El fiscal desmiente al comisionista y niega que Pedro Sánchez fuera el «número uno» de la organización criminal
07 may 2026 . Actualizado a las 08:15 h.«La corrupción política está carcomiendo nuestro sistema democrático y solo una reacción contundente puede frenarla». El fiscal anticorrupción Alejandro Luzón resumió en esta frase sus conclusiones sobre el caso de las mascarillas, que este miércoles quedó visto para sentencia. Justificó así su petición de que se impongan 24 años de cárcel para el exministro de Transportes José Luis Ábalos, 19 años y medio para su exasesor Koldo García y siete para el empresario Víctor de Aldama. Penas que consideró «graves», pero «proporcionales y disuasorias».
Luzón no modificó su solicitud de condena para Aldama, pero subrayó que su declaración fue decisiva para «avanzar en muchos aspectos de la investigación». Por eso es posible, dijo, «apreciar la atenuante de confesión como muy cualificada», dejando clara así su posición, pese a que la fiscala general del Estado, Teresa Peramato, le instó a no rebajar la petición. Según dijo, si no se premia a los denunciantes en las causas de corrupción, se impondrá «la ley del silencio».
Aseguró que los indicios de los delitos de organización criminal, cohecho, tráfico de influencias y malversación «son abrumadores». Y desmintió al comisionista al señalar que no se trata de establecer una jerarquía en la organización «y desde luego no era el número uno el presidente del Gobierno, como con notable desahogo atribuye ese papel Víctor de Aldama».
Probados los enchufes
Sobre el patrimonio de Ábalos, resaltó que en una conversación Koldo le pregunta cómo pudo gastar más de 400.000 euros en dos años. «De dónde saca pa tanto como destaca», ironizó. Y, respecto a si fue Aldama quien corrompió a Ábalos o al contrario, restó importancia porque «probablemente fuera tanta la insistencia como poca la resistencia».
Luzón vio probados también los enchufes de la expareja de Ábalos, Jésica Rodríguez, y de su amiga Claudia Montes, y expresó su «desolación» porque las empresas públicas estén «casi parasitadas» por el «poder político». Respecto al rescate de Air Europa, destacó que Ábalos recibió en agradecimiento a sus gestiones el disfrute de un chalé en Cádiz.
La acusación popular que lidera el PP pidió penas de 30 años de prisión para Ábalos y Koldo y de cinco años para Aldama, al aplicarle la atenuante muy cualificada de confesión. El abogado Alberto Durán afirmó que los acusados «se lucraban con la enfermedad mientras los ciudadanos morían por millares cada día». Dio por hecho que Aldama entregó dos millones de euros a Ábalos y 500.000 a Koldo García. Y aseguró que la intimidad del exministro «la reventó» el letrado de Ábalos «cuando preguntó si Jésica Rodríguez era prostituta».
Ábalos: Firmaba pero no decidía
El defensor de Ábalos, Marino Muriel, sostuvo que el exministro firmaba las órdenes de compra de mascarillas, pero quienes contrataban y decidían todo eran Puertos del Estado y ADIF. Justificó el cambio de cuatro a ocho millones en la compra de mascarillas como una decisión política del exministro, amparada por la normativa de emergencia. Y criticó la «desmesura» de las penas solicitadas, «que superan las de una violación o un asesinato».
Aldama: La trama ya existía
El abogado de Aldama, José Antonio Choclán, agradeció al fiscal que deje «la puerta abierta» a rebajar las penas para su defendido y defendió que Aldama «se integra en una organización que ya viene funcionando desde el año 2015» y «entabla relación con altos funcionarios del Estado que ya estaban corrompidos. No los corrompe». Aseguró que Aldama pagaba el piso de Jésica «por su propio interés, no por el del ministro». E insistió en que la colaboración de su defendido con la justicia y su autoinculpación merecen un «premio». «Si es hacerse el haraquiri, ¿qué sentido tiene colaborar?», se preguntó.
Koldo: «le pasa todo de refilón»
La abogada de Koldo, Leticia de la Hoz, pidió su puesta en libertad y sostuvo que Aldama tiene una «organización criminal» consigo mismo. «A mi cliente le pasa todo de refilón», afirmó, indicando que «como muchísimo» era «un cooperador necesario». Desacreditó el testimonio de Aldama diciendo que su relato «se ha adaptado al de la UCO» y que a Koldo y Ábalos «les tendríamos que estar agradecidos» por comprar las primeras mascarillas que llegaron a España.
En el turno final de palabra, Koldo dijo que lo único que ha hecho es «intentar ayudar a todo el mundo». Y que lo del millón en «chistorras» era un «farol» en un mitin delante de Aldama y otros empresarios. «Tan malo, tan malo, tan malo no he sido», concluyó. Ábalos sostuvo que toda esta causa «estaba predeterminada»; que la presión mediática «ha estado orquestada, financiada y guiada»; que todo lo que le reprochan son «dos contratos temporales» de dos señoritas y que conoce «las gestiones de otros ministros, actuales y pasados». Aldama no utilizó su turno.
El presidente del tribunal preguntó a las partes que se pronunciaran sobre la petición de libertad que pidió Koldo García. El fiscal se opuso al entender que el riesgo de fuga es ahora mayor que antes por lo próximo del fallo judicial. Lo mismo sostuvo la acusación popular. Tras ello, Martínez Arrieta declaró el juicio visto para sentencia.