Las partículas finas son el agente más letal, con 79.000 fallecidos, según recoge un estudio en el que también se revela que los hombres jóvenes y las mujeres mayores de 85 son la población más vulnerable
13 may 2026 . Actualizado a las 16:58 h.El efecto combinado de la contaminación atmosférica a corto plazo provoca en Europa unas 146.500 muertes prematuras al año, según un estudio liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y el Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS). La investigación, publicada en Nature Health, analiza el impacto de diversos contaminantes en 653 regiones de 31 países y destaca que las partículas finas (PM2.5) son el agente más letal, ya que se asocian a unas 79.000 muertes evitables. A continuación de sitúa el dióxido de nitrógeno (NO2), vinculado a 69.000 fallecimientos; el ozono troposférico (O3), con 31.000), y las partículas PM2.5-10, con 29.000. Estas cifras no pueden sumarse directamente, ya que los contaminantes suelen presentarse de manera simultánea, por lo que sus efectos se solapan. Como explica el primer autor del estudio, Zhao-Yue Chen, la utilización de una base de datos que cubre a más de 530 millones de personas «permite un análisis más preciso de cómo la exposición a corto plazo afecta de manera diferente a las personas según la edad, el sexo y la causa de muerte».
Uno de los hallazgos más significativos es que la vulnerabilidad varía según el perfil demográfico. Mientras que los hombres jóvenes presentan un mayor riesgo que las mujeres de su edad —posiblemente por una mayor exposición laboral o al tráfico—, el patrón se invierte en la vejez, etapa en la que las mujeres mayores de 85 años son las más afectadas. Para causas específicas de muerte, las partículas se asociaron más fuertemente con riesgos cardiovasculares en mujeres, mientras que el O3 tuvo un mayor impacto en hombres. Estos hallazgos subrayan la necesidad de medidas de protección adaptadas, en lugar de enfoques generalizados.
Joan Ballester, coordinador de la investigación, subraya que estos resultados «respaldan el uso de modelos epidemiológicos ajustados por sexo, edad y comorbilidades para crear una nueva generación de sistemas de alerta temprana basados en el impacto» que permitan proteger de forma específica a los grupos de riesgo.
El estudio analizó cerca de 89 millones de muertes registradas entre el 2003 y el 2019 en 653 regiones europeas
Por su parte, Carlos Pérez García-Pando, del BSC-CNS, incide en la complejidad técnica del trabajo, que ha requerido ajustar los niveles de contaminantes «dando mayor peso a las áreas donde vive más población» mediante el cruce de datos de satélites y estaciones de monitorización. Esta visión combinada de contaminantes como el dióxido de nitrógeno y el ozono, más allá de las partículas finas, ofrece una perspectiva más realista de los riesgos ambientales en el continente.
Aunque la carga global sobre la salud está dominada por la exposición a largo plazo, la contaminación del aire a corto plazo puede desencadenar respuestas fisiológicas agudas, como inflamación sistémica, desequilibrio autonómico y aumento de la coagulación sanguínea, que elevan el riesgo de mortalidad en los días siguientes.
Estudios recientes han demostrado que los niveles diarios de contaminación están vinculados a aumentos diarios a corto plazo de la mortalidad, pero persisten limitaciones importantes. La mayoría de las investigaciones se centran solo en las ciudades, pasando por alto las zonas periurbanas y rurales, y a menudo no tienen en cuenta las diferencias regionales en la vulnerabilidad (como la edad, la salud de base, el nivel socioeconómico o el entorno) ni la toxicidad de la contaminación del aire. Además, los contaminantes suelen analizarse por separado, lo que dificulta comprender sus efectos combinados.
Las partículas PM2.5, de menor tamaño, son el contaminante más perjudicial porque penetran profundamente en los pulmones y pueden entrar en el torrente sanguíneo, causando inflamación y otros efectos rápidos en el organismo. En cambio, las PM2.5-10 afectan principalmente a las vías respiratorias superiores debido a su mayor tamaño, y gases como el NO2 y el O3 irritan los pulmones y aumentan la vulnerabilidad a enfermedades respiratorias.
La mayoría de los estudios anteriores de gran escala se centraron únicamente en las partículas finas (PM2.5) al estimar la carga de salud a corto plazo de la contaminación del aire, dejando en gran medida desconocido el impacto de otros contaminantes en Europa. Este nuevo estudio considera varios contaminantes de forma conjunta, proporcionando una visión más completa y realista de los riesgos para la salud. También sugiere que estimaciones globales previas basadas únicamente en PM2.5 pueden haber sobreestimado ligeramente la carga en Europa, posiblemente reflejando sesgos derivados de evidencia procedente de otras regiones.
La comunidad científica ha recibido el estudio como una referencia fundamental. Isidro A. Pérez, catedrático de la Universidad de Valladolid, considera en una reacción recogida por SMC España que los resultados son «una fotografía de este tema con la información y conocimientos actuales» y destaca su utilidad para los organismos reguladores.
No obstante, el experto matiza que el análisis presenta limitaciones, como el hecho de que la densidad de puntos de medida no es uniforme en todo el territorio o que los datos administrativos «pueden ser engañosos cuando zonas extensas tienen poca población». Pese a ello, concluye que el estudio es un «firme punto de partida» para orientar las políticas públicas hacia la disminución de la mortalidad vinculada a la calidad del aire.