Los artistas blindan sus voces ante las crecientes posibilidades de la clonación por IA

Paulino Vilasoa Boo
P. VILASOA REDACCIÓN / LA VOZ

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Taylor Swift, en un discurso al recoger un premio en marzo
Taylor Swift, en un discurso al recoger un premio en marzo Mario Anzuoni | REUTERS

Taylor Swift y Matthew McConaughey son pioneros en el registro de algunas de sus frases icónicas como marca, ante la falta de protección legal

11 may 2026 . Actualizado a las 08:45 h.

Nuestra voz, con su inconfundible timbre, su tono, su cadencia, su dicción, es algo nos identifica como personas. Un aspecto único. Aunque ya no tanto. Porque la mejora de las tecnologías de inteligencia artificial ha facilitado que la síntesis y réplica de voces preexistentes sea cada vez más sencilla, barata y accesible. Pero por muy positiva que suene, esta democratización también ha llevado a la alarmante proliferación de deepfakes que suplantan la identidad vocal de muchas celebridades.

En Europa, en donde se considera un dato personal y biométrico, el marco legal protege expresamente las voces, al prohibir su tratamiento o uso, salvo consentimiento explícito, para entrenar a la IA o crear clones. En Estados Unidos, en cambio, todo esto es otro cantar. Ante la ausencia de una legislación federal específica y la fragmentación entre estados, algunas estrellas han optado por estrategias creativas para protegerse.

El «truco» consiste en registrar ciertas frases características con su propia voz como si fueran marcas comerciales. Así lo ha hecho recientemente Taylor Swift, que ha enviado a la Oficina de Marcas y Patentes de Estados Unidos dos muestras de audio: «Hey, it’s Taylor Swift» y «Hey, it’s Taylor», que se corresponden con introducciones muy habituales que usa para dirigirse a sus fans.

«Como la voz no se puede registrar como propiedad intelectual, bajo los derechos de autor (copyright), han encontrado un vacío legal que les permite combinar el derecho de marca (trademark) con el derecho de publicidad (right of publicity) para proteger este elemento», explica Josep Curto, profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC).

De este modo, la estrategia preventiva de la artista estadounidense intenta blindar su característica voz frente a los deepfakes y le permitiría actuar legalmente no solo contra las copias exactas de esos clips, sino también contra los que sean «confusamente similares», una protección típica incluida en la legislación sobre las marcas registradas.

Estas acciones individuales no implican necesariamente que los artistas estén en contra del uso de sus voces en herramientas de inteligencia artificial. Un caso paradigmático es el del pionero en esta vía, el actor Matthew McConaughey. El actor se convirtió, el pasado enero, en el primero en hacerlo, cuando registró su frase «Alright, alright, alright», que pronunciaba en la película de Richard Linklater Dazed and Confused (1993). Con ello, pretendía anticiparse a cualquier uso ilegítimo en su uso.

Pero, al mismo tiempo, el protagonista de Interestellar es colaborador habitual, y más recientemente también inversor, de ElevenLabs, una empresa de audios por IA especializada en producir réplicas virtuales de voces famosas, que se pueden utilizar legalmente para emplearlas en contenidos generados por IA. Nombres de la talla de Michael Caine, Judy Garland, James Dean o John Wayne han incluido sus características voces en esta herramienta. Y también, por supuesto, el propio McConaughey. «Él sigue las dos estrategias: protege su voz al registrarla como marca, pero también se lucra con ella a través de estos proyectos —señala Curto—. No se opone a la inteligencia artificial, sino al uso de su voz por parte de la IA sin su consentimiento o para suplantarlo».

Para el experto, el objetivo es claro: conseguir que el uso de las voces, ya sea con o sin IA, «respete a las personas». Algo que contrasta con el uso indiscriminado que se ha hecho hasta ahora algunas de estas empresas en sus herramientas. «Estamos en un escenario en el que se han saltado a la torera el marco legal, porque, si las personas no hacen nada por proteger sus voces, estas empresas interpretan el silencio como una carta blanca para usarlas», advierte.

Aunque innovadora, esta solución que han encontrado algunos artistas para sortear el vacío legal tiene limitaciones evidentes. «Desafortunadamente, no todos tienen los recursos económicos para hacerlo», lamenta el experto.