. «En conjunto, estos resultados apoyan la integración de la salud mental perinatal en los servicios de atención al embarazo, parto y puerperio. Para avanzar en esta dirección, es fundamental establecer protocolos claros de actuación en cuanto al cribado, la prevención y el tratamiento, así como desarrollar guías de práctica clínica basadas en la evidencia que orienten a los profesionales sanitarios». expone a SMC.